Aviación Digital, Sp.- La llamada llegó de madrugada, hacia las seis de la mañana del lunes 19 de octubre, cuando en Oliva, en la comarca valenciana de la Safor, había ya vecinos «con el agua al cuello».
Sobre la zona caía en ese momento una tormenta eléctrica intensa. La primera decisión de la tripulación del Helimer 202 no fue despegar hacia la zona inundada, sino esperar hasta que pasara la tormenta eléctrica: «porque no podemos entrar con todos los rayos, es muy peligroso«, nos explica uno de los pilotos de Salvamento Marítimo.
El helicóptero Helimer 202 de Salvamento Marítimo, operado por Avincis, rescató a 10 personas y un perro en Oliva (Valencia), según la información difundida por Salvamento Marítimo y recogida por distintos medios locales.
Posteriormente, de acuerdo con el testimonio de uno de los pilotos, la tripulación que asumió el relevo del turno de día consiguió rescatar a otras nueve personas, lo que elevaría el balance total de la aeronave a 19 personas y un perro.
La intervención se produjo en el contexto de la dana Adam, que dejó el 19 de octubre al menos tres fallecidos y alrededor de 500 rescates en la Comunitat Valenciana. Según los datos facilitados por el Gobierno y la Generalitat, siete helicópteros pertenecientes a distintas instituciones participaron en las operaciones de emergencia desplegadas en las zonas afectadas.
La intensidad de las precipitaciones fue especialmente elevada en el litoral sur de Valencia y el norte de Alicante.
La Agencia Estatal de Meteorología (AEMET) registró 131,9 litros por metro cuadrado en apenas una hora en la playa de Oliva, mientras que en diferentes puntos de las comarcas de la Safor y la Marina Alta se superaron los 500 litros por metro cuadrado acumulados en 48 horas.
Una tormenta eléctrica retrasó la entrada del Helimer 202 en Oliva
La operación del Helimer 202 se coordinó desde el Centro de Coordinación de Salvamento (CCS) de Valencia, dependiente de Salvamento Marítimo (Sociedad de Salvamento y Seguridad Marítima, SASEMAR), tras una petición de apoyo aéreo de Emergencias de la Generalitat Valenciana. La tripulación pertenece a Avincis, la empresa que opera los helicópteros de búsqueda y salvamento de Salvamento Marítimo.
Un helicóptero SAR es una aeronave equipada con grúa de rescate, medios de visión nocturna y una tripulación que incluye pilotos, operador de grúa y rescatador, preparada para extraer personas de lugares inaccesibles por tierra o por mar. En Oliva, ese lugar inaccesible eran los tejados.
Según el piloto de Salvamento Marítimo, la tripulación del Helimer 202 esperó a que remitiera la tormenta eléctrica, cargó más combustible y, al llegar a Oliva, empezó por el triaje: identificar quién estaba en peligro inmediato y quién podía esperar. «Era todo un camping», resume.
Unas 50 personas se habían refugiado en el restaurante del recinto y estaban bien; el problema estaba en los chalés y casas del entorno, rodeados de ríos, canales y ramblas desbordados, con gente subida a los tejados.
¿Cómo se rescató a un bebé desde un helicóptero en Oliva?
El CCS de Valencia iba transmitiendo al Helimer 202 las coordenadas de quienes pedían ayuda. Entre las 10 personas y el perro que sacó la primera tripulación, el piloto de Salvamento Marítimo destaca un bebé con su madre y su padre, una mujer mayor con su marido y otra persona, y una niña de cinco años con su familia.
Detrás de cada izado hubo un trabajo menos visible, el del propio Centro de Coordinación de Salvamento. Las peticiones de ayuda llegaban con referencias de tierra que, desde la cabina de un helicóptero, no sirven para navegar. «Todas las referencias de tierra nosotros las traducimos en el centro de coordinación a latitudes y longitudes para darle una cifra numérica al helicóptero», explica Ánghel Buenaga, jefe del Centro de Coordinación de Salvamento Marítimo en Valencia. Esa conversión es la que permite a la tripulación dirigirse al punto exacto de cada rescate.
Cada caso exigió un medio de izado distinto. La madre y el bebé subieron juntos en la cesta de rescate; según el piloto, el bebé «se ha subido dormido y ha seguido durmiendo todo el vuelo».
Para la niña se empleó el triángulo de rescate, un arnés de evacuación pensado para personas que no pueden colaborar en el izado, y para el resto de adultos, la eslinga, el lazo de rescate habitual en las grúas SAR.
Los rescatados fueron desembarcados en un puesto avanzado instalado en Oliva, donde recibieron primera atención.
El viento racheado complicó la operación, y en esa misma zona llegaron a coincidir siete u ocho aeronaves, entre ellas las de los bomberos y la de la Guardia Civil. El piloto valora que se habilitara una frecuencia de coordinación común entre helicópteros.
¿Qué ha cambiado respecto a la dana de 2024?
El mismo piloto de Salvamento Marítimo participó en los rescates de la dana del 29 de octubre de 2024, que dejó 229 víctimas mortales en la provincia de Valencia.
La comparación, a su juicio, es evidente: «Rescatábamos a la gente a punto de morir, de noche. Estábamos solos al principio». Con la llegada de más helicópteros a la mañana siguiente, recuerda, «fue todo más caótico».
En la dana Adam, el piloto describe un escenario distinto: «Aquí ha sido todo más ordenado, con más coordinación, y la gente estaba preavisada». Los vecinos se habían refugiado en segundas plantas y tejados, y la labor de las tripulaciones se centró en evacuar a los más vulnerables mientras el resto esperaba a que bajara el nivel del agua.
Según la Delegación del Gobierno y la Generalitat Valenciana, la dana Adam se saldó el 19 de octubre con tres fallecidos, dos de ellos en Oliva: una mujer de 79 años con movilidad reducida, hallada en su domicilio por la Unidad Militar de Emergencias (UME), y un hombre de 64 años que sufrió una parada cardiorrespiratoria en un camping.
La alcaldesa de Oliva, Yolanda Pastor, informó del desalojo de unas 2.000 personas de siete campings del municipio.

La coordinación aérea, la gran lección aprendida
El testimonio del piloto de Salvamento Marítimo apunta a dos factores operativos que marcan la diferencia en un rescate aéreo urbano por inundación.
- El primero es la gestión del riesgo meteorológico: no entrar en una tormenta eléctrica y repostar antes de llegar a la zona es la decisión que garantiza que la aeronave y su tripulación sigan disponibles el resto del día.
- El segundo es la gestión del espacio aéreo: siete u ocho helicópteros con grúa operando a baja altura sobre un área reducida, con viento racheado, exigen una frecuencia común y un reparto claro de sectores desde el primer momento, no a última hora.
La dana Adam muestra avances respecto a 2024 en aviso previo a la población y en coordinación entre centros, pero también confirma que la coordinación aire-aire entre medios de distintas administraciones sigue siendo el punto que conviene vigilar en futuros episodios de lluvias torrenciales en el litoral mediterráneo.
Con AEMET manteniendo el aviso naranja y la advertencia de que la tormenta podía reactivarse sobre zonas ya afectadas, ¿estarán los protocolos de coordinación aérea a la altura si episodios como este se vuelven cada otoño más frecuentes?






