La agencia estadounidense detalla un vuelo de prueba tripulado en órbita terrestre en 2027 y el primer alunizaje del programa con Artemis IV en 2028, con dos módulos comerciales en liza y un reabastecimiento orbital que todavía nadie ha demostrado.
Aviación Digital, Sp.- ¿Puede un programa lunar comprometerse a pisar la superficie en dos años cuando su pieza más crítica, la transferencia de propelente en órbita, aún no se ha ensayado? La NASA sostiene que sí. La agencia ha publicado el resumen de una reunión informativa celebrada el 23 de octubre en la que concreta su calendario acelerado de Artemis: un vuelo tripulado de prueba en órbita terrestre en 2027 y un alunizaje con Artemis IV en 2028.
La NASA ha decidido acelerar su programa lunar Artemis ante la creciente competencia internacional. En su documento de planificación, el administrador de la agencia, Jared Isaacman, justifica esta decisión al señalar que «la campaña debe avanzar con urgencia mientras los competidores estratégicos buscan una presencia permanente más allá de la Tierra«.
La nueva estrategia mantiene abiertas dos alternativas para llevar astronautas a la superficie lunar, mediante los módulos de aterrizaje desarrollados por SpaceX y Blue Origin. Sin embargo, también recupera uno de los principales interrogantes técnicos del programa: cuántos lanzamientos serán necesarios para abastecer de combustible a Starship antes de emprender el viaje hacia la Luna.
Artemis III será un ensayo general en órbita terrestre
La misión Artemis III tendrá una duración aproximada de 14 días y contará con cuatro astronautas a bordo de la cápsula Orion, fabricada por Lockheed Martin. A diferencia de los planes anteriores, esta expedición no viajará hasta la Luna, sino que permanecerá en órbita terrestre baja (LEO).
Durante la misión, los astronautas realizarán distintas maniobras de aproximación y acoplamiento con dos vehículos experimentales. Primero utilizarán un módulo de prueba Blue Moon, desarrollado por Blue Origin, y posteriormente una Starship de tercera generación de SpaceX.
El objetivo será comprobar la compatibilidad entre Orion y los sistemas comerciales de aterrizaje, además de verificar los procedimientos de encuentro y acoplamiento. Estas pruebas permitirán identificar posibles problemas técnicos antes de intentar llevar nuevamente astronautas a la superficie lunar.
SpaceX y Blue Origin compiten con dos sistemas de aterrizaje diferentes
La NASA mantiene dos arquitecturas de misión para Artemis IV, aunque ambas persiguen el mismo objetivo: transportar astronautas hasta la Luna y garantizar su regreso.
Blue Origin plantea utilizar varias etapas de transferencia situadas inicialmente en órbita terrestre. Estas proporcionarían el impulso necesario para enviar el módulo Blue Moon Mark 2 hacia la Luna, donde se encontraría con Orion en órbita lunar.
El nuevo planteamiento aprovecha tecnología derivada del módulo no tripulado Blue Moon Mark 1 y sustituye al vehículo de transporte contemplado inicialmente. Esta modificación permitiría a la compañía adelantar el calendario de su primera misión tripulada.
SpaceX, por su parte, apuesta por una infraestructura de reabastecimiento en órbita terrestre baja. Su propuesta contempla un depósito orbital de combustible que recibiría propelente de varias Starship cisterna. Una vez completada la carga, el módulo lunar se acoplaría al depósito para repostar antes de continuar su misión.
La arquitectura también contempla maniobras de acoplamiento entre Starship y Orion para completar el traslado de los astronautas.
Por ahora, la NASA no ha seleccionado definitivamente el módulo que participará en Artemis IV. La agencia pretende mantener ambas alternativas disponibles hasta conocer cuál presenta un mayor grado de preparación técnica.
La NASA estudia cambios en el cohete SLS y los trajes espaciales
La aceleración del programa Artemis también afecta a otros componentes esenciales de las misiones lunares.
La NASA está analizando dos alternativas para la etapa superior del cohete Space Launch System (SLS), después de cancelar en febrero el desarrollo de la Exploration Upper Stage (EUS), que estaba en manos de Boeing.
Entre las configuraciones estudiadas figura una solución basada en la etapa Centaur de United Launch Alliance (ULA). La elección será determinante para establecer la capacidad de transporte y las características de las próximas misiones.
Paralelamente, la agencia trabaja con Axiom Space en el desarrollo de un nuevo traje espacial denominado Sortie suit, concebido para las primeras actividades extravehiculares sobre la superficie lunar.
