LandSpace aterriza el Zhuque-3 y rompe el monopolio de la reutilización

La empresa privada china LandSpace ha recuperado en tierra la primera etapa de su cohete Zhuque-3, un hito que la convierte en la primera compañía comercial del país en aterrizar un propulsor de clase orbital.

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Aviación Digital, Sp.- El 19 de agosto de 2026, en un desierto del noroeste de China, un cohete de acero inoxidable descendió sobre sus patas y demostró que la reutilización orbital ha dejado de ser terreno exclusivo de Estados Unidos.

Un aterrizaje en el desierto de Gansu

La compañía LandSpace (Beijing Landspace Technology) completó el pasado 19 de agosto de 2026 la recuperación en tierra de la primera etapa de su lanzador Zhuque-3 (ZQ-3), en el complejo de aterrizaje situado en el condado de Minqin, provincia de Gansu, en el noroeste de China. Según la información difundida por la empresa y recogida por medios especializados, el propulsor completó el ascenso, la separación y un descenso controlado hasta posarse sobre sus patas de aterrizaje, cerrando con éxito el perfil de la misión.

Con esta maniobra, LandSpace se convierte en la primera empresa comercial china en recuperar un propulsor de clase orbital, un club hasta ahora integrado por SpaceX y Blue Origin. El resultado tiene una lectura estratégica evidente: la reutilización, que es la palanca principal para abaratar el acceso al espacio, empieza a extenderse fuera del ecosistema estadounidense.

Acero inoxidable y motores de metano

El Zhuque-3 es un cohete de dos etapas construido en acero inoxidable, con una altura del orden de 66 metros (unos 217 pies), y propulsado por motores alimentados con metano y oxígeno líquido (la denominada combinación metalox). Esa arquitectura, tanques de acero y propulsantes criogénicos de metano, guarda un evidente paralelismo conceptual con el enfoque adoptado por SpaceX en su vehículo Starship, así como con la tendencia dominante en la nueva generación de lanzadores reutilizables.

El metano ofrece ventajas prácticas para la reutilización: una combustión más limpia que el queroseno, menor formación de residuos en las cámaras y turbobombas y una operativa de reacondicionamiento entre vuelos potencialmente más sencilla. Son precisamente esos factores los que sostienen la promesa de reducir el coste por lanzamiento cuando la etapa se recupera y se vuelve a volar.

Impacto para el sector espacial chino

El hito llega en un momento de fuerte competencia dentro del incipiente sector comercial espacial chino, donde varias empresas privadas trabajan en lanzadores parcialmente reutilizables para dar servicio a las grandes constelaciones de satélites que China planea desplegar en órbita baja terrestre (LEO, por sus siglas en inglés). Disponer de una primera etapa recuperable es un requisito casi imprescindible para sostener las cadencias de lanzamiento y los costes que exige ese despliegue masivo.

Conviene no obstante situar el logro en su justa medida. Recuperar la etapa en un vuelo de prueba es un paso decisivo, pero la validación plena de la reutilización requiere demostrar que ese mismo propulsor puede reacondicionarse y volar de nuevo de forma fiable y repetida, algo que la compañía deberá acreditar en las próximas misiones. Hasta que eso ocurra, el resultado debe leerse como una demostración tecnológica exitosa más que como una capacidad operativa consolidada.

Aun con esa cautela, el aterrizaje del Zhuque-3 marca un punto de inflexión: por primera vez, una compañía comercial ajena a Estados Unidos ejecuta con éxito la parte más visible y exigente de la reutilización de un cohete orbital. La distancia tecnológica con los líderes del sector se estrecha, y el mapa global del acceso al espacio se vuelve algo más competitivo.

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