Aviación Digital, Sp.- El curso «Un país aeroespacial», celebrado del 22 al 24 de julio en San Lorenzo de El Escorial dentro de los Cursos de Verano Complutense, reunió a representantes de la Administración española, las instituciones europeas y organismos internacionales para debatir cómo transformar la capacidad tecnológica de España en una red estable de influencia. Moderada por Inmaculada Figueroa, del Ministerio de Ciencia, Innovación y Universidades, la sesión contó con un representante del Centro Nacional de Inteligencia, con un representante de la Dirección General de Industria de Defensa y Espacio de la Comisión Europea, Ignacio Fernández; Pablo Conde, de ICEX España Exportación e Inversiones; Marta March, de la Representación Permanente de España ante la Unión Europea; y el amigo de esta casa, Ángel Luis Arias, de la Organización de Aviación Civil Internacional.
En el imaginario colectivo, la inteligencia estatal continúa asociada a gabardinas, micrófonos ocultos y operaciones desarrolladas en la penumbra. Sin embargo, en el tablero de la alta tecnología aeroespacial, la protección de los intereses nacionales tiene mucho más que ver con el conocimiento, las cadenas de suministro, la seguridad económica y la capacidad para situar expertos en los espacios donde se toman las decisiones.
La soberanía de una nación en el siglo XXI no se mide únicamente por la potencia de sus motores, el número de satélites desplegados o la dimensión de sus presupuestos. También depende de una red menos visible: profesionales con conocimientos especializados, presencia internacional y acceso a los organismos que definen las políticas industriales, regulatorias y de seguridad.
Ese fue uno de los principales mensajes de la sesión: España dispone de capacidades aeroespaciales consolidadas, pero necesita conectar mejor sus activos humanos, industriales e institucionales.
El mito del espía frente a la realidad del servicio
El representante del Centro Nacional de Inteligencia (CNI) planteó la necesidad de desterrar algunos de los estereotipos asociados a los servicios de inteligencia. Su intervención presentó al organismo no solo como una estructura dedicada a la obtención y análisis de información, sino como un servicio orientado a proteger los intereses estratégicos de España.
«El CNI es un servicio secreto, pero tenemos mucho más de servicio que de secreto. Nuestra vocación es ayudar a España y servir a los españoles».
Esta visión sitúa la seguridad económica, la protección tecnológica y el apoyo a los sectores estratégicos dentro del perímetro de actuación de la inteligencia moderna. En el ámbito aeroespacial, donde las tecnologías civiles y militares se encuentran cada vez más interrelacionadas, la defensa de las capacidades nacionales requiere anticipar riesgos que van desde la pérdida de propiedad intelectual hasta la dependencia de proveedores externos.
La inteligencia estatal, según se expuso durante el curso, no observa el ecosistema aeroespacial de manera aislada. Lo analiza como una infraestructura esencial para las comunicaciones, la navegación, la observación de la Tierra, la defensa, la gestión de emergencias y el funcionamiento de sectores económicos completos.
El CNI como protector de la economía estratégica
La actuación del CNI está orientada por la Directiva de Inteligencia, un documento de carácter reservado que establece las prioridades anuales del organismo. Aunque su contenido no es público, el representante del Centro señaló que la protección de la economía y de los sectores tractores ocupa una posición central.
Durante la sesión se indicó que, de aproximadamente 600 millones de euros presupuestados para el ámbito aeroespacial durante los últimos doce años, unos 530 millones se habrían concentrado en los cuatro años más recientes. Esta cifra, atribuida a la intervención del representante del CNI, refleja el creciente peso político, industrial y presupuestario adquirido por el sector.
El aumento de recursos respondería a la consideración del espacio como un dominio estratégico y al avance de las tecnologías de doble uso. La computación cuántica, la inteligencia artificial, las comunicaciones seguras o los sistemas espaciales ya no siguen necesariamente una transferencia lineal desde el sector militar hacia el civil.
En muchos casos, la innovación comercial avanza con mayor rapidez y acaba incorporándose a aplicaciones de seguridad y defensa. Este cambio obliga a proteger no solo los grandes programas estatales, sino también a empresas emergentes, centros de investigación, proveedores especializados y profesionales con conocimientos críticos.
La paradoja del lobo solitario español
Uno de los diagnósticos más incisivos de la jornada fue la existencia de una paradoja nacional: España cuenta con profesionales muy valorados en las instituciones internacionales, pero no siempre dispone de una arquitectura estatal suficientemente coordinada para acompañar sus trayectorias y aprovechar su experiencia.
