La batalla entre Ryanair y Aena es como una relación tóxica que está lejos de sanar. La aerolínea irlandesa ha acusado al Gobierno español de anteponer la recaudación de dividendos a la mejora de la conectividad aérea en numerosos aeropuertos regionales que, según la compañía, operan muy por debajo de su capacidad real.
La crítica llega después de que Aena aprobara un reparto de dividendos de 1.650 millones de euros correspondiente a los resultados obtenidos, una cantidad de la que el Estado, propietario del 51% del gestor aeroportuario, percibirá alrededor de 834 millones de euros.
Para Ryanair, estos ingresos contrastan con la ausencia de medidas destinadas a estimular el tráfico en instalaciones que consideran infrautilizadas y que continúan perdiendo rutas, pasajeros y oportunidades económicas. Y todo ello en un contexto, donde la compañía irlandesa sufre ya su postura con España: su tráfico cae por primera vez desde la pandemia y Vueling le pisa los talones.
Los aeropuertos regionales, en el centro de la polémica
La compañía sostiene que buena parte de la red secundaria de aeropuertos españoles trabaja muy por debajo de sus posibilidades. Según sus cálculos, algunas de estas terminales presentan niveles de utilización cercanos al 30%, lo que significa que cerca del 70% de su capacidad permanece sin aprovechar.
Esta situación afecta especialmente a infraestructuras situadas fuera de los grandes polos turísticos y económicos del país. Aeropuertos como Santiago de Compostela, Jerez, Valladolid o Zaragoza han sido citados por la aerolínea como ejemplos de instalaciones que podrían captar más tráfico si contaran con una política tarifaria más competitiva.
Ryanair considera que la estructura actual de tasas aeroportuarias dificulta la llegada de nuevas aerolíneas y limita el crecimiento de las ya presentes. A juicio de la empresa, el problema podría agravarse durante los próximos años si prospera la propuesta de incrementar las tarifas aeroportuarias dentro del marco regulatorio DORA III, que abarcará el periodo comprendido entre 2027 y 2031.
El conflicto por las tasas aeroportuarias
Uno de los principales focos de tensión entre la aerolínea y Aena es precisamente la evolución de las tasas. Ryanair asegura que el planteamiento actual contempla incrementos que podrían alcanzar el 21% más la inflación durante el próximo ciclo regulatorio.
La compañía argumenta que este escenario reduciría la competitividad de los aeropuertos españoles frente a otros mercados europeos que ofrecen incentivos para atraer nuevas rutas y aumentar el número de pasajeros.
Según la aerolínea, las compañías aéreas deciden constantemente dónde ubicar sus aviones en función de factores como la rentabilidad, la demanda y los costes operativos. Un aumento significativo de las tasas podría provocar que parte de la capacidad disponible se desplazara hacia otros países donde operar resulte más atractivo desde el punto de vista económico.
Inversiones internacionales frente a desarrollo regional
Otro de los aspectos que ha generado críticas por parte de Ryanair es la estrategia internacional seguida por Aena durante los últimos años.
La compañía destaca que el gestor aeroportuario ha destinado importantes recursos a operaciones en mercados extranjeros, especialmente en Reino Unido y Brasil. Según sus estimaciones, durante los últimos doce meses se han invertido cerca de 800 millones de euros en este tipo de proyectos.
Para la aerolínea, esta política supone destinar recursos obtenidos en España a infraestructuras situadas fuera del país mientras numerosos aeropuertos nacionales continúan registrando niveles de actividad reducidos.
El debate se produce además en un contexto en el que muchas administraciones regionales intentan atraer inversiones, turismo y actividad económica mediante una mejor conectividad aérea. Desde el sector turístico se considera que disponer de vuelos directos es un elemento clave para impulsar la llegada de visitantes y favorecer el desarrollo empresarial.
Ryanair condiciona su crecimiento en España
La aerolínea ha vinculado parte de sus futuros planes de expansión al resultado de esta disputa regulatoria. La empresa asegura que dispone de proyectos para incorporar nuevos aviones y abrir más bases operativas en España durante los próximos años.
Su hoja de ruta hasta 2031 contempla la llegada de 33 aeronaves adicionales y la creación de cinco nuevas bases. Sin embargo, la ejecución de estos planes dependería, según la compañía, de que el Ministerio de Transportes evite los incrementos tarifarios planteados para el próximo ciclo regulatorio.
Ryanair defiende que una política de incentivos para los aeropuertos regionales permitiría aumentar el tráfico, generar empleo local y reforzar la actividad económica en territorios alejados de los principales hubs aeroportuarios.
Una relación históricamente conflictiva
Las discrepancias entre Ryanair y Aena no son nuevas. Durante los últimos años ambas entidades han mantenido diversos enfrentamientos relacionados con las tasas aeroportuarias, la distribución del tráfico y la rentabilidad de determinadas rutas.
La aerolínea ha llegado incluso a reducir capacidad en algunos aeropuertos españoles argumentando que las condiciones económicas no favorecían el crecimiento de las operaciones. Según sus datos, en el último año y medio se han eliminado alrededor de tres millones de plazas en aeropuertos regionales de la red española.
Mientras tanto, Aena ha defendido en distintas ocasiones que su política tarifaria se ajusta al marco regulatorio vigente y que las inversiones internacionales contribuyen a diversificar ingresos y fortalecer la posición del grupo a largo plazo.
La disputa vuelve ahora a situar sobre la mesa un debate recurrente en el sector: si la prioridad debe centrarse en maximizar los ingresos obtenidos por los aeropuertos más rentables o en utilizar parte de esos recursos para estimular el crecimiento de aquellas instalaciones que todavía tienen margen para aumentar significativamente su actividad.






