¿El principio del fin?

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Arde AENANos alegramos todos los que conocemos el mundo de la Navegación Aérea. Lo adornen como lo adornen, todos sabemos que la guerra contra el controlador ha costado, está costando, millones a las compañías y son ellas las que tienen que presionar para que esta banda se vaya. Librero llegó pretendiendo, decía, introducir un poco de cordura en la gestión de Navegación.

Soy de los que pienso que falta hacía. Ofreció unas propuestas de II Convenio, allá por el 2009, que ya quisiéramos ahora. El tiempo nos ha enseñado que de cordura nada que solo quería acabar con nosotros, humillarnos. Si entonces hubiéramos aceptado alguna de sus propuestas de Convenio, pronto habríamos descubierto que todo era una pantomima, que el fin de todo era tenernos donde nos tienen ahora, o peor.

Se rodeó, a nivel operativo, de lo peorcito del cuerpo de control, los que la frecuencia les da "repelús", los indocumentados de primera ávidos de protagonismo, alguno cargado de resentimiento hacia el colectivo, alguno cargado de deudas y que no se podía permitir sufrir una disminución de sus ingresos, alguno que mendigó el puesto huyendo de la sala, inconformistas con su mediocridad que quieren sacar pecho diciendo que son "jefes" a quien les quiera escuchar, que son algo más que esa masa que se limita a hacer la labor más necesaria en este negocio, el separar aviones con seguridad.

Espero que se den cuenta de que su labor no ha sido tan necesaria, que lo que ellos han hecho lo podría haber hecho cualquiera por cuatro perras, que solo han sido y siguen siendo los bufones de la corte, los tontos útiles al servicio de intereses que ni ellos conocían, los mamporreros, los "correveydiles" de sus amos que les pagan a fin de mes y les hace sentirse importantes porque les obligan a llevar traje y corbata y a tener reuniones de trabajo, donde son meras comparsas, mientras, estoy seguro, su conciencia les da punzadas en la tripa.

Ellos han tenido tiempo de SOLIDARIZARSE con sus compañeros y volverse a sus dependencias, dejando a la Librero sola ante el peligro. Les habríamos recibido con los brazos abiertos y como héroes. Ellos lo saben, pero son tan torpes y tan mezquinos que no han tenido esa altura de miras que la vida te exige en determinados momentos. Me dan pena, sobre todo los más próximos a mí a los que mejor conozco. Yo si les voy a recibir con los brazos abiertos, pero no como héroes sino como los grandes perdedores de esta guerra, porque han perdido LA DIGNIDAD, y son dignos de lástima.

No cantemos victoria, pero continuemos manteniendo la dignidad haciendo nuestro trabajo, como hasta ahora, con la seguridad que siempre tuvimos en que nosotros somos imprescindibles y ELLOS !NO!, que sus cadáveres pasarán delante de nosotros y nosotros seguiremos DE DERROTA EN DERROTA, HASTA LA VICTORIA FINAL.

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