Ángeles Piretti León, símbolo de la lucha por la seguridad aérea y la dignidad de las víctimas del vuelo JK5022 de Spanair, falleció el pasado lunes 12 de enero, tras casi dos décadas dedicadas a transformar su dolor en compromiso público.
Una vida marcada por el JK5022
El 20 de agosto de 2008, Ángeles perdió a su única hija, María Eugenia Núñez Piretti, de 33 años, y a su nieto Jorge, de 2 años, en el accidente del vuelo JK5022 en el aeropuerto de Madrid-Barajas, una tragedia que causó 154 fallecidos.
A partir de entonces, aquella mujer anónima se convirtió en una de las defensoras más firmes del movimiento de víctimas, decidida a que ni el siniestro ni sus causas se diluyeran en el olvido administrativo y judicial.
De madre y abuela rota a referente cívico
Lejos de replegarse en la intimidad del duelo, se integró en la Asociación de Afectados del Vuelo JK5022, donde llegó a desempeñar responsabilidades como vocal y tesorera, participando en homenajes, ruedas de prensa y comparecencias públicas.
En cada aniversario reiteró un mensaje incómodo pero necesario: la seguridad aérea no puede depender de que resulte “más barato” indemnizar a las víctimas que invertir en prevención y controles eficaces.

La Fundación A20 y el compromiso con la seguridad aérea
Fiel a esa convicción, Ángeles decidió destinar buena parte de la indemnización recibida por la muerte de su hija y su nieto a ayudar a perpetuar la Memoria a través de la Fundación A20 de Seguridad Aérea, de la que se convirtió en principal benefactora.
La entidad nació con el objetivo de promover una cultura de seguridad, apoyar a las víctimas y velar por que las lecciones del JK5022 no quedaran enterradas en sumarios y expedientes.
El premio que lleva sus nombres
En coherencia con ese legado, la Fundación A20 instituyó el Premio “Ángeles, Eugenia y Jorge Piretti”, destinado a reconocer a personas e instituciones que han contribuido de forma decisiva a mejorar la seguridad aérea en España.
En la primera edición del galardón, celebrada en 2025, un mensaje en vídeo de la propia Ángeles resumió su trayectoria: se definía como una mujer “rota de dolor”, pero agradecida con quienes cumplieron su palabra con las víctimas y trabajaron para evitar nuevas tragedias.
Un legado de memoria y exigencia
Dentro del colectivo del JK5022, su figura fue asumida como la de una “abuela coraje”, tenaz hasta la obstinación frente a la indiferencia institucional y la falta de respuestas plenas sobre lo ocurrido.
Con su fallecimiento desaparece una presencia moral incómoda para algunos, pero imprescindible para entender la historia reciente de la seguridad aérea en España, y queda la obligación, para quienes la conocieron y la escucharon, de mantener viva su demanda de verdad, justicia y reparación.






