Texto y Fotos : José Manuel Serrano Esparza / Aviación Digital
UNA JORNADA HISTÓRICA
El domingo 2 de febrero de 2025 fue un día muy especial en el Aeródromo de Cuatro Vientos, porque además de ofrecerse a los más de 2.000 espectadores asistentes la exhibición en vuelo de los maravillosos aviones clásicos con motor a pistón de la Fundación Infante de Orleans (hoy por hoy una de las mejores y más importantes del mundo) y la espectacular tabla acrobática de Ramón Alonso con su Sukhoi-31,

tuvo lugar el último vuelo de Carlos Valle Torralbo (Presidente de la Fundación Infante de Orleans) a los mandos del ya mítico Polikarpov I-16 Mosca CM-249 (Joya de la Corona de la FIO junto con la Bücker Jungmeister de José Luis Aresti), después de su importantísima singladura de 20 años como piloto de esta icónica aeronave en la Historia de la Aviación Mundial.
Un extenso periplo que se inició cuando este Polikarpov I-16 Mosca, fabricado en 1937, abandonado en 1942 en Karelia (región del norte de Rusia fronteriza con Finlandia) y descubierto en 1992, restaurado en Siberia por la Oficina de Investigación Aeronáutica de Novosibirsk (con la que realizó su primer vuelo en noviembre de 1997) y enviado después a Nueva Zelanda con otras unidades restauradas, fue finalmente adquirido por la FIO con fondos aportados por el Ayuntamiento de Getafe (Madrid) y la Fundación Infante de Orleans, llegó en septiembre de 2005 a Cuatro Vientos en un contenedor metálico de color azul y fue pintado en color verde, con el indicativo 249, que es el que lucía el avión de Jose María Bravo como jefe de la Tercera Escuadrilla de Moscas, y el famoso “Seis Doble” en el timón de cola, durante la Guerra Civil Española.
Después, tras la fase de ensamblaje, puesta a punto del motor de 1.000 CV, adquisición de profundo conocimiento de todas y cada una de sus piezas, mecanismos y componentes, y verificación muy exhaustiva del perfecto funcionamiento de todo durante tres años

por parte de un grupo de ingenieros aeronáuticos, mecánicos y pilotos profesionales de la FIO de primerísimo nivel, con abundante know-how y experiencia en la esfera de la mecánica tradicional aeronáutica,

el domingo 4 de mayo de 2008, el Polikarpov I-16 Mosca CM-249 de la Fundación Infante de Orleans realizó su primera exhibición pública en vuelo en el aeródromo de Cuatro Vientos, pilotado por Carlos Valle (que ha seguido haciéndolo hasta la fecha), generando el asombro, fascinación y aplauso unánime de las miles de personas que se congregaron aquel día para ver evolucionar en el aire a este icono de la historia de la aviación,

siendo desde entonces uno de los aparatos más representativos de la colección de aviones históricos en vuelo de la Fundación Infante de Orleans.
DESPEDIDA COMO PILOTO DEL POLIKARPOV I-16 MOSCA CM-249 DE UN GRAN PROFESIONAL DE LA AVIACIÓN
Falta aproximadamente una hora para el comienzo de la exhibición de aviones históricos en vuelo (que se celebra cada primer domingo de mes, excepto en enero y agosto) este 2 de febrero de 2025.

Darío Pozo (speaker de la Fundación Infante de Orleans que explica a los espectadores durante la fase de exhibición estática y visita guiada entre las 11:00 h y las 12:30 h las características más importantes de cada avión de esta fabulosa colección de aeronaves clásicas, así como los aspectos más interesantes de su historia) está relatando a los entusiastas de la aviación que se han dado cita en el día de hoy las principales singularidades y peripecias diacrónicas del Polikarpov I-16 CM-249 de la FIO, junto al que se halla de pie.

