El fabricante canadiense desvela un motor de diseño nuevo, con disposición centrada y arquitectura modular, que ya cuenta con certificación de Transport Canada y se fabricará en Lethbridge (Alberta).
Aviación Digital, Sp.- Pratt & Whitney Canada, filial de RTX, ha presentado en la feria NBAA-BACE de Las Vegas, el PT9, un turbohélice «de hoja en blanco» desarrollado durante varios años con discreción y que llega al mercado con la certificación ya concedida. La compañía no ha dicho todavía en qué avión volará.
La presentación sorprende por dos motivos: el motor se anuncia ya certificado, y sitúa a Pratt & Whitney Canada en un escalón por encima de la familia PT6, que durante décadas ha sido su referencia en turbohélices de aviación general, ejecutiva y regional.
Así es el PT9
El PT9 ha sido desarrollado desde cero, en lugar de partir de un motor existente. Su arquitectura modular permitirá introducir futuras modificaciones y adaptarlo a diferentes tipos de aeronaves, así como explorar aplicaciones relacionadas con la propulsión híbrida y eléctrica.
La compañía no ha comunicado oficialmente su potencia, aunque distintas publicaciones especializadas la sitúan entre 1.700 y 2.300 caballos de fuerza en el eje (shp). Esto lo coloca en un segmento intermedio entre la familia PT6A, que supera los 1.900 shp en sus versiones más potentes, y la PW100, que abarca desde 1.800 hasta más de 5.000 shp.

Pratt & Whitney ha aclarado que el PT9 no sustituirá al PT6, uno de los motores más utilizados en la aviación general. Esta familia cuenta con más de 70 modelos, opera en más de 180 países y acumula más de 400 millones de horas de vuelo.
Entre los aviones equipados con motores PT6 figuran el Cessna Grand Caravan, el Beechcraft King Air 350, el Pilatus PC-12 y diferentes modelos de Daher TBM, además de entrenadores militares como el T-6A Texan II y el Pilatus PC-21.
La fabricación del PT9 se realizará en Lethbridge, Alberta (Canadá), donde Pratt & Whitney también dispone de su centro global de excelencia para la familia PT6.
Según Pratt & Whitney, el PT9 ofrece un 33% más de potencia a gran altitud y reduce el consumo de combustible un 20% respecto a motores de generaciones anteriores. Incorpora sistemas digitales capaces de supervisar más de 300 parámetros, lo que facilitará el mantenimiento predictivo y la detección anticipada de problemas.
El desarrollo ha durado aproximadamente cinco años e incluyó ensayos con 12 motores. También incorpora materiales avanzados, componentes fabricados mediante impresión 3D y soluciones destinadas a reducir las piezas con vida útil limitada. Su sistema electrónico permite controlar distintas funciones del motor mediante una sola palanca, reduciendo la carga de trabajo del piloto.
Pendiente de clientes y certificaciones internacionales
El fabricante mantiene conversaciones con diferentes constructores aeronáuticos y confía en cerrar acuerdos con uno o dos clientes. Paralelamente, trabaja para obtener las certificaciones de la FAA estadounidense y la EASA europea.
La producción en serie podría comenzar en aproximadamente 18 meses, aunque dependerá de los contratos que consiga. Por ahora, tampoco se conocen las primeras fechas de entrega ni cuándo entrará en servicio el primer avión equipado con este motor.
El PT9 representa así una apuesta por modernizar la propulsión turbohélice, mejorar la eficiencia operativa y abrir nuevas posibilidades para futuros aviones regionales, ejecutivos y de misiones especiales.
Los turbohélices de gama alta compiten en un segmento en el que la eficiencia y el consumo pesan cada vez más, tanto en la aviación ejecutiva como en la regional y de misión especial.
Que el PT9 llegue certificado, y no como un demostrador, acorta el camino hacia una eventual integración en una célula nueva o en una remotorización, aunque ese paso depende de decisiones de los fabricantes de aviones que, por ahora, no se han anunciado.






