¿Está la aviación de EEUU al límite? Los incidentes graves y la falta de recursos disparan las alarmas

La seguridad aérea estadounidense atraviesa un periodo de enorme presión. El aumento del tráfico, la escasez de controladores y el envejecimiento de parte de las infraestructuras han puesto a prueba un sistema que gestiona millones de operaciones cada año.

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La seguridad aérea estadounidense atraviesa un periodo de enorme presión. El aumento del tráfico, la escasez de controladores y el envejecimiento de parte de las infraestructuras han puesto a prueba un sistema que gestiona millones de operaciones cada año.

Los incidentes registrados en distintos aeropuertos y varios accidentes mortales han reabierto el debate en Estados Unidos sobre la necesidad de reforzar los recursos humanos y tecnológicos.

Las primeras advertencias se intensificaron en 2023, cuando la Administración Federal de Aviación (FAA) lanzó una llamada urgente para mejorar la seguridad.

 Aquel año se contabilizaron 23 incidentes graves relacionados con posibles colisiones en pista, frente a los 16 registrados en 2022.

De los incidentes graves a los accidentes mortales

Durante los primeros meses de 2023 se produjeron situaciones de riesgo en aeropuertos como John F. Kennedy, Honolulu, Burbank y Boston.

Uno de los episodios más preocupantes ocurrió en Austin, Texas, donde un avión de Southwest Airlines y otro de FedEx estuvieron separados por apenas 35 metros.

También se registró un incidente en Sarasota, Florida, cuando una aeronave de Air Canada recibió autorización para despegar mientras otro avión de American Airlines tenía permiso para aterrizar en la misma pista.

El 29 de enero de 2025 llegó una tragedia que volvió a situar la seguridad aérea estadounidense en el centro de la actualidad.

Un avión de American Airlines chocó contra un helicóptero militar Black Hawk cerca del aeropuerto Ronald Reagan de Washington. Murieron 67 personas.

La investigación de la Junta Nacional de Seguridad en el Transporte (NTSB) identificó problemas relacionados con la organización del control aéreo, la carga de trabajo y la gestión de las operaciones de helicópteros.

Huelga decir que la coordinación entre tripulaciones y controladores, los procedimientos operativos y el funcionamiento de los equipos constituyen diferentes barreras de seguridad que deben actuar conjuntamente.

Más tráfico aéreo y menos controladores disponibles

La presión aumenta a medida que crece la actividad. Según los datos recogidos en la información de referencia, Estados Unidos pasó de aproximadamente 54,5 millones de operaciones aeroportuarias en 2023 a 56,5 millones en 2024 y 57,4 millones en 2025.

El problema es que las plantillas no han evolucionado al mismo ritmo. Al cierre del ejercicio fiscal de 2025, la FAA contaba con 13.164 controladores, un 6% menos que en 2015, pese al incremento de los vuelos gestionados durante la última década.

La formación tampoco ofrece soluciones inmediatas. El proceso de selección y capacitación puede prolongarse entre dos y seis años.

Además, numerosos aspirantes no completan todas sus etapas, lo que dificulta cubrir las vacantes con rapidez.

La escasez de personal puede traducirse en retrasos, cancelaciones y una mayor presión operativa sobre los profesionales disponibles.

Sin embargo, atribuir un accidente exclusivamente a esta circunstancia supondría ignorar otros elementos que deben analizarse individualmente.

Tecnología obsoleta y una modernización multimillonaria

Las infraestructuras tecnológicas constituyen otro problema. Una evaluación de la FAA examinó 138 sistemas de control aéreo y determinó que 51 eran insostenibles y otros 54 potencialmente insostenibles.

Entre ellos figuraban equipos con importantes repercusiones sobre la seguridad y la eficiencia operativa.

La modernización avanza, pero afronta dificultades presupuestarias y de planificación.

Un informe publicado el 14 de septiembre de 2026 identificó deficiencias en las estimaciones económicas y la coordinación de más de 11.000 proyectos tecnológicos.

Un día después, la FAA situó en 16.000 millones de dólares el coste de la primera fase de renovación, por encima de los 12.500 millones asignados inicialmente por el Congreso.

La investigación del accidente de Washington también mantiene abierto el debate.

En septiembre de 2026, la NTSB consideró insatisfactorias aproximadamente un tercio de las respuestas de la FAA a sus recomendaciones de seguridad, especialmente en cuestiones relacionadas con los sistemas de alerta de colisión.

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