De repente, anuncia a los más de 2.000 espectadores que han acudido al aeródromo de Cuatro Vientos, que hoy será el último vuelo de Carlos Valle (Presidente de la FIO) como piloto de este avión ciertamente único en su género y repleto de carisma.
Darío Pozo (auténtica enciclopedia viviente de aviación, especialista en relatar de modo muy ameno y sencillo las características más significativas e historia de cada avión clásico de la FIO, intentando constantemente que todo el mundo pueda entenderlas) continúa explicando al público asistente datos relevantes sobre esta aeronave.

La labor de Carlos Valle ha sido decisiva, no sólo como piloto del Polikarpov I-16 CM-249, sino también como figura clave en la evolución, preservación y expansión de la FIO y de los hombres y mujeres que la integran, desde su fundación en 1989, para dar a conocer el Patrimonio Aeronáutico Español, rescatar del olvido y mantener en perfecto estado de vuelo legendarios aviones clásicos que han escrito páginas de oro en la Historia de la Aviación.
Treinta y seis años en los que este excepcional piloto y gran persona, caracterizado por su tremenda experiencia de vuelo con todo tipo de aeronaves, con una inefable tenacidad y capacidad para mantener la calma incluso en las situaciones más extremas, tomando decisiones acertadas, y que siempre ha sabido estar en las duras y en las maduras, ha sido con diferencia la persona que más ha llevado sobre sus hombros el devenir de la Fundación Infante de Orleans,

con admirable entereza, capacidad de lucha y altruismo, siendo su presidente desde 1997, convirtiendo con frecuencia la necesidad en virtud y consiguiendo salir adelante a base de esfuerzo, tesón, tremendo conocimiento e inquebrantable pasión por la aviación, después de momentos muy difíciles como fueron el desgraciado accidente que costó la vida al comandante Ladislao Tejedor cuando pilotaba el HA-200 Saeta o la pandemia que durante dos años causó estragos en prácticamente todos los sectores profesionales y deportivos.

Porque Carlos Valle, poseedor del Diploma de Honor otorgado por la Federación Aeronáutica Internacional, ha sido el piloto más decisivo e importante de todos los tiempos a nivel mundial en la preservación del acervo histórico, aeronáutico, de prestaciones todavía espectaculares hoy en día y de difusión del extraordinario carisma del caza Polikarpov I-16 Mosca como aeronave en perfectas condiciones de vuelo.
Un logro admirable, ya que este mítico caza de combate diseñado a comienzos de 1933 (hace nada menos que 92 años) por el ingeniero aeronáutico ruso Nikolai Polikarpov (teniendo lugar el vuelo del primer prototipo con motor M.22 de 480 CV pilotado por Valeri Tchkalov el 31 de diciembre de dicho año), no es nada fácil de pilotar y precisa una enorme experiencia y pericia para poder dominar su indómito carácter, con la dificultad añadida de que es algo inestable en vuelo, y el piloto necesita dar 45 vueltas a una manivela para subir el tren de aterrizaje tras el despegue y bajarlo antes del aterrizaje, que hay que realizar a una velocidad muy alta de 120 km / h.
UN PARADIGMA DE LEGADO HISTÓRICO Y AERONÁUTICO

Durante los veinte años en que ha pilotado el Polikarpov I-16 CM-249 de la FIO, Carlos Valle ha mostrado a miles de personas cada primer domingo de mes en el aeródromo de Cuatro Vientos las extraordinarias cualidades de este avión, que entre 1933 y mediados de 1937 fue el mejor caza de combate del mundo, primero en incorporar tren de aterrizaje retráctil, con una tremenda capacidad de trepada gracias a su poderosa planta motriz, y que a partir de su entrada en servicio en 1935 utilizó principalmente motores radiales de 9 cilindros refrigerados por aire Shvetsov M25A y B ( versiones construidas bajo licencia del motor norteamericano Wright R-1820-F3 Cyclone ) con potencias entre 700 y 800 CV, dependiendo de los modelos, y el motor Shvetsov M-62 con sobrealimentador de de 2 etapas, un más eficaz sistema de inducción y 920 CV de potencia, introducido en 1937, mientras que el Polikarpov I-16 Mosca CM-249 de la FIO lleva un potentísimo motor de 1.000 C.V.