El representante del CNI comparó esta realidad con el modelo francés, caracterizado —según explicó— por una planificación más sistemática de las carreras de determinados profesionales. Francia habría desarrollado mecanismos de inteligencia económica capaces de orientar durante años los perfiles, destinos y especializaciones necesarios para situar a sus representantes en puestos estratégicos.
El profesional español, por el contrario, suele alcanzar posiciones internacionales de relevancia a través de una combinación de preparación técnica, experiencia personal y esfuerzo individual. Es la figura del «lobo solitario»: un experto de alto nivel que logra acceder a organismos decisivos sin haber contado necesariamente con una estrategia nacional coordinada.
El reto para España consiste en convertir esos éxitos individuales en una política de influencia estable. No se trataría de condicionar la independencia profesional de los expertos, sino de establecer canales de relación transparentes, legítimos y compatibles con sus responsabilidades institucionales.

Algoritmos españoles en el corazón de Galileo
Ignacio Fernández, representante de la Dirección General de Industria de Defensa y Espacio (DG DEFIS) de la Comisión Europea, destacó la contribución española al programa europeo de navegación por satélite Galileo.
Según explicó durante la sesión, empresas y especialistas españoles participan en elementos tecnológicos esenciales para el funcionamiento de la constelación. Entre ellos se encuentran algoritmos relacionados con el cálculo de las órbitas y los relojes de los satélites, componentes fundamentales para determinar la precisión de las señales de posicionamiento.
Fernández también puso en valor la presencia en España de capacidades operativas vinculadas a los servicios de Galileo. El país no solo participa como suministrador industrial, sino que alberga infraestructuras y equipos implicados en la generación y distribución de información crítica sobre el estado de la constelación.
La aportación española se caracteriza, de acuerdo con su intervención, por una elevada eficiencia técnica. El sector nacional habría conseguido asumir responsabilidades de primer nivel y obtener retornos significativos con recursos inferiores a los movilizados por algunos de los principales socios europeos.
Este resultado refuerza la idea de que el peso aeroespacial de un país no depende exclusivamente del volumen presupuestario. La especialización, la fiabilidad tecnológica, la continuidad industrial y la capacidad de integración en programas multinacionales pueden resultar igualmente determinantes.
Bruselas y la obligación de estar presentes
Otro de los asuntos abordados fue la relación entre los profesionales españoles destinados en instituciones internacionales y la Administración nacional. En el complejo ecosistema formado por la Comisión Europea, la Agencia Espacial Europea (ESA), la Agencia de la Unión Europea para el Programa Espacial (EUSPA), la Agencia de la Unión Europea para la Seguridad Aérea (EASA) o Eurocontrol, conocer dónde, cómo y cuándo se adoptan las decisiones constituye un elemento básico de influencia.
Ignacio Fernández defendió que mantener una relación fluida con las instituciones españolas no representa, por sí mismo, un conflicto de interés. Por el contrario, consideró que informar sobre los procesos, calendarios y foros de decisión forma parte de una relación institucional normal entre los expertos destinados en el exterior y su país de origen.
La cuestión no consiste en compartir información confidencial, secretos industriales o contenidos protegidos. Se trata de evitar que los intereses españoles queden fuera de determinados procesos por falta de presencia, coordinación o conocimiento sobre los mecanismos de decisión.
En Bruselas, una parte relevante de la política industrial y regulatoria se construye antes de que las propuestas alcancen su fase pública. Participar en los grupos técnicos, paneles, consultas y redes profesionales permite identificar oportunidades, anticipar requisitos y preparar posiciones nacionales con mayor margen.
España necesita escala para competir globalmente
Pablo Conde, de ICEX España Exportación e Inversiones, introdujo una perspectiva empresarial y geopolítica. España dispone de compañías con tecnologías competitivas, pero el tamaño del mercado nacional y la dimensión de parte de su tejido industrial pueden convertirse en una barrera cuando se compite por grandes contratos internacionales.
La respuesta pasa por ganar escala, participar en consorcios, reforzar la cooperación internacional y ampliar la presencia en mercados exteriores. En el sector aeroespacial, donde los ciclos comerciales son largos y la confianza constituye un activo esencial, los contactos personales continúan desempeñando un papel difícilmente sustituible.
Conde destacó la red exterior de ICEX, compuesta —según se indicó durante la sesión— por 108 oficinas comerciales. Esta infraestructura funciona como un sistema de detección de oportunidades, socios, licitaciones, fuentes de financiación y tendencias regulatorias.
