Aviación Digital, Sp.- El accidente se produjo el 6 de septiembre de 2026 y, según la actualización ofrecida por la agencia estadounidense el 7 de septiembre, un equipo de 32 investigadores permanecerá desplegado en el lugar durante al menos una semana para tratar de esclarecer las causas del suceso.
Una salida de pista con un desenlace trágico en tierra
El vuelo 7598 de 21 Air, operado en nombre de Amazon Air con un Boeing 767-33AER(BDSF) matriculado N1997A, procedía del Aeropuerto Internacional Luis Muñoz Marín de San Juan (Puerto Rico) y aterrizaba en la pista 30 del Aeropuerto Internacional de Miami cuando, según la información disponible hasta el momento, se salió del pavimento y recorrió varios cientos de metros más allá del final de la pista. En su trayectoria, el aparato impactó contra ayudas a la navegación, una valla perimetral y dos vehículos: una furgoneta Ford Econoline de una empresa de servicios de limpieza del aeropuerto, con siete ocupantes, y un turismo que circulaba por una vía cercana al recinto aeroportuario. El avión, con 32 años de antigüedad y convertido a configuración de carga en 2016, acabó envuelto en llamas.
Los dos tripulantes a bordo resultaron heridos pero sobrevivieron al accidente. Las cinco víctimas mortales confirmadas hasta el momento se encontraban en los vehículos alcanzados por el aparato, no a bordo del avión, según ha precisado el NTSB (Consejo Nacional de Seguridad en el Transporte, por sus siglas en inglés) en sus comparecencias posteriores al suceso. Distintos medios estadounidenses han cifrado en torno a cinco el número adicional de heridos, aunque las cifras definitivas de víctimas dependerán del balance final que establezcan las autoridades forenses de Florida.
NTSB investigators examine the wreckage field Monday after a Boeing 767 cargo plane operating as 21 Air LLC Flight 7598 overran the end of Runway 30 while landing Sunday at Miami International Airport (MIA). pic.twitter.com/MV7vRu8kuC
— NTSB Newsroom (@NTSB_Newsroom) September 7, 2026
«Devastación total», según la presidenta del NTSB
La presidenta del NTSB, Jennifer Homendy, describió la escena del accidente como de «utter devastation» («devastación total», en su traducción literal), en referencia a la extensión de los daños estructurales y los restos dispersos por varias áreas próximas a la cabecera de pista. La agencia ha confirmado la recuperación tanto de la caja negra de datos de vuelo (FDR, por sus siglas en inglés) como del registrador de voces de cabina (CVR), dos elementos clave que permitirán reconstruir los últimos minutos de la aproximación y determinar si factores como las condiciones meteorológicas, la configuración del avión o un posible fallo técnico influyeron en la salida de pista.
La Administración Federal de Aviación (FAA) de Estados Unidos, por su parte, ha colaborado en las tareas iniciales de respuesta y ha mantenido informado al organismo investigador sobre el estado de las instalaciones aeroportuarias afectadas, sin que hasta el momento se haya determinado ninguna causa probable, tal y como es habitual en las fases iniciales de este tipo de investigaciones.
Un veterano del transporte de carga bajo la lupa
El avión siniestrado fue fabricado en 1994 y entregado originalmente a la desaparecida aerolínea belga Sobelair antes de ser reconvertido a carguero en 2016, un perfil habitual entre la flota de aeronaves de segunda mano que operan buena parte del tráfico de carga aérea nocturna en Estados Unidos bajo contratos de subcontratación con grandes integradores logísticos como Amazon. El suceso ha reabierto el debate sobre la edad media de la flota cargo que opera bajo marca de terceros y sobre los estándares de mantenimiento exigidos a este tipo de operadores, aunque cualquier conclusión al respecto deberá esperar al informe preliminar que el NTSB suele publicar varias semanas después del accidente.






