Claudia C./ Aviación Digital, Sp.- En plena carrera por regresar a la Luna y establecer una presencia humana permanente, la misión IM-2 de Intuitive Machines se convirtió en uno de los experimentos más seguidos del año. Con un aterrizaje en el Polo Sur lunar, región clave para el programa Artemis de la NASA y para futuras bases de exploración, la nave Athena aspiraba a demostrar que el agua helada, oculta en los cráteres en sombra perpetua, podría dejar de ser una hipótesis científica para transformarse en recurso tangible.
Intuitive Machines Executes Southernmost Lunar Landing and Operates Payloads.
— Intuitive Machines (@Int_Machines) March 7, 2025
The full release is published on the IM-2 mission webpage. https://t.co/6W5wibbV71
(7MAR2025 0829 CST)#AdLunam #IM2 #Athena pic.twitter.com/xDM3Fd9rE7
Aunque el módulo terminó de lado en un pequeño cráter y sus operaciones se vieron truncadas, el intento encaja en una actualidad aeroespacial marcada por colaboraciones público-privadas, nuevas tecnologías de superficie y la urgencia de preparar a la humanidad para misiones más allá de la Tierra. En un contexto en el que la exploración lunar se perfila como el próximo gran laboratorio de la humanidad, la misión IM-2 de Intuitive Machines se convierte en un capítulo crucial: no solo por su ambición tecnológica, sino también por lo que representa en la búsqueda de agua y recursos que podrían sostener una presencia humana duradera fuera de la Tierra.
El reto de los cráteres en sombra perpetua
El protagonismo de esta misión se centra en Mons Mouton, una elevación cercana al polo sur lunar. Esta región es objeto de deseo de científicos e ingenieros porque algunos de sus cráteres se encuentran en sombra perpetua (Shackleton, Faustini, Hebson o Malapert entre otros), lo que significa que nunca reciben la luz del Sol. Allí, las temperaturas son tan bajas que se cree que el agua en forma de hielo puede permanecer estable durante miles de millones de años. Detectar, medir y comprender ese hielo no es solo un capricho científico: es la base para planificar misiones tripuladas sostenibles que no dependan exclusivamente de suministros enviados desde la Tierra.
IM-2 Intuitive Machines. Viaje hacia la Luna.
— Órbita Infinita (@orbitainfinita) February 28, 2025
🔴 Lanzamiento en directo de la misión IM-2 de Intuitive Machines desde Cabo Cañaveral 🚀
¡Prepárate para un evento espacial que no te puedes perder!
Video completo aquí: https://t.co/1DdTyPEl1c pic.twitter.com/4ApAPUia1k
La misión IM-2, lanzada el 27 de febrero de 2025 a bordo de un Falcon 9 de SpaceX, tenía como objetivo demostrar tecnologías clave para la exploración de estos cráteres. Su módulo de aterrizaje, Athena, debía posar sus patas cerca de Mons Mouton, y desde allí desplegar un ingenio particularmente audaz: el micro-hopper Grace, un pequeño dron de 70 centímetros capaz de impulsarse con pequeños saltos controlados para internarse en los cráteres oscuros. Equipado con un radiometro diseñado por el DLR y la Universidad Libre de Berlín, su misión era clara: medir la temperatura del interior de esos cráteres y confirmar la presencia de hielo.
Tomorrow could be a great day for space robots. The Athena lander is set to touch down on the Moon carrying the "Grace" Hopper, Yaoki 360° rover & MAPP prospecting rover.
— Corey S. Powell (@coreyspowell) March 5, 2025
Plus a micro-rover, AstroAnt, that will ride around on top of the MAPP rover!https://t.co/vLn5zo1N4k pic.twitter.com/Txj7UobDEd
Un propósito que trasciende el éxito inmediato
Aunque la misión enfrentaba riesgos extraordinarios y, como ocurrió en intentos previos, no estaba garantizado un final exitoso, su propósito científico sigue intacto. El IM-2 pretendía validar la capacidad de realizar operaciones en entornos extremadamente hostiles, con comunicaciones retardadas y temperaturas inferiores a los -160 ºC. Además, cargaba instrumentos como el taladro TRIDENT y el espectrómetro de masas MSolo de la NASA, diseñados para buscar volátiles y analizar el suelo en busca de rastros de agua congelada o dióxido de carbono atrapado.
