Aviación Digital, Sp.- La Dirección General de Tráfico (DGT) celebra en 2026 el 65 aniversario de su Servicio Aéreo, una unidad que desde 1961 patrulla las carreteras españolas desde el aire y que se ha convertido en uno de los servicios civiles de vigilancia del tráfico más relevantes de Europa. Con motivo de la efeméride, Aviación Digital ha entrevistado a Alejandro Suárez, responsable de la Unidad de Medios Aéreos (UMA), en la exposición conmemorativa instalada en la sede central de la DGT en Madrid.
Seis décadas y media al servicio de la seguridad vial
En 1961, cuando se creó el Servicio Aéreo de la DGT, el parque automovilístico español rondaba el millón de vehículos. Hoy, ese número ha escalado hasta los 40 millones de vehículos registrados en España, a los que se suma el tránsito estacional de ciudadanos del Magreb procedentes del norte de Europa durante la Operación Paso del Estrecho. La función del servicio, sin embargo, sigue siendo la misma que en sus orígenes: contribuir a que los conductores lleguen a su destino sanos y salvos.
«Nuestro objetivo principal es la seguridad, que el conductor llegue a su casa sano y salvo», explica Suárez. Un propósito que, según los datos aportados en la entrevista, ha tenido un impacto medible: en la década de los noventa, las víctimas mortales en carretera superaban las 5.500 al año; en la actualidad esa cifra se sitúa en torno a las 1.000, un descenso que el responsable de la UMA vincula, entre otros factores, a la labor de vigilancia aérea continuada.
Flota actual: once helicópteros Airbus y veinte drones
La UMA opera actualmente con 11 helicópteros de dos modelos, el Airbus H355 (AS355 Écureuil) y el H135 (EC135), ambos del mismo fabricante y configurados como biturbina. La adopción generalizada del biturbina no es arbitraria: responde a la normativa de la Agencia Estatal de Seguridad Aérea (AESA) que, en operaciones sobre núcleos urbanos, exige garantizar la continuidad del vuelo ante un fallo de motor, de forma que los terceros en tierra queden protegidos ante un posible accidente.
Además de los helicópteros, la unidad dispone de 20 drones que actúan como complemento de la patrulla aérea. Su empleo es principalmente estático: se despliegan sobre puntos negros de la red viaria, concentraciones de tráfico en grandes eventos, circuitos de velocidad, estadios deportivos, accesos a autovías o corredores donde se requiere análisis de flujo vehicular. Como ejemplo concreto, Suárez menciona un dispositivo en pruebas sobre la Nacional 2 para identificar puntos de congestión en hora punta.

Una capacidad reciente amplía aún más su utilidad operativa: los nuevos drones integran cinemómetro, lo que permite registrar velocidades de los vehículos sin necesidad de recurrir al helicóptero. El sistema Pegasus, incorporado en 2013 a los helicópteros y ampliado en 2017, había sido hasta ahora la referencia para la medición cinemométrica aérea.
Siete bases fijas y destacamentos insulares
La distribución territorial de la UMA se articula en torno a siete bases fijas, una por cada centro de gestión de tráfico con presencia en la Península: Cuatro Vientos (Madrid), el aeropuerto de Valladolid (Villanubla), la base aérea de Zaragoza, el aeropuerto de Valencia, el aeropuerto de Málaga, la zona militar del aeropuerto de Sevilla y la base aérea de Santiago de Compostela. En Baleares y Canarias, donde la DGT no dispone aún de base fija, se realizan destacamentos temporales.
La unidad suma en total unas 160 personas, entre personal funcionario, laboral, externos y miembros de la Agrupación de Tráfico de la Guardia Civil. Este último colectivo, del que dependen funcionalmente cerca de 65 agentes integrados en la UMA, aporta la capacidad de interceptación en tierra: cuando desde el helicóptero o el dron se detecta una infracción grave, se activa el indicativo interno «Cota», una patrulla terrestre que procede a la detención del vehículo.
El reto del relevo generacional y la externalización de pilotos
Uno de los desafíos estructurales que afronta la UMA es el envejecimiento de sus plantillas. Históricamente, pilotos y mecánicos eran funcionarios de carrera; con el tiempo, la escasez de perfiles técnicos obligó a externalizar primero el mantenimiento y la ingeniería, y desde 2025 también parte de la tripulación de vuelo mediante un contrato de servicios.
«Ante la disquisición de no podemos volar lo que queremos porque no tenemos personal, y nuestras plantillas están muy avejentadas, creamos este contrato de servicios externos desde el año pasado«, detalla Suárez. La formación de nuevos pilotos y mecánicos, sujeta a los plazos inherentes a la habilitación en la Parte 66 de la Agencia de Seguridad Aérea de la Unión Europea (EASA) o a la obtención de licencias de vuelo, impide respuestas inmediatas a las necesidades operativas.

En cuanto a las habilitaciones de vuelo instrumental (IFR), la flota no está equipada de forma homogénea: solo algunos helicópteros cuentan con certificación para operar en Condiciones Meteorológicas por Instrumentos (IMC), y no todos los pilotos poseen la habilitación correspondiente. Esta capacidad resulta especialmente relevante en operaciones nocturnas o de alta montaña, donde las condiciones atmosféricas pueden degradarse con rapidez.
La exposición conmemorativa y el legado histórico
Para celebrar el 65 aniversario, la DGT ha instalado una exposición permanente en su sede central de la calle Josefa Valcárcel (Madrid), accesible al público previa identificación en el control de entrada. A partir de septiembre u octubre, la muestra se trasladará al Museo del Aire, donde permanecerá en la sección de exposiciones temporales durante uno o dos meses adicionales, con entrada gratuita.
Se pueden ver imágenes del Bell 47G, el primer helicóptero que operó la unidad, reconocible por su característica carlinga de forma ovoide. También se exhibe el cinemómetro del sistema Pegasus y los primeros equipos de drones, que ilustran la evolución tecnológica desde los orígenes de la unidad hasta la actualidad.
Pocos visitantes saben que, en sus primeras décadas de existencia y antes de que las comunidades autónomas asumieran las competencias en sanidad y emergencias, el Servicio Aéreo de la DGT realizaba también rescates en montaña y transporte sanitario urgente. Hoy, aunque esa función está transferida, la unidad mantiene su integración en el Plan Nacional de Emergencias y actúa como primer alertador ante incidentes detectados desde el aire, como incendios forestales, que comunica de inmediato al 112.

Mirando al futuro: U-Space y vehículos autónomos
Suárez anticipa que la siguiente gran transformación del Servicio Aéreo vendrá de la mano del U-Space, el marco regulatorio europeo para la gestión del tráfico de drones en espacio aéreo de baja cota. La masificación de vehículos autónomos terrestres y la proliferación de aeronaves no tripuladas para reparto de mercancías y servicios de emergencia requerirán, en opinión del responsable de la UMA, que la DGT adapte sus capacidades de vigilancia a ese nuevo entorno.
«Los vehículos autónomos, el U-Space: es el futuro. Estamos ahí dentro, en los distintos grupos de trabajo«, afirma Suárez. La integración en esos foros técnicos y normativos busca garantizar que, cuando ese escenario sea operativo, la DGT disponga de las herramientas y los procedimientos necesarios para continuar ejerciendo su función de regulación y vigilancia, tanto en tierra como en el aire.
Con 65 años de historia, once helicópteros, veinte drones y un horizonte marcado por la automatización y el U-Space, el Servicio Aéreo de la DGT afronta su séptima década en plena transformación tecnológica, con el mismo objetivo con el que despegó en 1961: que nadie pierda la vida en las carreteras españolas.