Carlos Valle, hoy por hoy el mayor especialista del mundo en volar el Polikarpov I-16 Mosca (ámbito en el que también han destacado otros pilotos como el gran Jurgis Kayris, Steve Taylor, John Lamont, etc),

ha pilotado durante 20 años este mítico avión, auténtico icono de la Guerra Civil Española, cuya leyenda se inició el 15 de noviembre de 1936, cuando varios Polikarpov I-16 Mosca, que habían despegado de la base de Alcalá de Henares, surcaron por vez primera los cielos de Madrid y derribaron varios bombarderos Ju-52 alemanes y cazas Fiat CR.32 Chirri italianos de escolta, algo que se repetiría con frecuencia durante los siguientes meses, revolucionando todos los conceptos que se tenían hasta ese momento acerca de lo que debía de ser un caza, ya que en él se priorizaba la velocidad sobre la maniobrabilidad.
Así pues, la aparición de este caza monoplano de combate ruso, con ala en voladizo y tren de aterrizaje retráctil, que en esos momentos era el más avanzado del mundo y alcanzaba una velocidad máxima de 455 km/h, fue una gran sorpresa, ya que su táctica de combate consistía en evolucionar previamente en vuelo muy bajo,

para lanzarse de repente en vuelo ascendente a gran velocidad (aprovechando su tremendo poder de trepada) sobre los aparatos enemigos, en vertiginosa pasada, abriendo fuego sobre ellos con sus dos ametralladoras ShKAS calibre 7,62 mm (situadas en la zona delantera de cada ala), cuyas balas impactaban en la zona baja (la que tenía menos protección) de los aviones alemanes e italianos que apoyaban al bando nacional.

A partir de ese momento, el Polikarpov I-16 dominó el espacio aéreo durante la Guerra Civil Española, incluyendo las Batallas de El Jarama ( 6-27 de febrero de 1937) y Guadalajara (8 de marzo-23 de marzo de 1937), hasta la Batalla de Brunete en Julio de 1937, cuando la Legión Cóndor alemana envió desde el frente norte sus cazas Messerschmitt BF 109B-1 y sus mejores pilotos, integrados en la Jagdstaffel 1. J/88 Marabú al mando del Hauptmann Palm y la Jagdstaffel 2. J/88 Zylinderhut al mando del Oberstleutnant Lehmann, ambas bajo el mando global del comandante Merhart von Bernegg, jefe de la Jagdgruppe J/88, que cambiaron las tornas a partir del 10 de julio de dicho año y dominaron el espacio aéreo sobre Brunete y pueblos cercanos, ya que el caza germano era tecnológicamente más avanzado, con superior maniobrabilidad, una velocidad máxima de 465 km/h y más resistente que el Polikarpov I-16 Mosca al impacto de balas, aunque su armamento era inferior, con sólo dos ametralladoras MG 17 calibre 7,92 mm.
No obstante, el Polikarpov I-16 se batió bien contra los Messerschmitt BF-109 B y C, hasta el punto de que el 13 de Julio de 1937, cuando el piloto norteamericano Frank G. Tinker, que volaba el Polikarpov I-16 CM-023 Mosca de la primera escuadrilla del primer escuadrón al mando de Alexandr Minaiev, derribó el Messerschmitt BF-109B1 del Ufzz. Güido Höneb.
Frank G. Tinker, piloto que había sido contratado en Diciembre de 1936 para combatir con la Fuerza Aérea Republicana, terminaría la guerra con un total de 8 victorias confirmadas: dos Me-109B1, tres Heinkel He 51 C-1 y tres Fiat CR.32.
Pero a finales de 1938 apareció el Messerschmitt BF-109 E » Emil « con motor lineal Daimler-Benz DB 601A de 1100 CV, 12 cilindros en V invertida a 60º, refrigerada por agua, sistema de alimentación por inyección directa de combustible, velocidad máxima de 568 km/h, nuevo sistema de convertidor de par hidráulico controlado barométricamente para el accionamiento del compresor mecánico, que ajustaba la velocidad de las aletas automáticamente, dependiendo de la altura, era capaz de operar bajo las condiciones de G negativa cuando muchos sistemas de carburación dejaban de funcionar, y además, era más maniobrable, tenía mejor armamento y un mayor techo de combate.

