Mons Mouton, la montaña lunar que puede decidir el futuro humano en la Luna

Más allá de su objetivo científico, IM-2 se enmarca en la estrategia de la NASA y el programa Artemis, que contempla el polo sur como puerta de entrada a la colonización lunar y a los próximos pasos hacia Marte.

Nuestros monográficos

- Publicidad -spot_img


Claudia C./ Aviación Digital, Sp.-
En plena carrera por regresar a la Luna y establecer una presencia humana permanente, la misión IM-2 de Intuitive Machines se convirtió en uno de los experimentos más seguidos del año. Con un aterrizaje en el Polo Sur lunar, región clave para el programa Artemis de la NASA y para futuras bases de exploración, la nave Athena aspiraba a demostrar que el agua helada, oculta en los cráteres en sombra perpetua, podría dejar de ser una hipótesis científica para transformarse en recurso tangible.

Aunque el módulo terminó de lado en un pequeño cráter y sus operaciones se vieron truncadas, el intento encaja en una actualidad aeroespacial marcada por colaboraciones público-privadas, nuevas tecnologías de superficie y la urgencia de preparar a la humanidad para misiones más allá de la Tierra. En un contexto en el que la exploración lunar se perfila como el próximo gran laboratorio de la humanidad, la misión IM-2 de Intuitive Machines se convierte en un capítulo crucial: no solo por su ambición tecnológica, sino también por lo que representa en la búsqueda de agua y recursos que podrían sostener una presencia humana duradera fuera de la Tierra.

El reto de los cráteres en sombra perpetua

El protagonismo de esta misión se centra en Mons Mouton, una elevación cercana al polo sur lunar. Esta región es objeto de deseo de científicos e ingenieros porque algunos de sus cráteres se encuentran en sombra perpetua (Shackleton, Faustini, Hebson o Malapert entre otros), lo que significa que nunca reciben la luz del Sol. Allí, las temperaturas son tan bajas que se cree que el agua en forma de hielo puede permanecer estable durante miles de millones de años. Detectar, medir y comprender ese hielo no es solo un capricho científico: es la base para planificar misiones tripuladas sostenibles que no dependan exclusivamente de suministros enviados desde la Tierra.

La misión IM-2, lanzada el 27 de febrero de 2025 a bordo de un Falcon 9 de SpaceX, tenía como objetivo demostrar tecnologías clave para la exploración de estos cráteres. Su módulo de aterrizaje, Athena, debía posar sus patas cerca de Mons Mouton, y desde allí desplegar un ingenio particularmente audaz: el micro-hopper Grace, un pequeño dron de 70 centímetros capaz de impulsarse con pequeños saltos controlados para internarse en los cráteres oscuros. Equipado con un radiometro diseñado por el DLR y la Universidad Libre de Berlín, su misión era clara: medir la temperatura del interior de esos cráteres y confirmar la presencia de hielo.

Un propósito que trasciende el éxito inmediato

Aunque la misión enfrentaba riesgos extraordinarios y, como ocurrió en intentos previos, no estaba garantizado un final exitoso, su propósito científico sigue intacto. El IM-2 pretendía validar la capacidad de realizar operaciones en entornos extremadamente hostiles, con comunicaciones retardadas y temperaturas inferiores a los -160 ºC. Además, cargaba instrumentos como el taladro TRIDENT y el espectrómetro de masas MSolo de la NASA, diseñados para buscar volátiles y analizar el suelo en busca de rastros de agua congelada o dióxido de carbono atrapado.

El valor de estas pruebas no se mide únicamente en el éxito del aterrizaje, sino en la acumulación de conocimiento y en la preparación de futuras misiones. En el marco del programa Commercial Lunar Payload Services (CLPS) de la NASA, cada intento ofrece datos técnicos que ayudan a perfeccionar sistemas y a reducir incertidumbres. Si se fracasa en el aterrizaje o en parte de la misión, la experiencia se reutiliza para el siguiente intento, porque el objetivo último es dominar la exploración de regiones críticas de la Luna antes de enviar allí a los astronautas de Artemis.

Mons Mouton: un lugar con futuro

Mons Mouton no es un lugar cualquiera en el mapa lunar. Es una montaña lunar cercana al Polo Sur de la Luna que debe su nombre a la matemática de la NASA Melba Mouton. Ubicado a unos 85º de latitud sur y a escasos 160 kilómetros del polo, se erige como un candidato estratégico para futuras bases lunares.

Mons Mouton, la montaña lunar cercana al Polo Sur de la Luna

La razón es sencilla: su cercanía a cráteres con hielo lo convierte en un punto de partida ideal para la explotación de recursos in situ, un concepto conocido como ISRU (In-Situ Resource Utilization). El agua extraída de estos depósitos podría usarse no solo como recurso vital para los astronautas, sino también como materia prima para producir oxígeno respirable y combustible de cohetes.

En términos estratégicos, esto significa que quien logre desarrollar tecnología fiable para acceder y procesar esos hielos dará un salto decisivo hacia la autosuficiencia en el espacio profundo. Esa es la razón por la que tanto Estados Unidos como otras potencias espaciales fijan sus miradas en este cráter y en todo el entorno del polo sur lunar.

Más allá del presente: una apuesta continua

El IM-2 representa la segunda misión de Intuitive Machines, después del hito conseguido en 2024 con Odysseus, el primer aterrizaje lunar exitoso de una empresa privada. Aun así, la compañía y la NASA saben que la curva de aprendizaje es empinada. Si este intento no alcanza todos sus objetivos, habrá más oportunidades: tanto dentro del CLPS como en las misiones Artemis, que prevén aterrizar astronautas cerca del polo sur en los próximos años.

Lo cierto es que cada paso dado en la Luna, incluso los que parecen pequeños o imperfectos, dibuja el camino de la exploración futura. En este tablero, Mons Mouton y sus cráteres helados se han convertido en piezas clave de una partida que, en última instancia, determinará si la humanidad logra establecerse en otro mundo.

Mons Mouton debe su nombre a la matemática de la NASA Melba Mouton

Ver cómo una nave se inclina de lado en un cráter no es solo presenciar un tropiezo: es constatar que cada error abre camino. Athena no cumplió su misión en plenitud, pero confirmó algo más valioso: que el Polo Sur lunar, con sus cráteres helados, es el escenario donde se juega el futuro de la exploración humana. Cada sombra proyectada en Mons Mouton anticipa la luz de lo que vendrá.

Más artículos

DEJA UNA RESPUESTA

Por favor ingrese su comentario!
Por favor ingrese su nombre aquí


Todos los canales

Últimos artículos