Los cuatro astronautas españoles se reúnen por primera vez en El Escorial

Duque, López-Alegría, Sara García y Pablo Álvarez comparten vocación, entrenamiento y el debate sobre la autonomía espacial europea en los cursos de verano de la UCM.

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Aviación Digital, Sp.- Por primera vez, los cuatro astronautas españoles coincidieron en un mismo escenario durante el curso «Un país aeroespacial» de la Universidad Complutense. Entre confidencias sobre el miedo al fracaso y una defensa cerrada del acceso europeo al espacio tripulado, el coloquio dejó un mensaje para las nuevas generaciones: el talento existe, falta contarlo mejor.

Un encuentro sin precedentes en San Lorenzo de El Escorial

Nunca antes los cuatro astronautas españoles habían compartido escenario. Ocurrió en San Lorenzo de El Escorial, dentro de los cursos de verano de la Universidad Complutense de Madrid (UCM), en el curso titulado «Un país aeroespacial», patrocinado por el Ministerio de Ciencia, Innovación y Universidades. El coloquio reunió a Pedro Duque, primer español en el espacio; a Michael López-Alegría, veterano de seis misiones; y a los dos integrantes de la promoción de reserva de la Agencia Espacial Europea (ESA) de 2022, Sara García Alonso y Pablo Álvarez, este último conectado por videollamada desde su etapa de entrenamiento.

La conversación estuvo moderada por Miguel Belló, excomisionado del PERTE (Proyecto Estratégico para la Recuperación y Transformación Económica) Aeroespacial y primer director de la recién creada Agencia Espacial Española (AEE). El foco no fueron las cifras orbitales, sino la vocación, el miedo y la responsabilidad pública que acompañan al oficio, un gran acierto por parte del moderador.

De ver la Luna a cumplir los requisitos: el origen de una vocación

El relato del origen reveló dos generaciones distintas. López-Alegría situó su chispa en el primer alunizaje, en 1969, cuando tenía once años: «Me sacaron del agua en la playa para escuchar el descenso del módulo lunar y vi cómo los adultos se abrazaban». Aquella fascinación reapareció años después, cuando ya era piloto de la Marina estadounidense e ingeniero, al descubrir que los pioneros procedían de la escuela de pilotos de pruebas.

Duque matizó el contraste generacional y nacional: mientras los niños estadounidenses crecían con el orgullo del «hemos llegado a la Luna», los españoles de su edad lo vivían como una gesta ajena. Para Sara García, en cambio, el motor fue la curiosidad por explorar, aunque nunca imaginó la profesión como algo «factible» hasta que la ESA abrió su convocatoria. Investigadora en oncología, comprobó que, pese a proceder de un sector ajeno, cumplía los requisitos. Álvarez describió un camino similar: la oferta de la ESA de 2020 reavivó un sueño que consideraba «imposible» mientras trabajaba en Airbus.

El día que todo cambió (aunque no lo supieran)

Ninguno fue consciente al instante de la magnitud del cambio. «Es un cero o un uno; el uno te cambia la vida», resumió López-Alegría. García admitió que su primera emoción fue la incredulidad tras superar a miles de candidatos. El testimonio más revelador fue el del secreto impuesto: los seleccionados de 2022 no pudieron contarlo a nadie durante casi doce días, hasta la presentación oficial en París. «Estaba escribiendo un documento en Airbus, me puse muy contento y no se lo dije a nadie», recordó Álvarez, que describió el momento del telón a punto de levantarse como un «punto de inflexión» vital.

El miedo real no es morir, es fallar al equipo

Preguntados por el temor, los veteranos coincidieron en un matiz clave. «No el miedo a morir, sino a cometer un fallo y dejar al equipo desilusionado», explicó López-Alegría, que recuperó la plegaria informal del jefe astronauta antes del lanzamiento. Duque subrayó el papel de la repetición: años de simulaciones para que, llegado el momento, «sepas dónde te metes». Ese antídoto —repetición y simulacros de emergencia, muchos en Houston— es el que hoy aplican García y Álvarez, junto a centrifugadoras, vuelos acrobáticos y entrenamientos de supervivencia.

Vivir fuera de la Tierra: convivencia, secuelas y efecto órbita

Sobre la estancia prolongada, López-Alegría, se paso siete meses en una de sus misiones, señaló que se echa de menos a la familia, pero que la convivencia funciona porque «la selección es muy exigente». Duque puntualizó que no es cuestión de ADN, sino de un proceso que elige a personas capaces de sostener seis meses de misión. Entre las secuelas, ambos mencionaron la pérdida de masa muscular, reversible, y alteraciones visuales aún en estudio: López-Alegría cifró en unas dos dioptrías su pérdida tras una misión corta, un efecto que los especialistas relacionan con los cambios de presión sobre el globo ocular.

El llamado overview effect también apareció. «No te prepara nada para la primera vez que ves la Tierra con tus propios ojos», afirmó López-Alegría, que se define después como «más tolerante y más conectado». Duque lo remató con ironía: «Si el nacionalismo se cura viajando, imagínate».

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Referentes sociales y transiciones profesionales

Los cuatro gestionan su condición de icono «con responsabilidad y humildad», en palabras de García. López-Alegría aportó una lectura numérica: con uno o dos astronautas por país, la figura resulta mucho más visible que en Estados Unidos, donde «tus vecinos son astronautas». Duque describió su tránsito de astronauta a directivo, ministro y presidente de Hispasat, y López-Alegría el suyo de la NASA veinte años, a la empresa Axiom Space (que se le iluminó la cara cuando hablo de este nuevo reto), donde pilotó la primera misión totalmente privada a la Estación Espacial Internacional (ISS).

El Director del Curso, Hector Guerrero y el editor de Aviación Digital, con Sara García Alonso y López-Alegría

Vocaciones STEM y comunicación del sector

García reclamó ejemplos cercanos para revertir el descenso de mujeres en carreras STEM (ciencia, tecnología, ingeniería y matemáticas) e insistió en implicar a niñas y niños en proyectos reales desde edades tempranas. Sobre la percepción del sector en España, tanto ella como Álvarez asumieron la autocrítica: «El espacio hoy es una infraestructura básica», recordó Álvarez, desde la geolocalización hasta la agricultura de precisión, aunque el gran público «lo ve como un lujo y no como una necesidad».

El debate de fondo: ¿debe Europa volar por sí misma?

El punto más estratégico llegó con la autonomía europea en transporte tripulado. Tras el informe de expertos impulsado por el director general de la ESA y presentado en el Consejo Ministerial de Sevilla de finales de 2023, Europa acordó avanzar de forma escalonada, primero con carga y después con tripulación. García defendió que Europa «debería tener acceso autónomo y estar también a los mandos». Álvarez lo situó en un horizonte de unos diez años y lo enmarcó no como una carrera en solitario, sino como la vía para ser «un socio de mayor calidad». Duque, antes de marcharse a tomar un vuelo, remató la idea: disponer de sistemas redundantes es «muy importante», como se comprobó cuando la retirada del transbordador dejó a Occidente dependiente de la Soyuz.

Un cierre con mensaje

López-Alegría regaló a sus compañeros de promoción el consejo más repetido de la jornada: «Que se diviertan y absorban la experiencia». Y admitió que nunca se siente preparado al cien por cien, «pero casi, y cada vez más». Sobre el futuro inmediato, avanzó que Axiom prevé lanzar el primer módulo de su estación comercial en 2028, acoplado inicialmente a la ISS, y que participa en el traje para el programa Artemis de regreso a la Luna.

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