Ésto supuso el definitivo final del mítico Polikarpov I-16 Mosca como caza de superioridad aérea, comenzando a estar obsoleto tan sólo cinco años después de su primer vuelo el 31 de diciembre de 1933, lo cual indica la rapidísima evolución tecnológica ya por entonces en el mundo de la aviación, que aumentaría a ritmo vertiginoso durante la Segunda Guerra Mundial, con la aparición de formidables cazas de combate mucho más avanzados y con prestaciones muy superiores, como las distintas versiones de Spitfire británico, los Messerchmitt BF-109F » Friedrich «, BF-109G » Gustav «, BF-109K-4 y otros, el Mitsubishi A6M » Zero «, las distintas variantes del Focke-Wulf 190 (incluyendo el Focke-Wulf 190-D9 » Dora «, quizá el mejor caza de todo el conflicto), el North American P-51 Mustang, el P-47 Thunderbolt, el Lavochkin La-5, el Yakovlev Yak-3, el Lavochkin La-7 y otros.
CARLOS VALLE TORRALBO REALIZA SU ÚLTIMO VUELO COMO PILOTO DEL POLIKARPOV I-16 CM-249 DE LA FUNDACIÓN INFANTE DE ORLEANS
Son las 12:30 h del domingo 2 de febrero de 2025.
Una enorme cantidad de público, más de 2.000 personas, han sido informadas a través de megafonía, durante la fase previa de exhibición estática de aeronaves, de que Carlos Valle volará hoy por última vez este avión.

Carlos Valle está ya de pie sobre la pequeña escalera de acceso a la cabina para realizar su último vuelo con este aparato que rezuma fuerte personalidad y muy especial aura.
La multitud aguarda impaciente y con indescriptible emoción contenida el arranque del motor del Polikarpov I-16 CM-249, pilotado por el Presidente de la FIO,

que se produce a las 12:35 h, con ese bramido tremendo, único e incomparable de la potentísima planta motriz radial a pistón Shvetsov ASh-62 de 9 cilindros y 1000 CV de potencia, refrigerado por aire, con sobrealimentador de doble velocidad y eficaz sistema de inducción, que enamora a cualquier apasionado de la aviación y su historia.

Carlos Valle está ya dentro de la cabina de vuelo del Polikarpov I-16 CM-249, mientras un mecánico de la Fundación Infante de Orleans le mira atentamente.
Es una visión indescriptible, alucinante, por momentos de otra época, porque además,

el Presidente de la FIO lleva con él dentro de la cabina nada menos que el casco de vuelo de José María Bravo (con quien tuvo gran amistad y que le fue regalado por él en 2006, tres años antes de su fallecimiento el 26 de diciembre de 2009),

que se pone sobre su cabeza en pocos segundos.

Carlos Valle Torralbo empieza a avanzar hacia la zona de despegue a los mandos del Polikarpov I-16 CM-249 de la FIO, para realizar su último vuelo con este mito viviente de la Historia de la Aviación.

La emoción está alcanzando cotas estratosféricas entre las más de 2.000 personas presentes en el aeródromo de Cuatro Vientos, que se disponen a presenciar la despedida de Carlos Valle (hombre muy querido, admirado y respetado en el entorno aeronáutico en España y el extranjero) como piloto de esta legendaria aeronave.

El muy numeroso público asistente llena por completo la zona adyacente a la valla de separación entre el área de exhibición estática de aeronaves (desde la que salen hacia la zona de despegue) y está captando a este carismático avión con sus cámaras fotográficas y smartphones.

