Los pasajeros rusos podrían terminar asumiendo parte del coste de la renovación de la aviación comercial del país presidido con puño de hierro por Vladimir Putin. Las autoridades estudian introducir un recargo en los billetes para conseguir los recursos necesarios con los que financiar la incorporación de nuevos aviones de fabricación nacional.
El objetivo no es otro que reunir alrededor de tres billones de rublos, unos 31.000 millones de euros al cambio actual, que se destinarían tanto a la adquisición como a la operación de las nuevas aeronaves.
Para ello se plantea constituir un fondo específico alimentado mediante el sobrecoste aplicado a los pasajes.
La medida afectaría al conjunto de los viajeros y no únicamente a aquellos que posteriormente vuelen en los nuevos aparatos.
De esta forma, los pasajeros comenzarían a contribuir a su financiación antes incluso de que las aeronaves entren en servicio.
Dos modelos para reducir la dependencia exterior
El plan se concentra inicialmente en dos programas considerados esenciales para el futuro de la aviación rusa: el Sukhoi SJ-100 y el MC-21.
Por ahora, quedarían fuera otros proyectos de aviones regionales que Rusia también pretende desarrollar durante los próximos años.
La fabricación en serie de los nuevos aparatos debería acelerarse a partir de 2027. Sin embargo, los programas han sufrido diferentes retrasos, por lo que el calendario definitivo continúa siendo uno de los principales desafíos para la industria aeronáutica del país.
El SJ-100 parte del anterior Sukhoi Superjet 100, aunque incorpora cambios importantes destinados a sustituir componentes extranjeros.
El MC-21 también ha tenido que atravesar un amplio proceso de adaptación para incrementar el peso de los sistemas y equipos producidos en Rusia.
Esta transformación se ha convertido en una necesidad después de que las sanciones occidentales limitaran el acceso de las compañías rusas a aeronaves, piezas de repuesto y determinados servicios relacionados con los fabricantes extranjeros.
Las aerolíneas rusas sufren la invasión de Ucrania
La guerra iniciada con la invasión rusa de Ucrania en 2022 ha cambiado profundamente el escenario para las compañías aéreas del país. Las sanciones occidentales y las restricciones internacionales han reducido considerablemente su capacidad para operar en numerosos mercados.
Hasta el pasado verano, Rusia conservaba conexiones aéreas directas con 43 países. Las previsiones apuntan ahora a que esa cifra podría reducirse alrededor de un 25%, hasta quedarse en aproximadamente 32 Estados.
La pérdida de destinos no se limita a países europeos o americanos que aplicaron restricciones a la aviación rusa. Algunas rutas hacia mercados que habían mantenido conexiones con Rusia también han desaparecido o están previstas para suprimirse.
Entre los destinos afectados aparecen Argelia, Cuba, Seychelles y Venezuela. A ellos se suman mercados de Oriente Próximo como Kuwait, Baréin y Arabia Saudí, pese a que estos países no participaron inicialmente en el bloqueo occidental al transporte aéreo ruso.
La situación se complica además por los problemas operativos derivados de la guerra. Los ataques con drones han provocado en diferentes ocasiones restricciones y alteraciones de actividad en aeropuertos rusos, añadiendo presión sobre una red aérea que ya afronta dificultades relacionadas con la disponibilidad de flota.
Rusia conserva conexiones directas con países como Armenia, Bielorrusia, Georgia, Kazajistán, Mongolia o Corea del Norte.
También mantiene dos puertas especialmente relevantes para sus conexiones internacionales: Dubái y Estambul. Ambos aeropuertos funcionan como grandes centros de distribución desde los que los viajeros rusos pueden continuar hacia numerosos destinos internacionales.