El valor de estas pruebas no se mide únicamente en el éxito del aterrizaje, sino en la acumulación de conocimiento y en la preparación de futuras misiones. En el marco del programa Commercial Lunar Payload Services (CLPS) de la NASA, cada intento ofrece datos técnicos que ayudan a perfeccionar sistemas y a reducir incertidumbres. Si se fracasa en el aterrizaje o en parte de la misión, la experiencia se reutiliza para el siguiente intento, porque el objetivo último es dominar la exploración de regiones críticas de la Luna antes de enviar allí a los astronautas de Artemis.
Mons Mouton: un lugar con futuro
Mons Mouton no es un lugar cualquiera en el mapa lunar. Es una montaña lunar cercana al Polo Sur de la Luna que debe su nombre a la matemática de la NASA Melba Mouton. Ubicado a unos 85º de latitud sur y a escasos 160 kilómetros del polo, se erige como un candidato estratégico para futuras bases lunares.

La razón es sencilla: su cercanía a cráteres con hielo lo convierte en un punto de partida ideal para la explotación de recursos in situ, un concepto conocido como ISRU (In-Situ Resource Utilization). El agua extraída de estos depósitos podría usarse no solo como recurso vital para los astronautas, sino también como materia prima para producir oxígeno respirable y combustible de cohetes.
📸🧵3/4: For reference, Athena captured this image sequence over the Moon's south pole region near her intended landing site, Mons Mouton—one of NASA's designated human landing sites for the Artemis campaign. pic.twitter.com/mQx4gbjMw7
— Intuitive Machines (@Int_Machines) March 4, 2025
En términos estratégicos, esto significa que quien logre desarrollar tecnología fiable para acceder y procesar esos hielos dará un salto decisivo hacia la autosuficiencia en el espacio profundo. Esa es la razón por la que tanto Estados Unidos como otras potencias espaciales fijan sus miradas en este cráter y en todo el entorno del polo sur lunar.
Más allá del presente: una apuesta continua
El IM-2 representa la segunda misión de Intuitive Machines, después del hito conseguido en 2024 con Odysseus, el primer aterrizaje lunar exitoso de una empresa privada. Aun así, la compañía y la NASA saben que la curva de aprendizaje es empinada. Si este intento no alcanza todos sus objetivos, habrá más oportunidades: tanto dentro del CLPS como en las misiones Artemis, que prevén aterrizar astronautas cerca del polo sur en los próximos años.
Lanzada el pasado 26 de febrero, la sonda Athena de la empresa Intuitive Machines se prepara para su segundo intento de aterrizaje en la Luna.
— Cosmos (@aa__cosmos) March 6, 2025
IM-2 busca explorar la región cercana al polo sur y estudiar la presencia de agua para futuras misiones tripuladas. pic.twitter.com/9UC0FOFjZJ
Lo cierto es que cada paso dado en la Luna, incluso los que parecen pequeños o imperfectos, dibuja el camino de la exploración futura. En este tablero, Mons Mouton y sus cráteres helados se han convertido en piezas clave de una partida que, en última instancia, determinará si la humanidad logra establecerse en otro mundo.

Ver cómo una nave se inclina de lado en un cráter no es solo presenciar un tropiezo: es constatar que cada error abre camino. Athena no cumplió su misión en plenitud, pero confirmó algo más valioso: que el Polo Sur lunar, con sus cráteres helados, es el escenario donde se juega el futuro de la exploración humana. Cada sombra proyectada en Mons Mouton anticipa la luz de lo que vendrá.