José María Bravo, fallecido en 2009, está muy orgulloso de Carlos Valle y del enorme esfuerzo que ha hecho durante tantos años para rescatar del olvido esta joya atemporal, difícil de manejar, ya que para conseguir la mejor posible maniobrabilidad del avión, en equlibrio con su gran velocidad para la época, su diseñador Nikolai Polikarpov desplazó conscientemente el centro de gravedad de la aeronave hacia atrás, alterando la estabilidad, por lo que es necesaria una gran especialización, mucha experiencia, gran pericia y máxima concentración para poder volar con él.

Carlos Valle está ya en el aire, pilotando este caza de combate con la gran habilidad, inmenso know-how y amor sincero por esta aeronave ciertamente única que siempre le han caracterizado.
Casi 90 años después de su primera aparición en el cielo de Madrid el 15 de noviembre de 1936, el poderoso rugido de este singular aparato vuelve a escucharse en el aeródromo de Cuatro Vientos.
Ver volar a este avión es una experiencia inolvidable, que ha catalizado durante casi veinte años la llegada a la exhibición aérea de la FIO cada primer domingo de mes, de miles y miles de personas procedentes no sólo de la provincia de Madrid, sino de toda España y de otros países de los cinco continentes, además de haber sido plasmado durante todos estos años por Paco Rivas y Shery Shalchian (Fotógrafos Oficiales de la FIO).

La descomunal potencia y velocidad de este avión para su tamaño y época son algo inenarrable para cualquier apasionado de la aviación y de la historia.

Es un avión robusto, de fuselaje corto, muy ágil y con un acabado algo tosco y no tan perfecto como otros cazas posteriores, pero exhibe una especial elegancia y extraordinario carisma, en plena sinergia con su potentísimo motor de 1.000 CV.

El dominio de pilotaje de Carlos Valle con este avión, muy difícil de tripular, es verdaderamente admirable, y los espectadores disfrutan a raudales.
Es como si estuvieran inmersos en una máquina del tiempo, con la aeronave pintada de verde, luciendo el indicativo CM-249 y el famoso Seis Doble en el timón de cola que lucía el avión de José María Bravo, as de la aviación republicana y jefe de la Tercera Escuadrilla de Polikarpov I-16 Moscas durante la Guerra Civil Española.

El inconfundible sonido de su planta motriz radial Shvetsov ASh-62 de 9 cilindros y 1000 CV de potencia genera oleadas simultáneas de fascinación y estremecimiento entre el público, que vive momentos inolvidables inherentes a una etapa de oro de la aviación, previa a los reactores, en la que las aeronaves eran impulsadas por motores a pistón con hélice.
En este sentido, el Mosca es uno de los aviones de la colección FIO que precisa más ímprobos esfuerzos de mantenimiento, que trascienden con creces su revisión anual, como consecuencia de las vibraciones que genera su potentísimo motor, por lo que tras cada vuelo hay que comprobar hasta el último remache.

A ello hay que añadir el muy meritorio perfecto equilibrio de hélice del Polikarpov I-16 Mosca CM-249 realizado por el C.R.M (Centro de Restauración y Mantenimiento) de la FIO, uno de los referentes mundiales en su ámbito, que ha sido el factor fundamental para que las vibraciones no sean excesivas, en eficaz sinergia con la labor de una empresa extranjera especializada a la que se envía dicha hélice con la adecuada periodicidad.

Y la plantilla del CRM de la Fundación Infante de Orleans está formada por especialistas con gran conocimiento y experiencia, ingenieros y mecánicos voluntarios dedicados a realizar restauraciones que precisan mucho tiempo e ímprobo esfuerzo, siendo conocedores tanto de las tecnologías más modernas como de técnicas artesanales como el entelado y los trabajos en madera, por lo cual se tuvo que revivir antiguas profesiones y oficios que habían dejado de existir.
Porque detrás del vuelo de cada uno de los aviones de la Fundación Infante de Orleans hay muchísimo trabajo previo de taller, a veces incluso años de dedicación intensiva a un modelo concreto.
Siempre con una filosofía que ha sido la más importante seña de identidad de la FIO durante su exitosa andadura : que los aviones sean los protagonistas del enorme esfuerzo colectivo realizado, por lo que la prioridad es ensalzar las aeronaves.

