Claudia C./ Aviación Digital, Sp.- Cuando una roca helada cruza nuestro sistema solar desde otro rincón de la galaxia, todos los ojos —y todos los telescopios— se vuelven hacia ella. Pero este viajero, el cometa 3I/ATLAS, ha ofrecido algo más inesperado: una oportunidad de observarlo desde Marte.
🚨 These are the alleged first Photographs of the Interstellar object 3I/ATLAS that were taken from Mars by the Perseverance Rover
— Shining Science (@ShiningScience) October 5, 2025
Does this look like a comet to you?
#3IATLAS pic.twitter.com/oWctMGKPQs
El pasado 3 de octubre, mientras se aproximaba al planeta rojo, múltiples sondas marcianas tenían la misión de apuntarlo. Y el rover Perseverance captó una franja luminosa que desató especulaciones sobre la forma del cometa. Esa imagen brevemente viral, con figura alargada, ha provocado debates científicos sobre su naturaleza y los límites de lo que puede verse desde otro mundo.
La rareza de un visitante interestelar
3I/ATLAS pertenece a un club extremadamente exclusivo: solo es el tercer objeto interestelar confirmado que ingresa a nuestro sistema solar, junto con ‘Oumuamua (2017) y 2I/Borisov (2019). A diferencia de muchos asteroides locales, 3I/ATLAS, muestra actividad característica de un cometa: liberación de gases y polvo conforme el Sol calienta su núcleo.
Su trayectoria es hiperbólica: no orbita el Sol, sino que está de paso, llegado de más allá del Sistema Solar para luego seguir su camino. Las estimaciones de su núcleo lo sitúan entre unos cientos de metros y varios kilómetros de diámetro, según imágenes tomadas por el telescopio Hubble.
Sus observaciones no dependen únicamente de telescopios terrestres. Misiones como James Webb, SPHEREx y otras están colaborando para descifrar su composición, actividad y estructura.
3I/ATLAS's coma proves another cometary formation theory https://t.co/vsu8xfyD3T
— Angelos Papadopoulos (@angelohrg) October 6, 2025
Miradas marcianas: ¿qué pudo captar Perseverance?
La cercanía del cometa a Marte —unos 30 millones de kilómetros, más cercano que a la Tierra— ofreció una ocasión única: observarlo desde otro planeta. Sondas como Mars Express y ExoMars TGO también fueron puestas en posición para apuntar hacia 3I/ATLAS.
La cámara NavCam del Perseverance captó una franja alargada, generando discusión sobre si el cometa tenía forma cilíndrica o si ese aspecto era artefacto de exposición prolongada o acumulación de múltiples imágenes. Uno de los argumentos científicos es que la acumulación de fotogramas durante varios minutos puede alargar la imagen aparente de un objeto que se mueve rápido. En una única exposición breve, su forma real habría sido mucho más compacta.

Qué nos pueden enseñar estos avistamientos extraordinarios
Observar un cometa interestelar no ya desde la Tierra (lo que ya es raro) sino desde otro planeta como Marte, tiene implicaciones profundas. Ofrece una línea de visión distinta, con ángulos y distancias no disponibles para los observatorios terrestres. Puede aportar datos de actividad cometaria (volátiles, tasas de sublimación) bajo condiciones solares distintas desde Marte.
Por otro lado, el enfoque conjunto de telescopios terrestres, satélites, misiones interplanetarias y rovers marca una sinergia nunca antes vista. Esa colaboración multipunto permite contrastar mediciones, comparar espectros, observar el cometa desde distintos puntos del sistema solar. El desafío mayor es que, aun estando relativamente “cerca” de Marte, el cometa será apenas un punto borroso en las imágenes marcianas, menos de un píxel.
Además, este tipo de observaciones refuerza nuestra capacidad de respuesta rápida: cuando surja el próximo objeto interestelar, las misiones ya desplegadas podrían captarlo desde múltiples posiciones, incrementando la información científica y reduciendo la dependencia exclusiva de telescopios distantes.
La NASA y la ESA están utilizando orbitadores marcianos para estudiar el comportamiento inusual de 3I/ATLAS https://t.co/bOy16nDZXk
— FayerWayer (@fayerwayer) October 6, 2025
Precauciones frente al sensacionalismo
En redes sociales rápidamente circularon teorías sensacionalistas: que el cometa era una “nave alienígena” disfrazada, o que sus maniobras ocultaban intenciones desconocidas. Pero la comunidad científica mayoritaria rechaza esas hipótesis, señalando que no hay evidencia creíble de manipulación artificial y que el comportamiento observable se alinea con cometas interestelares naturales.
…Mi 10o. com. es que 20 científicos confirman la posibilidad de que el supuesto cometa 31/ATLAS, descubierto el 1º de julio pasado, podría ser una nave alienígena camuflajeada, así como se creyó en su momento del Oumuamua. No estamos solos:https://t.co/pqIvySTvOt
— Adán Salgado Andrade (@santoadan) October 3, 2025
Cuando un fenómeno tan inusual aparece, siempre existe tentación de recurrir a explicaciones extraordinarias. Pero la prudencia exige primero descartar las explicaciones más simples: errores de imagen, distorsiones por exposición prolongada, ruido instrumental. Las hipótesis radicales deben apoyarse en datos contundentes y reproducibles.