Aunque la inteligencia artificial permite procesar volúmenes crecientes de información, la denominada inteligencia humana conserva una ventaja decisiva: interpretar contextos, identificar interlocutores, comprender las dinámicas locales y construir relaciones de confianza.
Para una empresa española que aspira a integrarse en un programa espacial, vender sistemas de navegación aérea o incorporarse a una cadena internacional de suministro, conocer a los actores relevantes puede ser tan importante como disponer de una buena solución tecnológica.
De una red de talento a una red de influencia
Ángel Luis Arias, vinculado a la Organización de Aviación Civil Internacional (OACI), defendió la necesidad de transformar las relaciones informales entre profesionales españoles en una verdadera red de influencia nacional.
La OACI, con sede en Montreal, es el organismo especializado de Naciones Unidas encargado de establecer principios y normas para la aviación civil internacional. Su actividad influye en asuntos como la seguridad operacional, la navegación aérea, la sostenibilidad, la interoperabilidad y el desarrollo del transporte aéreo mundial.
Desde esta posición internacional, Arias destacó el peso de España en la aviación global. Durante la sesión se citó la escala de Aena, operador de una amplia red de aeropuertos y responsable de infraestructuras que, en conjunto, gestionan cientos de millones de pasajeros.
También se puso en valor la capacidad de Indra y ENAIRE en el ámbito de la gestión del tránsito aéreo. Las empresas e instituciones españolas participan en el desarrollo, suministro y operación de sistemas empleados por proveedores de servicios de navegación aérea en diferentes países.
Arias aludió a contratos relevantes en mercados como Canadá y Estados Unidos como ejemplos de la capacidad exportadora española. No obstante, los detalles concretos de estos contratos no fueron incluidos en las notas facilitadas para la elaboración de este artículo.
Raíces históricas y proyección internacional
Marta March, de la Representación Permanente de España ante la Unión Europea (REPER), vinculó la ambición aeroespacial española con su trayectoria histórica.
España no parte de cero. Su tradición científica y aeronáutica incluye figuras como Emilio Herrera, ingeniero, aviador e inventor de una escafandra estratonáutica concebida para vuelos a gran altitud. Su trabajo es considerado uno de los antecedentes de los posteriores trajes presurizados empleados en la exploración espacial.
March resumió esta relación entre pasado y futuro mediante una expresión: «A los hijos hay que darles raíces y alas».
Las raíces representan el conocimiento acumulado, la historia industrial y las capacidades desarrolladas durante décadas. Las alas simbolizan la necesidad de proyectar esas fortalezas hacia Europa y el resto del mundo mediante una presencia continuada en organismos, empresas, programas y centros de decisión.
La soberanía tecnológica no significa aislamiento. En un sector definido por la cooperación internacional, supone disponer de capacidades propias suficientes para participar en igualdad de condiciones, elegir socios y reducir dependencias críticas.
Confianza, reciprocidad y transparencia
La construcción de una red española de influencia aeroespacial exige, según las intervenciones del curso, tres condiciones: conocimiento de los expertos disponibles, reciprocidad institucional y transparencia.
El primer paso consiste en identificar a los profesionales españoles presentes en empresas, instituciones europeas, organismos internacionales y centros de investigación. Sin un mapa actualizado de capacidades y posiciones, resulta difícil conectar conocimientos o movilizar experiencia cuando surge una oportunidad estratégica.
La reciprocidad implica que la relación beneficie a ambas partes. Las instituciones pueden proporcionar contexto, información pública organizada y una visión general de las prioridades nacionales. Los profesionales destinados en el exterior pueden aportar su experiencia sobre el funcionamiento de los organismos, las tendencias regulatorias y los debates técnicos, siempre dentro de los límites establecidos por sus responsabilidades.
La transparencia es imprescindible para evitar dudas sobre conflictos de interés. La colaboración debe desarrollarse mediante procedimientos claros, respetando las obligaciones profesionales, la confidencialidad y la independencia de cada participante.
España tiene talento situado en algunos de los principales nodos aeroespaciales del mundo, desde Bruselas y París hasta Montreal. La tarea pendiente consiste en conectar esos puntos y convertir la suma de trayectorias individuales en una capacidad colectiva.
El debate celebrado en San Lorenzo de El Escorial dejó una pregunta abierta: ¿está España preparada para ejercer plenamente su soberanía tecnológica o continuará dependiendo del esfuerzo aislado de sus «lobos solitarios»?






