Inauguración a la sombra de un ídolo con los pies de barro

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De mozo iba a la facultad en tren y pasaba a diario por la estación de Chamartín. Me maravillaba el sistema de asignación de vías: los trenes que venían desde Nuevos Ministerios por el famoso y polémico túnel, todos por la misma vía, se distribuían en parrilla y acababa cada uno en su andén correspondiente. A su vez, los que llegaban por el norte acababan convergiendo en el túnel.
Un día coincidí en el tren con un trabajador ferroviario que, escuchando mi asombro ante este hecho, me interpeló muy educadamente y tuvo a bien explicarme como funcionaba el sistema de control ferroviario que permitía ese alarde tecnológico que suscitaba mi admiración. Yo le pregunté sobre si sería posible un error que desembocase en la asignación del mismo andén para dos trenes, o que varios entrasen a la vez en el túnel con el consiguiente accidente. Él se ofendió: habló del costoso sistema informático, de los controladores ferroviarios, de multitud de sensores, cambios de aguja, monitores que vigilaban cada tren, etc. También me habló de la dilatada experiencia de los operarios de RENFE, que eran unos señores curtidos en mil batallas y que se las sabían todas. Me habló de de la evolución del sistema ferroviario español, de cómo trabajaban, del buen hacer profesional que les guiaba en su tarea. Me quedé muy tranquilo con sus explicaciones, me despedí y me bajé en mi parada.
Ayer se inauguraba la nueva línea de cercanías C-1 a la T4 de Barajas. El más que reprobable y bisoño Ministro de Fomento, José Blanco, estuvo acompañado por Dña. Esperanza Aguirre y por D. Alberto Ruiz Gallardón. Me imagino los codazos entre los tres por ver quien acaparaba más titulares, que es lo único que le importa a un político y más si se trata de precampaña electoral. Sonrisas falsas, pullas sotto voce, esas cosas.
Voy a entrecomillar las palabras de la Sra. Aguirre, porque son muy importantes:

"Aguirre ha coincidido en que esta nueva infraestructura "refuerza otra tan importante para las economías madrileña y española como es Barajas" y, en este sentido, ha recordado que el 12 por ciento del PIB de la región y el 2 por ciento del PIB nacional emana del aeropuerto.

Barajas, según la presidenta, tiene "muchísima capacidad de crecimiento como hub, como nodo clave de las comunicaciones con Europa y el mundo", pero además, en momentos de crisis como el actual, "tiene gran importancia para la recuperación económica de España"".

El trayecto le cuesta al pasajero 2,15 euros. La obra ha costado 218 millones de euros que hemos pagado todos nosotros con nuestros impuestos y ha recaído en una serie de empresas constructoras y de ingeniería que han llevado a cabo la tunelación y todo lo demás.
Espero que aquel amable operario ferroviario con el que coincidí siga pendiente de nuestra seguridad. Espero que, al menos, ese tramo de transporte sea seguro.
Porque al llegar a la T4 de Barajas, muy probablemente para volar con Iberia hasta Barcelona, el pasajero se encontrará con un cuello de botella de la seguridad: los controladores de esa terminal desaparecerán por Decreto Ley en noviembre, a tres días de las elecciones generales. Se implanta el llamado "Servicio de Plataforma" (SDP), que es un eufemismo para prescindir de los dos controladores que ahora suministran control de tráfico aéreo en esa terminal a diario. Fomento y AENA dicen que con esto se ahorra. Y el padre de esta idea se llama Juan Ignacio Lema, actual presidente de AENA y Dios sabe de que más.
Al avión se le suministrará servicio de control a su salida de Barajas (pero no en la T4), en el despegue y ascenso inicial, en el tramo de nivel de crucero, en la aproximación a El Prat, en el aterrizaje y en el rodaje a su terminal de destino. Unos 10 controladores aéreos, en cadena, se irán pasando el avión desde su salida hasta su llegada.
Pero el rodaje inicial desde la T4 no tendrá control y será el piloto el que se tenga que separar del resto de los aviones mirando por la ventanilla y atendiendo a las informaciones de un personal escasamente cualificado, que no son controladores y que nunca han operado con tráfico real.
Al margen de lo que le cueste el billete de avión, el pasajero habrá pagado por el servicio de control de tráfico aéreo de esos 10 controladores unos 2 euros, es decir, menos de lo que le ha costado el trayecto en tren hasta el aeropuerto. Y no hablemos si el pasajero se ha desplazado en taxi: menos de 30 euros no habrá pagado. ¿Y el precio del billete de avión que compró? ¿Es más barato, al recibir menor servicio? Pues no, tampoco.
¿Quien se beneficia entonces con este soberano despropósito? Pues Ineco y quien quiera que esté detrás de esta decisión, con el abultado sobreprecio de la formación del personal del SDP, los estudios de riesgos, los pliegos técnicos y la contratación del personal. Lema es miembro del consejo de administración de Ineco.

Cuesta por tanto entender la máxima importancia que Dña. Esperanza Aguirre concede al aeropuerto de Barajas si se está mermando su operatividad de manera tan flagrante, con pelotazo incluído, justo al inicio del vuelo, en plena época de nieblas y retrocediendo a unos niveles de servicio impropios de ese gran HUB que es Barajas.
La Sra. Aguirre conoce de esta medida del SDP. Me consta. ¿Hará algo para remediarlo? Ya veremos.
El Sr. Blanco, con esa zalamería de provincias que se observa en la foto, le acaba de colar un gol a Dña. Esperanza en forma de bomba de espoleta retardada. Cuando él ya no esté en el Gobierno, la presidenta de la Comunidad de Madrid se comerá los problemas de la T4 de Barajas a cucharones y con repercusión mediática. Y Blanco se reirá desde donde quiera que esté, sin responsabilidades, sin culpas o mala conciencia, pensando que "la duquesa" es tonta, boba de necesidad, porque además ella calificó en su día su gestión de ministro como "notable".
Barajas, el ídolo con pies de barro, le acabará explotando a la duquesa cuando menos se lo espere. Sra. duquesa, el notable se la ha colado.

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