
El escenario que ha provocado el despido por semejante motivo, NOTIFICAR, choca frontalmente con todo lo que significa cultura justa de la seguridad evidentemente. Pero COPAC, en un tono pocas veces empleado por la Institución de forma tan contundente, no para ahí, y además le solicita a AESA que active los mecanismos necesarios para que ningún operador tome represalías contra los profesionales por el hecho de reportar cuestiones que afecten a la seguridad operacional.
En este sentido hay una importante reflexión que hacer. Si no está garantizada la no punitividad por el reporte, no está garantizada la mitigación de las amenazas a la seguridad aérea que se pudieran notificar y mitigar como consecuencia de dichos reportes, y por lo tanto, la seguridad aérea deja de estar garantizada. En este caso, si esto se comprueba, si se tiene constancia de que existe miedo a notificar, por ejemplo constatando que la ratio de notificaciones podría verse afectada por una flagrante represalía en el caso de la piloto despedida, el Sistema, es decir AESA, como máxima responsable de la seguridad aérea de las operaciones tendría de oficio que intervenir, y llegado el caso extremo, paralizar dichas operaciones hasta que la notificación de sucesos en el operador, este libre de sospechas de punitividad, miedo o se compruebe que la notificación se realiza de forma libre de elementos que la interfieran.
La carta enviada a las dos máximas responsables de AESA dice así:










