Boeing tendrá que esperar algo más para completar la certificación del 737 MAX 10. La mayor variante de la familia MAX afronta un nuevo retraso después de que la Administración Federal de Aviación de Estados Unidos (FAA) haya decidido analizar con mayor profundidad un problema relacionado con el software del avión antes de conceder su aprobación definitiva.
El fabricante estadounidense confiaba en obtener la certificación durante septiembre. De hecho, su consejera delegada, Kelly Ortberg, había trasladado recientemente a los inversores que la autorización estaba próxima. Sin embargo, la aparición de nuevas dudas técnicas ha vuelto a modificar el calendario.
La FAA quiere descartar cualquier riesgo para la seguridad
El administrador de la FAA, Bryan Bedford, confirmó que el organismo necesita completar sus comprobaciones antes de permitir que el Boeing 737 MAX 10 entre en servicio comercial. Por el momento, los técnicos deben determinar si la anomalía detectada puede tener implicaciones más amplias para la seguridad operacional.
La agencia estadounidense mantiene así su criterio de no establecer una fecha cerrada para finalizar el proceso. La certificación llegará únicamente cuando considere que las modificaciones realizadas por Boeing solucionan satisfactoriamente el problema.
Tras conocerse las declaraciones de Bedford, las acciones de Boeing llegaron a caer alrededor de un 7%, reflejando la preocupación de los inversores por un programa que acumula varios años de retrasos.
El problema afecta al sistema de navegación vertical
La nueva dificultad está relacionada con el software empleado por determinados 737 MAX y, concretamente, con el funcionamiento del sistema de navegación vertical en determinadas fases del vuelo.
El comportamiento anómalo puede aparecer durante una aproximación frustrada, una maniobra habitual cuando una aeronave no puede completar el aterrizaje previsto y debe volver a ganar altura.
Aunque los pilotos pueden controlar el avión sin depender de esta función, uno de los aspectos que estudia la FAA es la posible carga de trabajo adicional que podría generar para la tripulación.
El problema estaría limitado a la versión U.14 del software. Boeing conocía desde hace aproximadamente dos años determinadas incidencias relacionadas con este sistema y había aplicado correcciones anteriormente.
La nueva anomalía, sin embargo, obliga a revisar otra vez la solución implantada.
Bedford explicó que las compañías que operan aeronaves equipadas con la versión más reciente deberán regresar temporalmente a una versión anterior mientras se desarrolla y valida una corrección definitiva. Boeing está trabajando también con Southwest Airlines y United Airlines para resolver las dudas pendientes.
Un programa que acumula años de retrasos
El nuevo contratiempo llega en un momento especialmente sensible. El 737 MAX 10 es la variante de mayor capacidad de esta familia y su entrada en servicio lleva años desplazándose respecto a los planes originales.
Boeing esperaba realizar las primeras entregas en 2020. Aquella planificación quedó alterada por la crisis que afectó al programa 737 MAX después de los accidentes del vuelo 610 de Lion Air, ocurrido en octubre de 2018, y del vuelo 302 de Ethiopian Airlines, registrado en marzo de 2019.
En ambos siniestros murieron todas las personas que viajaban a bordo, un total de 346 víctimas entre los dos accidentes. Las investigaciones pusieron el foco, entre otros elementos, en el sistema de control de vuelo MCAS.
Como consecuencia, los 737 MAX permanecieron inmovilizados mundialmente durante cerca de 20 meses mientras se introducían cambios técnicos, de software y de formación.
Desde entonces, Boeing ha tratado de recuperar la normalidad del programa bajo una vigilancia regulatoria considerablemente mayor.
El MAX 10 es clave para la cartera comercial de Boeing
La certificación resulta especialmente importante por el volumen de pedidos acumulado. El MAX 10 está diseñado para competir en el segmento superior de los aviones de pasillo único y puede transportar hasta 230 pasajeros, dependiendo de la configuración elegida por cada operador.
Entre las aerolíneas que han apostado por esta versión figuran United Airlines, Delta Air Lines, Alaska Airlines, WestJet, Pegasus Airlines y Ryanair. Varias de estas compañías tienen importantes cantidades comprometidas, por lo que cualquier aplazamiento puede obligarlas a reajustar sus planes de flota y capacidad.
El MAX 10 es además la última gran variante de la familia que Boeing necesita incorporar plenamente al mercado. La compañía afronta simultáneamente otros programas con calendarios exigentes, entre ellos el 777X.
La prioridad inmediata será ahora completar las modificaciones del software, demostrar ante los reguladores que funcionan correctamente y superar las verificaciones pendientes. Hasta entonces, la FAA mantiene abierta la certificación y evita comprometer una nueva fecha para la autorización definitiva del avión.






