España necesitaría hasta 13.000 TMA para sostener el crecimiento aeroespacial

La expansión del tráfico aéreo, la digitalización y la competencia salarial europea tensionan un mercado que parte de 5.288 licencias Parte-66 registradas por AESA en 2025.

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Aviación Digital, Sp.- La industria española afronta una paradoja cada vez más visible: la actividad aeronáutica mantiene un elevado volumen de negocio y tráfico, pero la disponibilidad de personal habilitado amenaza con convertirse en un cuello de botella para mantenimiento, producción e ingeniería. Un informe de Synergie estima que España podría necesitar entre 8.000 y 13.000 nuevos técnicos de mantenimiento aeronáutico durante la próxima década.

Una industria en expansión con una cantera técnica limitada

La presión sobre el empleo llega en un momento de fuerte actividad industrial. El conjunto de las industrias de Defensa, Seguridad, Aeronáutica y Espacio representadas por TEDAE facturó 16.153 millones de euros en 2024, un 16,2% más que un año antes, según el estudio elaborado por PwC para la asociación.

Ese perímetro industrial aportó 21.919 millones de euros al producto interior bruto (PIB), equivalentes al 1,4% del PIB español, y sostuvo 260.050 empleos directos, indirectos e inducidos. Las cifras están respaldadas por TEDAE y corresponden al ejercicio 2024, aunque conviene precisar el alcance del dato: los 16.153 millones no corresponden exclusivamente a la aeronáutica civil o al sector aeroespacial en sentido estricto, sino al agregado consolidado de Defensa, Seguridad, Aeronáutica y Espacio utilizado por TEDAE. La industria aeronáutica registró por sí sola una facturación de 11.370 millones de euros en 2024 y sostuvo un impacto total de 176.090 empleos, de los que 49.842 fueron directos.

En este contexto, el informe de Synergie España sitúa la falta de profesionales cualificados entre los principales retos para mantener el ritmo de crecimiento. La compañía estima que durante los próximos diez años será necesario incorporar entre 8.000 y 13.000 técnicos de mantenimiento aeronáutico (TMA). La metodología detallada utilizada para construir esa horquilla no figura en la nota de prensa facilitada y queda pendiente de revisión del informe completo.

Las 5.288 licencias Parte-66 son una referencia de 2025

La disponibilidad de personal certificador constituye uno de los puntos más sensibles. La nota de Synergie compara las necesidades futuras con 5.288 licencias activas bajo la normativa europea Parte-66.

La Parte-66 de la Agencia de la Unión Europea para la Seguridad Aérea (EASA) regula las licencias del personal certificador de mantenimiento. Entre las categorías especialmente demandadas se encuentran las B1, asociadas principalmente a estructura, planta de potencia y sistemas mecánicos y eléctricos, y las B2, centradas en sistemas eléctricos y de aviónica.

Para las organizaciones de mantenimiento, reparación y revisión —MRO, por sus siglas en inglés de Maintenance, Repair and Overhaul— el problema no consiste únicamente en contratar mecánicos. Las posiciones que requieren capacidad de certificación exigen formación, experiencia, licencias y, cuando corresponda, habilitaciones de tipo. Esa combinación alarga el tiempo necesario para transformar un candidato en personal plenamente productivo y certificador.

“El principal reto del sector ya no es únicamente generar puestos de trabajo, sino encontrar profesionales”, señala en la documentación facilitada María Luaces, directora de Synergie Aero y Head of Talent Solutions de Synergie España.

El tráfico aéreo añade presión sobre mantenimiento y flota

La necesidad de capacidad técnica coincide con niveles elevados de actividad aérea. España contabilizó 1,76 millones de vuelos comerciales en 2024, el mayor volumen entre los países de la Unión Europea ese año, según datos de Eurostat difundidos en enero de 2025.

Los datos de EUROCONTROL reflejan igualmente la intensidad de la operación española: el país promedió 4.984 vuelos diarios en 2024, un 8% más que en 2023.

