Claudia C./ Aviación Digital, Sp.- El dominio aéreo ha sido durante décadas el pilar de la estrategia militar estadounidense. Sin embargo, mantener esa ventaja frente a adversarios que avanzan con rapidez en nuevas tecnologías ya no es un asunto de rutina presupuestaria, sino una urgencia que se mide en miles de millones de dólares adicionales cada año.
El Departamento de la Fuerza Aérea de EE.UU. (DAF) presentó para el año fiscal 2026 un presupuesto histórico de 249.500 millones de dólares, lo que supone un incremento del 17 % respecto al año anterior. De ese total, 209.600 millones se destinarán directamente a la US Air Force, con un aumento del 13,5 %. La cifra impresiona, pero al mismo tiempo refleja la magnitud de los desafíos: desde la modernización de flotas hasta la preparación operativa, pasando por el desarrollo de cazas de nueva generación.
Preparación operativa: el coste de estar listos
El Pentágono destinará alrededor de 45.700 millones de dólares a mantener la disponibilidad de fuerzas y sistemas. Esta partida es esencial: no basta con tener aviones de última generación si no se puede garantizar que estén listos para despegar en cualquier escenario.
El desgaste acumulado tras operaciones continuas en Oriente Medio, unido a la presión de entrenamientos más exigentes, ha elevado los costes de mantenimiento y de sustitución de piezas críticas. La preparación operativa ya no es una simple cuestión logística, sino una inversión constante que, de no sostenerse, comprometería la capacidad de respuesta inmediata de la Fuerza Aérea.
Déficit estructural alimentado por la inflación
El Mitchell Institute for Aerospace Studies advierte que revertir décadas de reducción en capacidades y preparación requeriría al menos 45.000 millones de dólares adicionales al año.

El problema no se limita al tamaño de los presupuestos, sino a su relación con la inflación. Un informe del Senado ha subrayado que, en los últimos años, el gasto en defensa ha crecido por debajo del índice de inflación, lo que ha erosionado la competitividad frente a adversarios estratégicos como China.
NGAD: el salto al caza de sexta generación
El futuro de la supremacía aérea estadounidense se juega en el programa NGAD (Next Generation Air Dominance). Este proyecto, del que surgirá el F-47, un caza de sexta generación, ya acumula una factura de más de 20.000 millones de dólares. Solo en 2025 se solicitaron 3.300 millones para su desarrollo: 2.700 millones para el avión tripulado y 557 millones para drones asistentes o Collaborative Combat Aircraft (CCA).
Boeing F-47 es un caza de 6ª generación para el programa NGAD Next Generation Air Dominance de la USAF para desarrollar una nueva generación (como el F/A-XX de la Navy). pic.twitter.com/AlXyhL8MvW
— Feliz Vuelo, online en: @esVivetuvida (@FelizVuelo) September 2, 2025
La estrategia de los CCA busca multiplicar la capacidad aérea mediante drones avanzados que acompañen a los cazas. Estos aparatos, mucho más económicos que un F-35, tendrán un coste estimado de entre 25 y 80 millones de dólares. El objetivo: desplegar hasta 1.000 unidades en los próximos años.

La urgencia detrás de las cifras
Las razones que explican la magnitud de estas inversiones pueden resumirse en tres ejes:
- Competencia estratégica: China avanza en cazas de quinta generación y sistemas de defensa antiaérea que reducen la ventaja tecnológica estadounidense.
- Capacidad y preparación: tras años de presupuestos ajustados, la Fuerza Aérea necesita recuperar músculo operativo para no quedar rezagada.
- Innovación tecnológica: programas como el NGAD y las CCA no son opcionales, sino esenciales para escenarios donde la guerra será multidominio y de alta intensidad.
En palabras simples, sin esta inyección financiera, EE.UU. corre el riesgo de perder su histórica superioridad aérea en un plazo sorprendentemente corto.
Mirando hacia adelante
El debate sobre el gasto en defensa suele girar en torno a cifras astronómicas. Sin embargo, para la aviación militar, esas cifras son la diferencia entre mantener el control de los cielos o ver cómo rivales estratégicos lo disputan con sistemas más avanzados y agresivos.
La historia ha demostrado que el dominio aéreo no se hereda: se construye año tras año con inversión, innovación y preparación. El reto para Estados Unidos no es solo seguir liderando, sino asegurarse de que el coste de hacerlo no supere su capacidad de sostenerlo.






