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febrero, sábado 20, 2021

De aterrizajes verdes, publicidad engañosa y periodismo incompetente

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Aterrizajes verdesA finales del pasado mes de agosto, unos días después de aparcar el conflicto con los controladores aéreos, Aena desveló al mundo otra de sus armas estratégicas, quizá la definitiva, para solucionar los problemas relacionados con el consumo de combustible, el calentamiento global y la contaminación acústica a los que se enfrentará el transporte aéreo en las próximas décadas.

La primera fue como se recordará el AFIS, con el que las compañías aéreas podrían ahorrar ingentes cantidades de euros, los aeropuertos amortizar en unos meses su milmillonaría deuda y la economía local, regional y nacional despegar por fin, acabando así con la crisis.

La segunda fue la reducción de tasas, que además de beneficiar a las compañías aéreas permitiría al más pintado viajar en avión prácticamente gratis, extremo este que fue recibido con júbilo por el populacho que, sin dudarlo, vitoreó la medida que anunciaba el preboste de turno.

Y la tercera y, por el momento, última -Dios nos coja confesados-, consiste en lo que en argót profesional se denomina "Aproximación en descenso continuo" y para el resto de los mortales "Aterrizajes verdes", denominación probablemente adoptada por el colorido con el que tintan el cielo los gases de escape de los motores de los aviones, al ser expelidos mezclados con una suerte de flores silvestres que tapizan todo aquello que sobrevuelan para solaz y regocijo de la ciudadanía.

Se han organizado seminarios, simposios y encuentros multitudinarios con medios de comunicación interplanetarios para dar a conocer una iniciativa que, en realidad, ni descubre nada nuevo, ni aporta solución reseñable al presente o al futuro del transporte aéreo. Menos aún al sufrido medio ambiente. Más que nada, porque esto del descenso continuo se viene haciendo de toda la vida como aquel que dice. La única diferencia, es que en vez de instruir a las tripulaciones para que realizaran un "descenso contínuo", era tradición secular que se les informara que el descenso autorizado era "sin restricciones". Ese es el "gran" cambio que aporta esta interesante y bien ponderada medida: fraseología.


Lo bueno del caso, es que mientras Aena habría destinado considerables recursos económicos y humanos para gestionar este decisivo asunto, del que pende el porvenir del planeta, continúa sin dar solución a los problemas operacionales relacionados con la seguridad de vuelo y el excesivo gasto de combustible -y, por tanto, de generación de CO2- que suponen los numerosos procedimientos operativos e incoherentes rutas que muchos llevamos años denunciando. Como si al ser incapaz de solucionar lo complejo, quisiera compensarlo magnificando lo fácil. !Y tan fácil!


En definitiva, que nos hallamos ante una especie de publicidad engañosa que no pretende otra cosa que camuflar la desidia del proveedor nacional de servicios de navegación aérea y, por ende, de la dirección general de aviación civil y de la agencia estatal de seguridad aérea -en comandita, ya que aún nadie sabe dónde termina la una y empiezan las otras; ni siquiera ellas-, echando mano de lo primero que se le presenta para hacer lo que mejor se le da: cubrir el expediente en el tema del cielo único en una huída hacia delante mientras se mantiene ciega al hecho de que este país aún no está preparado para tanto cambio en tan poco tiempo. Y menos con estos gestores y políticos que nos han tocado en (mala) suerte.


Que la sociedad está muy falta de información veraz es un hecho que se pone de manifiesto con demasiada regularidad. Leemos noticias sobre cualquier tema, y salvo cuando se trata de economía o de fútbol, que por su machacona presencia en los medios terminamos sabiendo de lo primero más que el presidente del gobierno -para lo que no hace falta mucho-, o que el seleccionador nacional, de lo segundo, sobre el resto de las cuestiones que los medios nos trasladan está visto que no se debe confiar en su veracidad si queremos mantener la cordura. Y la aviación no es una excepción. Valga el siguiente ejemplo.