Para el mercado laboral, una mayor utilización de flota puede elevar las necesidades de mantenimiento de línea y base, planificación, ingeniería, materiales y soporte técnico. No implica por sí sola una relación directa de un técnico adicional por cada incremento de tráfico, pero sí amplía la presión sobre la capacidad disponible de las organizaciones MRO y de las compañías aéreas.

Synergie identifica entre los perfiles con mayor demanda a los TMA con licencias B1 y B2, especialistas en estructuras y materiales compuestos, montadores, soldadores certificados, ingenieros de aviónica y profesionales de calidad.

Inteligencia artificial: el 81% incluye uso actual y planes futuros

La escasez no se limita a los perfiles tradicionales. La digitalización está creando demanda adicional en análisis de datos, ciberseguridad, mantenimiento predictivo y gestión de flotas.

La documentación de Synergie recoge una encuesta de Deloitte según la cual el 81% de los participantes del sector aeroespacial y de defensa ya utiliza o planea utilizar inteligencia artificial y aprendizaje automático —IA y ML, por sus siglas en inglés—.

La precisión es relevante: el porcentaje no significa que el 81% de las empresas ya tenga implantada la IA, sino que la encuesta agrupa organizaciones que la utilizan actualmente y aquellas que prevén hacerlo. El avance de estas tecnologías amplía, en cualquier caso, la competencia por perfiles híbridos capaces de combinar conocimientos aeronáuticos con software, datos, ciberseguridad o automatización.

Los salarios europeos complican la retención

La competencia por ese talento también tiene una dimensión retributiva. Según las estimaciones recogidas por Synergie, un TMA con licencia EASA B1/B2 puede alcanzar en España una remuneración media de 48.000 euros brutos anuales.

El informe sitúa, además, la remuneración de entrada de un ingeniero aeroespacial en España entre 22.000 y 32.000 euros brutos anuales, frente a 35.000-48.000 euros en Francia y 40.000-55.000 euros en Alemania. En perfiles sénior, Synergie señala máximos de referencia de 75.000 euros en España, 90.000 euros en Alemania y 136.000 euros en Estados Unidos.

La consecuencia para las empresas españolas es que la estrategia de retención difícilmente puede reducirse al salario. Formación recurrente, financiación de habilitaciones, itinerarios de carrera, mentorización y condiciones de trabajo aparecen en el informe como herramientas para reducir la rotación en posiciones donde la experiencia técnica requiere años de desarrollo.

FP Dual y talento femenino para ampliar la base de profesionales

La segunda palanca es aumentar la cantera. Synergie reclama potenciar la Formación Profesional (FP) Dual, agilizar los procesos de cualificación y atraer más mujeres hacia las ramas técnicas.

La nota sitúa la presencia femenina en el 23% del empleo directo del sector en España, citando datos de TEDAE, y señala porcentajes todavía menores en determinadas etapas formativas: alrededor del 10% del alumnado de FP en ramas técnicas y un 25% en estudios de ingeniería aeroespacial.

Desde una perspectiva industrial, ampliar el acceso a formación técnica resulta especialmente relevante porque el déficit previsto no puede cubrirse únicamente mediante movilidad de profesionales ya licenciados. La capacidad futura dependerá también de cuántos alumnos completen formación, experiencia práctica y los requisitos regulatorios necesarios para asumir funciones certificadoras.

Impacto para operadores, MRO y cadena de suministro

Si la horquilla de entre 8.000 y 13.000 incorporaciones planteada por Synergie se confirma, el desafío excederá los departamentos de recursos humanos. Operadores, talleres Parte-145, fabricantes y proveedores deberán coordinar contratación con formación, experiencia práctica y desarrollo de habilitaciones.

Para una organización MRO, disponer de plantilla suficiente no es equivalente a disponer de personal certificador suficiente. El marco de EASA diferencia categorías, privilegios y habilitaciones, por lo que la capacidad real depende tanto del número de trabajadores como de las autorizaciones que estos puedan ejercer.

La cuestión central para la próxima década será, por tanto, si el ritmo de formación y acreditación puede acompasar el crecimiento previsto de la actividad sin trasladar la escasez de especialistas a la capacidad productiva y de mantenimiento.

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