Ariel Shocron Croitoru.- Aquel día se dio lo que en Seguridad llamamos un “Cisne Negro”.
El vuelo FlyDubai FZ1073, entre Dubái (EAU) y Tel Aviv (Israel), se encontraba sobrevolando Arabia Saudí a una altitud de crucero de 35.000 pies cuando, aparentemente, el copiloto atacó al comandante de la aeronave con un cuchillo y metió al avión en un descenso incontrolado con un régimen de más de 10.000 pies por minuto. Esto provocó una gran aceleración del avión, que estuvo a punto de sobrepasar los esfuerzos estructurales máximos de la aeronave, lo que habría tenido efectos catastróficos sobre la integridad de la célula del avión. De hecho, parte del timón de dirección sufrió daños considerables debido, posiblemente, al bataneo producido por el exceso de velocidad al que se vio sometido este avión durante el descenso.
Afortunadamente, el comandante fue capaz de desbloquear la puerta de la cabina para que la tripulación pudiera auxiliarle y retomar el control. Lo hicieron con ayuda de varios pasajeros y con la suerte de que entre estos había otros dos pilotos de la compañía, por ser un vuelo largo (ida/vuelta).
Tras el 11-S, se dictaminó que las cabinas debían estar blindadas y aisladas del resto de la cabina, pensando en que alguien ajeno a la operación pudiese tener acceso y provocar una catástrofe.
El accidente del A320 de Germanwings nos advirtió del peligro no intencionado que suponía tener una puerta infranqueable, pues uno de los pilotos aprovechó que estaba solo en la cabina para bloquear el acceso y estrellar el avión.
Desde las distintas asociaciones de pilotos hemos defendido estas medidas. Siempre hemos defendido la importancia de la selección de pilotos, la salud mental de los tripulantes (recordemos los programas de Apoyo a Pilotos, como el CIRP que creamos en SEPLA hace 15 años) y las medidas mitigadoras del riesgo previas al vuelo.
La industria, en su obsesión por abaratar costes, sugirió hace una década que sería posible operar un vuelo con un solo piloto a los mandos, y que tendría unos valores de seguridad equiparables a los de ir con dos pilotos. Pero, a raíz de lo sucedido aquel día, pregunto: ¿qué habría pasado si ese único piloto hubiese estado a los mandos? ¿Habría convertido a este B737-8 MAX en otro proyectil balístico, o habría estrellado el avión con todo su pasaje y tripulación?
La seguridad, a día de hoy, la garantizan dos pilotos bien entrenados, bien descansados, en perfectas condiciones psicológicas y con sus chequeos de seguridad previos por parte de las autoridades. Quizá haya avances tecnológicos, pero la Seguridad solo se puede garantizar así.
Alegrémonos de que los reflejos del Cte. Machchhar permitieron actuar al resto de la tripulación y al pasaje, que se convirtió en un eje fundamental para el final feliz que hubo aquel día. Todos los pasajeros llegaron a Tel Aviv, el Comandante fue atendido en un hospital saudí y el copiloto quedó en manos de las autoridades.
Mazal Tov a todos los intervinientes.






