India revela 65 paradas de motor y varias llamadas Mayday: ¿qué falla en cuanto a la aviación?

Lo que revela el informe reciente de la DGCA y por qué esto no es sólo un asunto local, sino una llamada de atención global

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Claudia C./ Aviación Digital, Sp.- Recientemente, datos oficiales de la Directorate General of Civil Aviation (DGCA), obtenidos mediante una petición de información pública (RTI), han puesto sobre la mesa cifras que resultan preocupantes para cualquier mercado emergente en aviación. India ha registrado 65 casos de paradas de motor en vuelo desde 2020, además de 11 llamadas Mayday en los últimos 17 meses.

Las paradas ocurrieron tanto durante el despegue como en fases de vuelo más avanzadas. Aunque en todos los incidentes los aviones lograron aterrizar utilizando los motores restantes, los especialistas advierten que la frecuencia de estas fallas técnicas comienza a superar los márgenes que se consideraban seguros.

Uno de los casos más estudiados recientemente es el del vuelo Air India AI-171, que se estrelló en Ahmedabad el 12 de junio de 2025. Según informes preliminares del Aircraft Accident Investigation Bureau (AAIB), los conmutadores (switches) que controlan el suministro de combustible hacia ambos motores pasaron a la posición de “cut-off” (corte) poco después del despegue. Solo segundos después, los mismos switches fueron regresados a la posición “run”, pero uno de los motores no logró recuperar el empuje necesario. La voz grabada en cabina revela confusión entre los pilotos, uno preguntando al otro “¿por qué lo cortaste?”, otro negando haberlo hecho.


Factores técnicos y regulatorios: dónde están los puntos débiles

Hay varios elementos técnicos que se han identificado como causas recurrentes de los fallos registrados en los últimos años. Uno de los principales tiene que ver con los conmutadores de corte de combustible (fuel control switches), que deberían estar protegidos por sistemas de bloqueo capaces de evitar movimientos accidentales. Sin embargo, su vulnerabilidad ha quedado en evidencia tras varios incidentes. Por ello, la DGCA ha emitido una directiva que obliga a todos los operadores que utilicen Boeing 787, ciertos modelos de Boeing 737 y otras aeronaves equipadas con este tipo de sistema, a realizar inspecciones exhaustivas antes de una fecha límite.

A este problema se suman otros de carácter más operativo, como filtros de combustible obstruidos, contaminación del suministro —por presencia de agua u otros sedimentos—, interrupciones en el flujo del combustible o incluso la entrada de objetos extraños en los motores durante las fases de rodaje o ascenso. Todos ellos son factores que, por separado o combinados, pueden provocar una pérdida repentina de potencia o el apagado completo del motor en pleno vuelo.

También se ha señalado la falta de vigilancia regulatoria como un elemento que agrava la situación. En algunos casos, las autoridades han tardado en aplicar las recomendaciones de seguridad emitidas por organismos internacionales. Un ejemplo es la alerta de la FAA en 2018, que instaba a reforzar los mecanismos de bloqueo de los switches de combustible. Dicha recomendación, sin embargo, no se consideró obligatoria, lo que permitió que algunos operadores la relegaran a un segundo plano hasta que los recientes incidentes la devolvieron al debate.

En el ámbito internacional, India ocupa actualmente el puesto 48 en el programa de supervisión de seguridad de la aviación de la OACI (ICAO). Aunque la posición no la sitúa entre los países con mayores deficiencias, sí refleja un amplio margen de mejora en materia de regulación, cumplimiento técnico y control de operaciones. Esta clasificación pone en evidencia la necesidad de fortalecer los procedimientos de inspección y los mecanismos de respuesta ante fallos críticos, especialmente en un país donde el tráfico aéreo crece a un ritmo vertiginoso.


Lecciones que trascienden fronteras: por qué esto importa más allá de India

La primera lección es sobre la importancia del mantenimiento preventivo riguroso. En mercados emergentes, donde la presión para mantener flotas operativas puede ser muy alta, el balance entre productividad y seguridad debe inclinarse hacia ésta última. Un requisito técnico menor ignorado puede desencadenar un evento crítico.

También habla de la diseñabilidad de los sistemas críticos: los switches de combustible, por ejemplo, aunque teóricamente protegidos contra falsos movimientos, deben ser comprobados regularmente, con simulaciones, formación de pilotos y dotación de redundancias. Lo que ocurre cuando un diseño no prevé suficientemente el factor humano o la degradación del equipo con uso continuo.

Además, hay una dimensión de certificación y supervisión externa. Las autoridades reguladoras locales toman decisiones basadas en estándares internacionales; adoptar recomendaciones de agencias como FAA, EASA u otras, muchas veces es voluntario hasta que ocurre una tragedia. Esto plantea la necesidad de regulaciones obligatorias, inspecciones frecuentes, auditorías independientes.

Para los fabricantes, estas incidencias quieren exigir mejoras: switches con mecanismos de bloqueo más robustos, mejores materiales para filtros de combustible, sistemas de detección temprana de contaminantes o bloqueos, alertas automatizadas en cabina, sistemas redundantes de suministro de combustible.

Y finalmente, para la política pública: los gobiernos deben asegurar que los recursos regulatorios, humanos y técnicos acompañen el crecimiento del tráfico aéreo. Aumentar flotas sin reforzar supervisión puede generar riesgos crecientes.


Balance necesario entre crecimiento aéreo y seguridad robusta

El crecimiento del tráfico aéreo en India y otros mercados emergentes es un éxito que no debe oscurecer sus desafíos. Si bien muchas paradas de motor y llamadas Mayday no han resultado en accidentes mayores, los incidentes recientes demuestran que confiar en que los pilotos “siempre podrán responder” no es una estrategia suficiente.

La DGCA ya ha iniciado acciones correctivas: inspecciones obligatorias, directivas a operadores, alertas sobre los puntos críticos detectados. Todo eso es positivo, pero requerirá constancia, transparencia y mejoras técnicas reales para evitar que una falla similar se repita.

Porque la aviación opera con poco margen de error. Cuando fallan los mecanismos de control, incluso una secuencia que parece trivial —un switch de combustible, una confusión en cabina— puede terminar en tragedia. Aprender de estos casos no es opción: es responsabilidad global en un espacio compartido.

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