Un sueño hecho realidad, ya que durante toda su existencia, la Fundación Infante de Orleans ha sido y sigue siendo un auténtico buque insignia entre las organizaciones dedicadas a la preservación de aviones clásicos en buen estado de conservación, a los que mantiene en condiciones de vuelo gracias a exhaustivas revisiones periódicas que optimizan los niveles de seguridad.

No es pues de extrañar que Carlos Valle haya afirmado con frecuencia que el CRM con sus mecánicos, ingenieros, etc, es el corazón de la FIO, junto con los pilotos que a lo largo de su historia han estado a los mandos de su amplísima gama de aviones clásicos en excelentes condiciones de vuelo.

Instante en que el Polikarpov I-16 Mosca CM-249 pilotado por Carlos Valle, muestra su zona inferior en la que es visible el tren de aterrizaje retráctil que ha sido subido de modo manual al comienzo del vuelo mediante 45 vueltas de manivela que funcionan con un mecanismo de cables.
Piloto de élite veterano (fue integrante del Equipo Español de Vuelo Acrobático entre 1982 y 1987 con Fernando Adrados, José Luis Balcells, Luis Cabré, Ciro Ucelay, Antonio Alfaro y Ramón Alonso), Carlos Valle siempre ha vivido por y para la aviación, imbuido además de un admirable altruismo que siempre le hizo tratar de evitar riesgos a otros pilotos compañeros, probando él primero los aviones que llegaban a la FIO, e incluso trajo hace años desde Inglaterra, volando sobre el Canal de la Mancha, con escasos instrumentos de navegación aérea, los aparatos Miles Falcon, British Eagle y Dragon Rapide que forman parte de la valiosísima colección de la Fundación Infante de Orleans, hoy por hoy la tercera de Europa en número de aviones clásicos en vuelo y que goza de un gran prestigio internacional.

Probablemente, muy pocos pilotos en la Historia de la Aviación hayan tenido la increíble polivalencia y versatilidad de Carlos Valle volando a gran nivel todo tipo de aeronaves, tanto las más fáciles y cómodas como las más difíciles e incómodas, cada una de ellas con distinta tecnología y prestaciones, pilotando diferentes aviones clásicos con motor a pistón ( está capacitado para volar todas las aeronaves de la FIO, fabricadas entre 1923 y 1954) y también reactores ( fue comandante de vuelo de Iberia entre 1974 y 2014, pilotando el bimotor McDonnell Douglas DC-9 durante su etapa inicial, desarrollando después una extensísima carrera profesional).
Carlos Valle, alma diacrónica de la Fundación Infante de Orleans, que posee el Diploma de Honor otorgado por la Federación Aeronáutica Internacional, ha preconizado desde los albores de la organización la fusión de humanismo y tecnología para conseguir que los jóvenes se interesen por la aviación española.
Nadie como él sabe los enormes sacrificios que han sido necesarios para mantener viva la Fundación Infante de Orleans durante sus treinta y seis años de singladura.

Una vez más, el impresionante régimen de trepada (superior a todos los cazas de su época) con gran velocidad ascendente de la aeronave es algo que deja una huella indeleble en los espectadores,

que asisten atónitos a los movimientos en el aire del Polikarpov I-16 CM-249 de la Fundación Infante de Orleans
Siendo también atronador el sonido de motor durante los descensos de aeronave a los mandos de Carlos Valle (enorme su figura y colosal su trabajo al frente e la FIO, conservando y ampliando el patrimonio histórico y aeronáutico de la aviación española),

que realiza ya sus últimas maniobras en el aire,

tras lo cual aterriza y pone fin a su fascinante y muy trascendental etapa de 20 años como piloto del Polikarpov I-16 CM-249 de la Fundación Infante de Orleans, poniendo broche de oro a una bella página de la Historia de la Aviación que ha protagonizado por méritos propios.






