Aviación Digital, Sp.- ¿Es la exposición a la radiación cósmica un riesgo laboral tan real como el que llevan años alegando los sindicatos de tripulantes de cabina ante la Administración española? Un estudio publicado el 17 de agosto de 2026 en JAMA Internal Medicine, firmado por investigadores de Harvard Medical School, aporta ahora datos epidemiológicos a ese debate, con una conclusión que sitúa a pilotos y TCP por delante de cualquier otra profesión estadounidense en muertes por cáncer relacionado con la radiación.
Casi 13 millones de certificados de defunción y 503 profesiones
El estudio, titulado «Cancer-Related Mortality Among US Pilots and Flight Attendants», está firmado por Vishal R. Patel, investigador clínico de cirugía en el Brigham and Women’s Hospital; Michael Liu; y Anupam B. Jena, catedrático de Política Sanitaria en Harvard Medical School y autor senior del trabajo. Los tres analizaron los certificados de defunción del sistema nacional de estadísticas vitales de Estados Unidos (National Vital Statistics System, NVSS) entre 2020 y 2024: casi 13 millones de registros repartidos en 503 ocupaciones distintas, entre ellas 14.000 pilotos y 7.000 auxiliares de vuelo.
Se trata de un estudio transversal (cross-sectional), es decir, una fotografía estadística de un periodo concreto y no un seguimiento clínico individualizado de trabajadores. Los autores ajustaron los resultados por edad, sexo, raza, etnia, nivel educativo y estado civil para aislar, en la medida de lo posible, el peso específico de la ocupación frente a otros factores que también influyen en la mortalidad.
Los cánceres que golpean con más fuerza a las tripulaciones
El resultado central: entre las 503 profesiones analizadas, los auxiliares de vuelo concentraron la mayor proporción de muertes por cánceres relacionados con la radiación, un 6,9 % del total de sus fallecimientos, seguidos muy de cerca por los pilotos, con un 6,7 %. Ninguna otra ocupación estadounidense alcanzó cifras tan elevadas en esta categoría.
Por tipos de tumor, el estudio encontró tasas significativamente superiores a la media en cáncer de mama, cánceres del sistema nervioso central, cáncer de próstata y melanoma entre ambos colectivos, y leucemia de forma específica entre los pilotos. Los propios autores subrayan en el artículo que «los miembros de la tripulación reciben la mayor dosis media anual efectiva de radiación ionizante de cualquier grupo ocupacional en Estados Unidos, principalmente por los rayos cósmicos a los que se está expuesto a las altitudes de vuelo comercial».
Sin límites de dosis ni controles, a diferencia de otros trabajadores expuestos
La explicación que ofrece Harvard Medical School tiene que ver con la acumulación de dosis a lo largo de la carrera profesional. Según sus cálculos, una tripulación acumula entre 3 y 6 milisieverts (mSv, la unidad que mide la dosis efectiva de radiación ionizante) al año de radiación cósmica, frente a los 0,4 mSv anuales de un pasajero que vuela con frecuencia. Pese a ello, pilotos y TCP no están sujetos en Estados Unidos a los límites de dosis ni a los requisitos de monitorización federal que sí se aplican a otros colectivos expuestos a radiación de forma ocupacional, como el personal de radiología médica o de la industria nuclear.
Un argumento epidemiológico que llega en plena batalla por la jubilación anticipada en España
El estudio se hace público en un momento especialmente sensible para el colectivo en España. Aviación Digital informaba ayer de que el Congreso de los Diputados vota este martes, 22 de septiembre, una Proposición no de Ley del Grupo Parlamentario Plurinacional SUMAR para incorporar a los TCP al régimen de coeficientes reductores de la edad de jubilación del Real Decreto 1559/1986, con un coeficiente del 0,40 equiparable al de los pilotos.
El Sindicato Independiente de Tripulantes de Cabina de Pasajeros de Líneas Aéreas (SITCPLA) lleva desde 2003 reclamando esa equiparación y mantiene abiertos, además, un procedimiento ante la Comisión Europea y el Parlamento Europeo desde 2023, y un recurso en preparación ante la Audiencia Nacional después de que la Administración española inadmitiera, sin evaluación técnica, su solicitud para valorar la penosidad de la profesión al amparo del Real Decreto 402/2025.
El estudio de Harvard no se pronuncia sobre el marco normativo español ni sustituye la evaluación técnica que exige la legislación nacional, y sus autores lo circunscriben expresamente al mercado laboral estadounidense. Pero su hallazgo central, que la tripulación de cabina y los pilotos encabezan, de entre 503 profesiones, la mortalidad por cánceres asociados a la radiación, añade una base epidemiológica difícil de ignorar al argumento que SITCPLA lleva veinte años defendiendo: que la exposición a la radiación cósmica en altitud de crucero constituye un riesgo laboral objetivable, y no solo una percepción subjetiva del colectivo.
Queda por ver si esa base científica, sumada a la presión sindical y parlamentaria, logra finalmente lo que dos décadas de reivindicación no han conseguido: que la Administración española abra, esta vez sí, una evaluación técnica en profundidad sobre la penosidad real de volar para ganarse la vida. ¿Bastará la evidencia acumulada en Estados Unidos para desbloquear un debate que en España sigue atascado en el silencio administrativo?






