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septiembre, miércoles 28, 2022

Los cuatro pilares del desarrollo espacial de Portugal de los que carece España

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Atalayar / Juan Pons.- El tesón y la guía de un líder carismático ha permitido que Portugal sea ejemplo de cómo una modesta nación puede hacerse un hueco en el disputado escenario espacial mundial. 

Mientras España sigue en la primavera de 2022 sin contar con una organización responsable de planificar, coordinar y dirigir la política y la estrategia espacial nacional y, lo que es tanto o más importante, sin una persona que lidere el proyecto espacial nacional en su conjunto, la Agencia Espacial de Portugal acaba de cumplir su tercer año de vida.

Su fundación fue acordada en el Consejo de Ministros del 7 de marzo de 2019 presidido por el primer ministro Antonio Costa, y creada oficialmente poco después, el día 18 del mismo mes. Tres años más tarde ya está dando importantes pasos en el marco internacional de la mano de su nuevo responsable, Ricardo Conde, un profesional de prestigio en el sector, seleccionado por una comisión internacional entre numerosos candidatos nacionales y extranjeros.

Organización modesta acorde con las capacidades del país, la agencia portuguesa dirige los intereses nacionales lusos con la finalidad de potenciar y multiplicar por 10 durante la presente década los alrededor de medio centenar de millones de euros que factura con carácter anual el tejido industrial espacial portugués. La meta es alcanzar en el horizonte del año 2030 un volumen de negocio del orden de los 500 millones de euros.

La persona que ha visto la necesidad de constituir la Agencia Espacial de Portugal y ha hecho todo lo posible por darle vida no es un sabio iluminado. Tampoco es un friki. Es alguien que sabe por dónde van los derroteros de la economía global y no quiere que su país pierda el tren. Es una figura mundial en mecánica de fluidos y combustión, catedrático de Instituto Superior Técnico de Lisboa, la Universidad Politécnica más prestigiosa de Portugal.

Su nombre es Manuel Heitor y tomó posesión del cargo de ministro de Ciencia, Tecnología y Enseñanza Superior a finales de noviembre de 2015, en el primer gabinete del líder socialista Antonio Costa. Desde entonces y hasta que ha cesado en el puesto hace una semana, ha demostrado que ha querido y ha sabido ser el arquitecto del ecosistema espacial que ha implantado nuestro querido vecino de la península ibérica.

La agencia es el tercer pilar

La herencia que Heitor ha dejado a su sucesora, Elvira Fortunato, prestigiosa investigadora en el campo de los nano materiales, candidata al Nobel de Física y exsecretaria de Estado de Ciencia, dista mucho de tener comparación alguna con la recibida por la actual ministra de Ciencia e Innovación, Diana Morant. Su antecesor, el astronauta Pedro Duque, que asumió su papel durante 3 años ‒desde junio de 2018 hasta julio de 2021‒, le trasladó un ligero incremento de la inversión de España en la Agencia Espacial Europea (ESA) y poco más.

Es cierto que el camino legislativo para establecer la Agencia Espacial Española está en marcha. Pero no se debe a Pedro Duque, que rechazó una y otra vez su conveniencia hasta que, en mayo de 2021, el entonces director del Gabinete de la Presidencia del Gobierno, Iván Redondo, anticipó en el Congreso su creación, que ahora está contemplada en la nueva Ley de Ciencia pendiente de aprobar.

En cambio, Manuel Heitor, desplegó sus dotes de “gestor, líder y trabajador infatigable” ‒cualidades que le atribuyen quienes bien le conocen‒ y ha construido todo un ecosistema para posicionar a su nación en el escenario espacial global. Es por eso que el esfuerzo de Portugal y de su exministro es reconocido en todos los foros espaciales internacionales, a los que es invitado como ejemplo a seguir. Pero la Agencia Espacial de Portugal es tan sólo el cuarto pilar de una estructura que pretende “atraer negocios y financiación europea”, además de “crear miles de puestos de trabajo de alta cualificación”.

