Aviación Digital, Sp.- Que un bombero especializado en emergencias con aeronaves tenga que regresar al monte para combatir un gran incendio forestal permite medir la excepcionalidad del operativo. Íñigo Hernández, bombero aeroportuario y exbombero forestal con 14 años de experiencia, ha relatado cómo un grupo de profesionales de aeropuertos se organizó voluntariamente para apoyar la extinción del incendio de la Sierra Oeste de Madrid.
Un despliegue inédito desde los aeropuertos
Hernández explicó en una entrevista en Mañaneros 360, que el personal interesado en participar comenzó a gestionar su incorporación desde los propios aeropuertos. Según su propio relato, los bomberos contactaron con la Delegación del Gobierno, la jefatura de su servicio y la dirección aeroportuaria antes de organizar un grupo de voluntarios.
“Yo nunca me imaginaba, como bombero de aeropuerto, trabajar en un incendio forestal”, afirmó Hernández durante la entrevista. Su experiencia previa le permitió incorporarse a un escenario operativo que conocía, aunque esta vez lo hizo desde un servicio especializado principalmente en emergencias aeronáuticas.
El bombero señaló que trabajó durante la noche del viernes y a lo largo del domingo, prolongando su intervención durante parte de esa noche. También expresó su intención de volver al incendio cuando la organización del turno aeroportuario lo permitiera.
Su testimonio se produjo en el contexto de la primera activación de una situación operativa 3 por incendios forestales en la historia del Sistema Nacional de Protección Civil. El Gobierno central asumió entonces la dirección de la emergencia de Madrid y Ávila, con el mando operativo a cargo de la Unidad Militar de Emergencias (UME).
La emergencia nacional terminó el 30 de julio, cuando los incendios de Madrid y Ávila descendieron a situación operativa 2. El cambio devolvió la dirección a las administraciones autonómicas, aunque los recursos estatales permanecieron disponibles sobre el terreno.

Defensa de las antenas espaciales de Robledo de Chavela
Hernández situó parte de su intervención en la confluencia de la M-501 y la M-512, en dirección a Robledo de Chavela, así como en el corredor de la M-501 hacia Pelayos de la Presa y en el entorno de Fresnedillas de la Oliva.
El bombero aseguró que uno de los trabajos asignados a su equipo fue la protección de las instalaciones espaciales conocidas popularmente como “las antenas de la NASA”.
El complejo forma parte de la Red del Espacio Profundo o Deep Space Network (DSN) de la NASA, compuesta por tres instalaciones distribuidas entre Madrid, Goldstone —en California— y Canberra —en Australia—. Esta separación permite mantener comunicaciones con misiones espaciales a medida que gira la Tierra.
La NASA evacuó el complejo madrileño el 24 de julio ante el avance del fuego. Las imágenes del satélite Terra mostraron dos días después extensas columnas de humo al oeste de Madrid. Los primeros informes indicaron que las instalaciones atravesaron la emergencia sin daños estructurales significativos en antenas o edificios, aunque sí se vio afectado parte del terreno circundante.
La protección de esta infraestructura añadió una dimensión aeroespacial al operativo. Una afectación prolongada podría haber obligado a redistribuir sesiones de seguimiento, telemetría y envío de comandos entre las otras estaciones de la red, aunque la arquitectura global de la DSN está diseñada para facilitar transferencias operativas entre complejos.

Evacuaciones masivas y carreteras vacías
El elemento que más sorprendió a Hernández, pese a sus 14 años de experiencia forestal, fue la extensión de las evacuaciones.
El profesional describió grandes áreas con viviendas vacías y una sensación de desolación mientras los equipos recorrían el territorio. También señaló que en Navas del Rey existían viviendas calcinadas y familias que habían perdido sus bienes.
La Comunidad de Madrid informó de que se habilitaron 24 puntos de acogida en 21 municipios, por los que pasaron aproximadamente 3.000 personas. Estos centros fueron cerrados después de la estabilización del incendio, aunque se mantuvo alojamiento hotelero para familias evacuadas o cuyas viviendas no reunían condiciones de seguridad.
El incendio obligó además a cortar carreteras y condicionar los accesos a diferentes municipios. Las vías mencionadas por Hernández —M-501, M-512, M-531, M-510 y M-532— forman parte de una red secundaria esencial para la evacuación de residentes, el desplazamiento de recursos terrestres y el acceso a infraestructuras aisladas.
Combustible deshidratado y riesgo de reproducciones
El análisis más técnico de Hernández se centró en el comportamiento del combustible forestal después del paso inicial de las llamas.
Según su evaluación sobre el terreno, el fuego avanzó con gran rapidez durante el viernes, pero no consumió por completo toda la vegetación disponible. La masa forestal que quedó sin arder habría permanecido expuesta al calor y a una fuerte pérdida de humedad, aumentando el riesgo de nuevas igniciones.
El profesional destacó además la dificultad del sector del Cofio: escasez de pistas forestales, ausencia de viviendas que sirvieran como referencias operativas y una progresión del fuego hacia Valdemaqueda. El río se convirtió en uno de los puntos críticos durante las operaciones de contención.
Un incendio estabilizado, pero todavía en fase de control
Los tres incendios activos en Villa del Prado, San Martín de Valdeiglesias y Almorox se fusionaron el 24 de julio en un único incendio denominado Sierra Oeste. La Comunidad de Madrid cifraba provisionalmente en unas 27.000 hectáreas la superficie afectada dentro de la región.
En la última actualización oficial disponible, correspondiente al 1 de agosto a las 21:00 horas, el incendio permanecía estabilizado y en fase de control bajo la situación operativa 2 del Plan Especial de Protección Civil de Emergencia por Incendios Forestales de la Comunidad de Madrid (INFOMA).
La vigilancia continuaba de forma permanente, especialmente alrededor del pantano de San Juan, donde siete urbanizaciones de Pelayos de la Presa y San Martín de Valdeiglesias seguían sin autorización para el retorno de sus residentes.
Estabilizar un incendio significa que su evolución se mantiene dentro de las líneas de control establecidas, pero no equivale a darlo por extinguido. Las reproducciones descritas por Hernández explican por qué los equipos deben continuar refrescando el terreno, revisando raíces, tocones y acumulaciones vegetales y vigilando cualquier cambio de viento.






