Aviación Digital, Sp.- Una evacuación aérea no es el momento de recuperar una maleta, buscar el pasaporte dentro de una mochila ni grabar lo que sucede. La prioridad es abandonar el avión inmediatamente, seguir las órdenes de la tripulación y mantener despejadas las salidas.
Viajar en avión es una de las formas de transporte más seguras, pero una incidencia en tierra, la presencia de humo, un fuego, un aterrizaje de emergencia u otra situación excepcional puede obligar a evacuar la aeronave. En ese momento, una acción aparentemente cotidiana, como abrir el compartimento superior para recoger una maleta, puede retrasar a decenas de personas.
La Administración Federal de Aviación de Estados Unidos (FAA, por sus siglas en inglés) ha reforzado su información dirigida a los viajeros con un mensaje sencillo: “Salva una vida, no una maleta”. La autoridad señala que, desde el 1 de enero de 2023, se han notificado más de 40 lesiones durante evacuaciones de emergencia de aeronaves. La FAA no atribuye todas esas lesiones al equipaje, pero advierte de que las pertenencias pueden bloquear pasillos, dañar las rampas y aumentar el riesgo de caídas o golpes.

Antes del despegue: una preparación de pocos minutos
La actuación correcta comienza antes de que exista una emergencia. Aunque un pasajero frecuente haya escuchado decenas de veces la demostración de seguridad, cada modelo de avión puede tener una configuración de cabina, un número de salidas y unos equipos diferentes.
Hay que escuchar la explicación de la tripulación, consultar la tarjeta de seguridad y localizar las salidas más próximas, tanto por delante como por detrás del asiento. También es aconsejable contar el número de filas que separan al pasajero de esas salidas. Este cálculo puede resultar especialmente útil si la cabina queda a oscuras o se llena de humo.
Ejemplo práctico: un pasajero se encuentra en la fila 18 y observa que tiene una salida a cinco filas por delante y otra a tres filas por detrás. Si la salida delantera queda inutilizada, ya sabe que la alternativa más cercana está detrás, aunque la reacción instintiva de muchas personas sea avanzar hacia la puerta por la que embarcaron.
Los objetos esenciales también merecen una planificación previa. Cuando sea posible, medicamentos imprescindibles, documentación, llaves o el teléfono deberían guardarse en un bolsillo cerrado o en una prenda que permanezca puesta, en lugar de dejarlos dentro de una maleta situada bajo el asiento o en el compartimento superior. Esto no significa que el pasajero deba detenerse a buscar esos objetos durante una evacuación: si no están inmediatamente consigo, deben quedarse en el avión.
La orden de evacuación: actuar sin esperar explicaciones
Cuando la tripulación ordena evacuar, el pasajero debe moverse inmediatamente. Los auxiliares de vuelo están formados para evaluar las salidas disponibles, impedir el uso de una puerta peligrosa y redirigir el flujo hacia otra zona de la cabina.
Una salida puede parecer operativa desde el asiento, pero existir fuego, combustible, obstáculos o vehículos de emergencia en el exterior. Por ese motivo, no debe abrirse una puerta ni utilizarse una salida por iniciativa propia, salvo que el pasajero esté sentado en una fila de emergencia y actúe conforme a las instrucciones recibidas.
La orden más importante es inequívoca: todo el equipaje debe permanecer a bordo. Una maleta puede ralentizar el movimiento, bloquear el pasillo, engancharse en los asientos o dañar una rampa de evacuación.
Ejemplo práctico: una persona lleva un ordenador portátil y documentación laboral en una maleta colocada sobre su asiento. Aunque considere que necesita esos objetos para trabajar o continuar el viaje, abrir el compartimento obliga a detenerse, puede provocar la caída de otros bultos y bloquea a quienes esperan detrás. La decisión correcta es abandonar la maleta.
El equipaje no solo retrasa a quien intenta recuperarlo
Durante una emergencia, el tiempo perdido por una persona afecta a todos los pasajeros que se encuentran detrás. Además, una maleta ocupa una mano que debería quedar libre para mantener el equilibrio, proteger el cuerpo o adoptar la posición indicada al utilizar la rampa.
La Agencia de la Unión Europea para la Seguridad Aérea (EASA, por sus siglas en inglés) coincide con la FAA: abrir los compartimentos superiores puede hacer que objetos desplazados durante el incidente caigan sobre los ocupantes. El equipaje también puede formar acumulaciones junto a las puertas o impedir que el pasajero adopte una postura segura sobre la rampa.
Ejemplo práctico: un viajero intenta bajar por una rampa con una mochila en un brazo y una maleta pequeña en el otro. No puede cruzar correctamente los brazos sobre el pecho, pierde estabilidad y deja el equipaje en la zona de llegada. El objeto puede golpear al siguiente pasajero o dificultar que las personas se alejen de la rampa.