El primer eslabón de la cadena de valor concebida por Heitor para facilitar “una mayor participación de Portugal en los programas de la ESA y de la Unión Europea” fue la Estrategia Espacial Nacional 2030, que vio la luz en marzo de 2018. En septiembre de ese mismo promueve el Programa Internacional de Lanzamiento de Satélites Azores, que consolida un año después con la intención de levantar y explotar una base de despegue espacial en la isla Santa María del archipiélago del Atlántico. Ha tenido contratiempos que están retrasando su puesta en marcha. 

En enero de 2019 consigue publicar el decreto-ley que regula el régimen de acceso y el ejercicio de las actividades espaciales, que remata a mediados de marzo con la creación de la ya citada Agencia espacial, responsable de aplicar la Estrategia 2030. Asentados los cuatro pilares clave y como refuerzo del póquer de ases espacial, Heitor propicia la constitución de Geosat, el primer operador privado luso de satélites de observación. La compañía se constituye a principios de 2021 siguiendo un modelo semejante al promovido por el Gobierno español al impulsar la fundación de los operadores Hispasat (1989) e Hisdesat (2001). 

Alianza hispano-lusa para hacer realidad la Constelación Atlántica

Los principales accionistas de Geosat son Omnidea (55%), el Centro de Ingeniería y Desarrollo de Productos o CEiiA (35%) y el AIR Center (10%), empresas e instituciones público-privadas lusas vinculadas con el sector aeroespacial. El nuevo operador no parte de cero. Aprovecha una oportunidad que le ofrece el mercado y en abril de 2021 adquiere del operador canadiense Urthecast la infraestructura y los satélites Deimos 1 ‒en órbita desde julio de 2009‒ y Deimos 2 ‒en el espacio desde junio de 2014‒, entidad que estaba en concurso de acreedores. Urthecast había comprado en junio de 2015 la compañía Deimos Imaging con ambos satélites a su empresa matriz, la española Elecnor Deimos Space

Con Geosat no concluyen los esfuerzos de Manuel Heitor por reforzar la posición de Lisboa en la esfera de la industria y la economía espacial. Ha sido el promotor de que el Gobierno de Antonio Costa y el español de Pedro Sánchez, a la vista de la pujanza creciente de Portugal en el plano espacial, hayan decidido aliar sus capacidades en la llamada Constelación Atlántica. La iniciativa está recogida en el nuevo Tratado de Amistad y Cooperación suscrito entre España y Portugal en la XXXII cumbre hispano-lusa del pasado 28 de octubre. 

Consiste en definir, desarrollar, fabricar y lanzar al espacio un programa de cooperación para desplegar y explotar una constelación de 16 pequeños satélites ópticos de observación de la Tierra de resolución inferior a los 5 metros, equipados también con otros sensores. De un peso de entre 20 y 30 kilos y emplazados a menos de 700 kilómetros de altura, su finalidad está orientada a la sostenibilidad, a supervisar la biodiversidad oceánica y costera, intentar prevenir y atajar los incendios en bosques, así como hacer frente a las consecuencias de los desastres naturales. 

Portugal ha incluido la iniciativa en su Plan de Recuperación y España en el PERTE Aeroespacial aprobado en el Consejo de Ministros del 22 de marzo. Aunque el potencial y el volumen de facturación de la industria espacial española es unas veinte veces superior al portugués, ambos países compartirán el desarrollo de capacidades y tecnologías, con la vista puesta en iniciar el posicionamiento en órbita de los satélites en el año 2025. El contraste entre el interés por los asuntos espaciales entre los Gobiernos de Lisboa y Madrid ha evolucionado a favor de nuestro vecino peninsular. España formó parte de las 10 naciones que suscribieron el acta fundacional de la ESA el 30 de mayo de 1975. Portugal se adhirió a la Agencia europea el 15 de diciembre de 1999 y se convirtió en el decimoquinto estado miembro. España lanzó al espacio su primer satélite ‒INTASAT‒ el noviembre de 1974. Portugal no puso en órbita su primer ingenio ‒PoSat-1‒ hasta septiembre de 1993. Pero ahora, en tan sólo 5 años, Portugal ha logrado asentar un completo ecosistema espacial del que España todavía carece.

SourceAtalayar
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