Hace casi tres décadas un 747 de Avianca, vuelo 011, se estrelló en plena aproximación final a Barajas en las cercanías de Mejorada del Campo, poco después de sobrevolar el legendario VOR Charly Papa Lima (CPL) -también conocido como "el VOR de Madrid"-, entonces situado en la localidad de Camporeal y hoy sustituido por el de Perales De Tajuña -también conocido como "PeDeTe"-. Todavía guardo algunos recortes de prensa relacionados con aquella noticia. En uno de ellos, el columnista relataba la información sobre el accidente tras haber acudido, o no, a una rueda de prensa. Desde luego, no debió enterarse muy bien porque aseguraba que el accidente habia tenido lugar después de sobrevolar "el borde de Madrid", en vez de "el VOR de Madrid". Un inocente gazapo que sólo fue detectado por quienes pertenecían al ramo aeronáutico, pero que demuestra la falta de rigor y de interés del periodista en cuestión. Pecata minuta en cualquier caso. Pura anécdota.


Evidentemente, la aviación, como el resto de actividades que desarrolla la Humanidad, está plagada de noticias con errores periodísticos como el relatado, y aún peores; todos ellos dignos de ser recogidos en un libro Guiness dedicado a disparates monumentales. Pero el peor de todos en mi opinión, es el cometido por un periodista al redactar la noticia del invento de los "Aterrizajes verdes".


Sucedió el pasado 19 de septiembre, cuando un diario nacional publicaba semejante notición bajo el titular: Barajas, pionero en "aterrizajes verdes" [1]. En el mismo se explicaba al lector, tal como sigue, el funcionamiento del invento asegurando, que "las aeronaves que llegan durante la noche hasta la capital contaminan menos el medio ambiente" debido a que "las nuevas aproximaciones aéreas consiguen reducir en un 25 por ciento la emisión de CO2 a la atmósfera gracias a una maniobra muy simple: apagar los motores".


Para abundar en su sapiencia sobre la operativa aérea, el supuesto periodista añadía: "Hasta ahora los aviones que llegaban hasta la capital lo hacían con sus motores encendidos a gran potencia. El descenso se realizaba en forma de escalones que obligaba a los pilotos a modificar la potencia de su avión hasta que estaban lo suficientemente cerca de la pista como para tomar tierra. Con el nuevo sistema los comandantes hacen planear sus naves poniendo los propulsores al ralentí" -para él "ralentí" debe significar apagado-.

Y continuaba ufano: "El descenso se realiza de forma continua, sin tramos horizontales -hasta aquí bien-, y sólo cuando están a unos 10 kilómetros de su meta los pilotos vuelven a encender los motores para realizar las maniobras de aterrizaje con normalidad". Y se queda tan pancho. El gráfico que aparece a continuación, anexo a la noticia, tampoco tiene desperdicio.

Aterrizajes verdes de La Razón

Me pregunto qué pensarían al leer tal cual esta noticia los pasajeros de aquel A320 que "apagó" sus motores en Nueva York y que terminó amerizando en el río Hudson. Y es que con informadores de esta calaña no me extraña que el periodismo sufra -salvo honrosas excepciones- un cáncer terminal galopante que lo está contagiando todo con una metástasis invasiva letal.


El redactor, quizá sin mucha experiencia -por no decir ninguna-, menos inteligencia y poco interés en lo que escribía, probablemente sólo estuviese preocupado por rellenar el hueco asignado en la página del diario antes de pasar, a todo trapo, a redactar otra noticia quizá sobre el comercio del oro, el cambio del maldito yen, o la cría del pollo de corral, por lo que no se preocupó de que su texto, seguramente tomado a vuelapluma o mal resumido por terceros delante de un café de máquina, tuviera un mínimo de coherencia. "¿Para qué? -se diría-, soy periodista y me han dicho en la Universidad CCC que puedo escribir lo que me dé la gana porque nosotros publicamos la verdad de lo que sucede en el mundo. Al menos desde nuestro punto de vista y, sobre todo, del mejor postor".


En fin, que entre una noticia que no es noticia sino cortina de humo y el modo en cómo le llega la información a la sociedad sin necesidad de que la manipulen, nos encontramos a merced de lo que quieran hacer con nosotros el tal Pedro Jota, la Recuero, el Prats, la Grisso y tantos otros. Así nos va.

Así nos va a ir.

Jorge Ontiveros

[1] http://www.larazon.es/noticia/4898-barajas-pionero-en-aterrizajes-verdes

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