El problema se agrava cuando se transporta a un bebé o se acompaña a un menor. La Asociación Internacional de Transporte Aéreo (IATA, por sus siglas en inglés) ha advertido de casos en los que algunos pasajeros intentaron evacuar llevando simultáneamente a un niño y su equipaje, reduciendo su capacidad para moverse y proteger al menor.
El teléfono debe permanecer guardado
Sacar el móvil para fotografiar o grabar una evacuación también consume tiempo y atención. La persona puede dejar de escuchar una orden, tropezar, detenerse en el pasillo o no detectar que la salida hacia la que se dirige acaba de ser bloqueada.
Ejemplo práctico: un pasajero comienza a grabar mientras avanza hacia una puerta. La tripulación ordena cambiar de dirección porque existe un riesgo en el exterior, pero el viajero, concentrado en la pantalla, tarda en reaccionar. Aunque la demora sea breve, interrumpe el flujo de toda la fila.
La recomendación de la FAA es directa: no tomar fotografías ni vídeos y mantener el teléfono guardado durante la evacuación. El dispositivo puede conservarse si ya se encuentra en un bolsillo, pero no debe utilizarse ni buscarse dentro del equipaje.
Humo, oscuridad y cambios de salida
La salida más cercana no siempre será la que está delante. La tripulación puede ordenar que los pasajeros retrocedan o crucen la cabina porque una puerta no sea segura.
Si existe humo o falla la iluminación principal, deben seguirse las luces instaladas a nivel del suelo y las instrucciones verbales de los auxiliares de vuelo. Conviene avanzar rápidamente, sin correr de forma descontrolada, empujar o detenerse.
Mantener la calma no significa moverse despacio. Significa procesar instrucciones sencillas: cinturón fuera, equipaje abandonado, teléfono guardado, salida segura y movimiento continuo.
Cómo utilizar una rampa de evacuación
Cuando la salida está equipada con una rampa, la FAA indica que los zapatos de tacón alto deben retirarse, cuando sea posible, antes de deslizarse, ya que podrían dañar el material.
El pasajero debe sentarse o saltar sobre la rampa con los pies por delante, mantener las piernas juntas y cruzar los brazos sobre el pecho. Una vez en tierra, debe levantarse, alejarse inmediatamente de la zona y seguir las indicaciones de los servicios de emergencia. Permanecer al pie de la rampa para esperar a familiares o recoger objetos crea un nuevo obstáculo.
Ejemplo práctico: dos personas que viajan juntas salen por puertas diferentes debido a la distribución del flujo. No deben intentar regresar, esperar junto a la rampa ni bloquear la salida para reencontrarse. Deben alejarse del avión y reunirse posteriormente en la zona indicada por los equipos de emergencia.
Los 90 segundos no son un cronómetro para el pasajero
En el proceso de certificación de los grandes aviones, la EASA explica que debe demostrarse la evacuación completa en 90 segundos o menos utilizando únicamente la mitad de las salidas. Las puertas y rampas correspondientes deben estar operativas con rapidez. Sin embargo, la propia agencia advierte de que estas pruebas se realizan bajo condiciones controladas, con participantes preparados y físicamente aptos.
Una emergencia real puede incluir humo, lesiones, niños, personas mayores, pasajeros en estado de shock o salidas bloqueadas. Por tanto, los 90 segundos son una referencia de certificación, no una garantía de que cualquier evacuación real concluirá dentro de ese tiempo ni una invitación a competir o empujar.
El comportamiento de los pasajeros es una parte crítica del sistema. En una encuesta encargada por IATA en Estados Unidos, Reino Unido, Emiratos Árabes Unidos y Singapur, únicamente el 61 % respondió correctamente que debía abandonar todas sus pertenencias y salir del avión. Uno de cada diez participantes admitió que podría intentar llevarse el equipaje o imitar a otros viajeros que lo hicieran.
Una responsabilidad compartida
Los pilotos y auxiliares de vuelo reciben formación para gestionar emergencias, evaluar riesgos y dirigir la evacuación. El pasajero no necesita conocer los sistemas del avión ni decidir qué puerta es segura: su función es prestar atención, reaccionar con rapidez y no crear obstáculos.
La regla SALVA, es una fórmula mnemotécnica propuesta en este artículo, que resume cinco pautas recomendadas para una evacuación:
Sigue las instrucciones de la tripulación.
Abandona todas tus pertenencias.
Libera tus manos y guarda el teléfono.
Ve hacia la salida indicada.
Aléjate del avión.
La pérdida de una maleta puede resolverse después; el tiempo perdido dentro de una cabina en emergencia no puede recuperarse.