Uno de los principales objetivos es reducir su masa en un 50 % respecto al diseño de referencia, facilitando así los desplazamientos y las operaciones de los astronautas.
El calendario de desarrollo establece la entrega del primer sistema de vuelo durante el primer semestre de 2028.
La polémica por el combustible de Starship enfrenta las estimaciones de la NASA y Elon Musk
Uno de los aspectos que más incertidumbre genera es el número de lanzamientos necesarios para repostar Starship antes de viajar a la Luna.
La controversia se intensificó el 22 de octubre durante una reunión del Panel Asesor de Seguridad Aeroespacial de la NASA (ASAP).
Charlie Precourt, antiguo astronauta y miembro de este organismo, advirtió sobre la complejidad del procedimiento: «Tenemos que vigilar de cerca los numerosos reabastecimientos de combustible que necesitará el módulo de aterrizaje. Creo que la última estimación ronda los 22 vuelos«.
La declaración provocó una respuesta inmediata de Elon Musk, fundador de SpaceX, quien rechazó públicamente esa previsión. «Es muchísimo. La cifra real será más bien de 6 a 8«, aseguró el empresario a través de X.
Jeremy Parsons, director del programa Artemis, también cuestionó la estimación más elevada. Según explicó, la NASA «definitivamente no está estimando una cifra tan alta como 22«.
Parsons señaló que una futura demostración de transferencia de propelente permitirá determinar con mayor precisión cuántos vuelos serán realmente necesarios.
Las diferencias entre estimaciones no son nuevas. En 2021, una auditoría de la Oficina de Responsabilidad Gubernamental de Estados Unidos (GAO) contempló la posibilidad de necesitar hasta 16 lanzamientos. Posteriormente, en noviembre de 2023, responsables de la NASA situaron las necesidades en una cifra elevada, aunque sin concretar un número definitivo.

El reabastecimiento orbital sigue siendo uno de los mayores desafíos técnicos
La principal dificultad es que todavía no se ha demostrado una operación de transferencia de combustible de estas características y a esta escala en órbita.
SpaceX tiene previsto realizar una primera prueba de transferencia de propelente entre vehículos a comienzos de 2027. Su resultado será fundamental para determinar la viabilidad del sistema y ajustar las estimaciones de lanzamientos.
El procedimiento implica trasladar grandes cantidades de oxígeno líquido y metano entre vehículos espaciales, manteniendo ambos componentes a temperaturas extremadamente bajas.
Uno de los principales problemas es el denominado boil-off, que consiste en la evaporación progresiva del propelente criogénico debido a la entrada de calor.
Cuanto mayores sean las pérdidas durante el almacenamiento y las transferencias, más combustible será necesario transportar y, potencialmente, más lanzamientos habrá que efectuar.
A estas dificultades se añade el calendario operativo. Incluso suponiendo que SpaceX alcance una frecuencia de dos lanzamientos semanales, completar 22 vuelos de reabastecimiento exigiría alrededor de 11 semanas, sin contar posibles retrasos meteorológicos, técnicos o logísticos.
Precourt también alertó sobre los riesgos acumulados del programa: «En lo que respecta a Artemis IV, tenemos un gran número de hitos sin precedentes que reducen la probabilidad de éxito de la misión«.
El calendario lunar de 2028 dependerá de varias tecnologías todavía pendientes de validar
La nueva planificación de Artemis exige completar una sucesión de operaciones que, en muchos casos, todavía no se han realizado en condiciones reales.
Entre ellas destacan las maniobras de acoplamiento de Artemis III, la demostración de transferencia de combustible entre vehículos espaciales, el funcionamiento de un depósito criogénico en órbita terrestre y, en el caso de Blue Origin, la puesta en servicio de sus nuevas etapas de transferencia.
Cada uno de estos avances representa un desafío tecnológico independiente, pero todos deberán estar coordinados para cumplir los objetivos establecidos para 2028.
Mantener a SpaceX y Blue Origin como proveedores alternativos permite a la NASA reducir su dependencia de una única empresa. No obstante, esta estrategia no elimina los riesgos asociados al desarrollo de tecnologías que todavía deben demostrar su fiabilidad.
La prueba de reabastecimiento prevista para 2027 será especialmente importante. Sus resultados podrían determinar no solo el número definitivo de lanzamientos de Starship, sino también si el calendario acelerado de Artemis resulta técnicamente viable o necesita nuevos ajustes.









