El misil hipersónico Blackbeard de Castelion se integrará en los F-16 de la USAF

El Blackbeard es un misil de ataque con cohete y planeador de impulso (boost-glide) de un tamaño similar al del AIM-120 AMRAAM, lo que facilita su carga en cazas.

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La Fuerza Aérea de EE. UU. da un paso para dotar a su flota de F-16 de un misil de ataque de impulso y planeo, tras la modificación de un contrato con Castelion, mientras la Armada ya lo prueba en el F/A-18.

Aviación Digital, Sp.- La empresa estadounidense Castelion ha anunciado que el Laboratorio de Investigación de la Fuerza Aérea (AFRL) le ha adjudicado una modificación de contrato para iniciar la integración de su misil hipersónico Blackbeard en el caza F-16. El hecho abre una nueva plataforma a un arma que ya avanza con la Armada.

Por el momento, los datos económicos conocidos son los de contratos previos. Medios especializados publicaron una modificación del AFRL de septiembre por 16,4 millones de dólares y una inversión total de la USAF en investigación y desarrollo del Blackbeard de casi 21 millones de dólares hasta la fecha, con financiación que cubre el desarrollo hasta junio de 2028.

Otras publicaciones, como The Aviationist, citan un techo contractual del AFRL que habría pasado de unos 20,9 a unos 37,2 millones.

Un arma de impulso y planeo del tamaño de un AMRAAM

El Blackbeard es un misil de ataque con cohete y planeador de impulso (boost-glide) de un tamaño similar al del AIM-120 AMRAAM, lo que facilita su carga en cazas.

Según la Armada de EE. UU., su alcance de ataque se acerca a las 500 millas, unos 800 km.

Una de las particularidades del Blackbeard es su planteamiento industrial. Castelion pretende fabricar armamento hipersónico mediante procesos que permitan aumentar la producción sin recurrir exclusivamente a componentes especializados de elevado coste. Esta filosofía busca resolver uno de los principales problemas estadounidenses: disponer de suficientes unidades para sostener operaciones prolongadas.

El desarrollo también plantea importantes desafíos relacionados con los materiales. Durante el vuelo hipersónico, el rozamiento aerodinámico provoca temperaturas extremas en determinadas superficies del vehículo. Por ello, la resistencia térmica, la estabilidad estructural y el comportamiento de los sistemas electrónicos constituyen aspectos fundamentales del diseño.

Otra cuestión es la precisión. A velocidades tan elevadas, pequeñas desviaciones pueden traducirse en diferencias considerables respecto al punto de impacto. Los sistemas de navegación deben mantener su funcionamiento en condiciones de aceleración y calentamiento especialmente exigentes.

Qué ventajas militares puede ofrecer

El Blackbeard responde al interés del Pentágono por disponer de armamento capaz de penetrar defensas antiaéreas avanzadas. Su velocidad reduce el margen de reacción de los sistemas enemigos, aunque esto no significa que resulte imposible interceptarlo.

La maniobrabilidad del vehículo planeador constituye otro elemento relevante. Frente a las trayectorias balísticas más previsibles, esta tecnología permite introducir modificaciones durante el desplazamiento, dificultando los cálculos de interceptación.

También existe una dimensión logística. La posibilidad de fabricar mayores cantidades permitiría distribuir el armamento entre distintas unidades y reducir la dependencia de arsenales limitados.

Sin embargo, quedan incógnitas importantes. Castelion no ha divulgado públicamente todos los detalles sobre los materiales empleados, los sistemas de guiado, la carga útil o las prestaciones demostradas en ensayos.

La verdadera prueba llegará cuando el programa deba acreditar que puede combinar velocidad, precisión, fiabilidad y fabricación en serie sin que los costes terminen comprometiendo sus objetivos iniciales.

El precedente de la Armada

El programa no parte de cero. La Armada de EE. UU. adjudicó en abril un contrato de 105 millones de dólares para integrarlo en el F/A-18. El 18 de septiembre, la escuadrilla de ensayos VX-23 realizó en la base naval de Patuxent River (Maryland) pruebas de transporte y separación desde un Super Hornet.

En junio se firmó el primer contrato de producción, de 23,4 millones de dólares para 50 unidades de preproducción, y el arma fue seleccionada en el programa MACE con pedidos de hasta 200 millones de dólares.

La importancia de este misil reside en que llevar un arma de este tipo a un caza ligero, ampliamente extendido entre aliados, multiplica sus usuarios potenciales y permite atacar objetivos a distancia sin depender de bombarderos ni de lanzadores terrestres.

Al mismo tiempo, los plazos hasta 2028 indican que se trata de una fase de desarrollo, no de una capacidad operativa inmediata.

Por separado, el mismo día Lockheed Martin recibió 694 millones de dólares para producir el ARRW, otro programa hipersónico aire-superficie, lo que muestra el impulso que mantiene la Fuerza Aérea en esta categoría.

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