José Luis Carrillo, el hotelero que quiso unir España y Latinoamérica por el aire

Fundador de Hoteles Globales y máximo accionista de Air Madrid, el empresario almeriense muere en Palma a los 85 años y deja tras de sí uno de los episodios más recordados de la aviación comercial española.

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Aviación Digital, Sp.- En la aviación comercial española hay nombres que quedan unidos para siempre a un episodio concreto. El de José Luis Carrillo Benítez está ligado a diciembre de 2006, cuando Air Madrid dejó de volar. Carrillo falleció el pasado jueves 5 de noviembre en Palma de Mallorca, a los 85 años, y quedarse solo con aquel cierre sería contar su vida a medias.

De la bandeja al emporio hotelero

Nacido en Huércal-Overa (Almería) en 1941, con doce años ya trabajaba en hostelería, y subió peldaño a peldaño, desde aprendiz hasta dirigir hoteles. Se instaló muy joven en Mallorca, la isla que convirtió en su casa y en la base de todo lo que vendría después.

En 1967 puso en marcha Optursa, con Calvià como centro de operaciones. De aquella semilla nació Hoteles Globales, que hoy suma unos 4.000 empleados y 57 establecimientos: 53 en España, uno en Bélgica, dos en Nicaragua y uno en Argentina. Desde 2015 la compañía la dirige su hija Susana.

La apuesta aérea: Air Madrid

En 2004 tomó el control accionarial de Air Madrid, una aventura que duraría poco más de dos años. La aerolínea, fundada en 2003 y con sede en San Sebastián de los Reyes, tenía un objetivo claro: conectar de forma directa España con Latinoamérica, un mercado impulsado entonces por la fuerte llegada de población latinoamericana a nuestro país.

Desde Madrid-Barajas volaba a destinos como Bogotá, Buenos Aires, Lima, Quito, Guayaquil, Santiago de Chile o San José de Costa Rica, además de rutas europeas y a Tel Aviv, con una flota de Airbus A310, A319, A330 y A340. La compañía llegó a planificar un brazo de corto radio que alimentara sus vuelos de largo recorrido.

Un visionario desbordado por el éxito

José Luis Carrillo impulsó una apuesta visionaria: conectar España y Latinoamérica con tarifas asequibles, anticipando en el mercado español la fórmula del bajo coste aplicada al largo radio. Air Madrid encontró una demanda que terminó superando su capacidad para atenderla.

Los aviones iban llenos, pero la estructura operativa no pudo acompañar aquel crecimiento. Esa era también la valoración que compartían numerosos pilotos con los que mantenía una relación directa: el problema no era la falta de pasajeros, sino la dificultad de responder a una demanda que desbordaba los medios disponibles. Desde esa perspectiva, podría decirse que el proyecto «murió de éxito», aunque esa expresión no borre los problemas operativos ni las consecuencias que el cierre tuvo para los viajeros.

El desenlace tampoco debe ocultar el compromiso de Carrillo con sus trabajadores. Según recoge El Debate, el empresario pagó íntegramente las deudas y las indemnizaciones de sus empleados, un hecho que también forma parte del balance de aquella aventura empresarial.

Lejos de los focos

Tras el cierre de la aerolínea, Carrillo volvió a su terreno, el hotelero, y no lo abandonó. Rehuyó siempre la exposición pública: su mundo eran la empresa y los suyos. En el sector turístico balear lo recuerdan como un empresario «humilde», «de palabra» y cercano a su equipo.

Le sobreviven su esposa, Susana Szymanska, y sus hijas Susana y Carolina. El funeral se celebrará el 9 de noviembre en la iglesia de Santa Cruz de Palma.

Casi veinte años después, con el tráfico entre España y Latinoamérica en máximos, queda una pregunta abierta: ¿llegó Carrillo demasiado pronto a un mercado que hoy se disputan las grandes?

Descanse en paz.

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