
Defensa quiere eliminar cualquier riesgo de error en la tarea de identificación y por eso ha insistido en extremar las pruebas, iniciadas en el Anatómico Forense cuando en la noche del martes llegaron a Gran Canaria los dos primeros cadáveres. En la práctica, esto ha supuesto para las familias una semana más de calvario, añadido al mes que ya había transcurrido desde que el helicóptero se hundiera en el mar en la noche del 19 de marzo a 37 millas de Gran Canaria. Tampoco se acaba de confirmar cuándo se abrirá en la Base de Gando la capilla ardiente para velar los cuerpos si a ello acceden las familias y qué día se celebrarán las honras fúnebres ensayadas una y otra vez en la sede donde se aloja el 802 escuadrón al que pertenecían los militares muertos.
Para los no iniciados y a pesar del tiempo transcurrido, podría parecer tarea sencilla la identificación de los dos cadáveres y, de hecho, en medios periodísticos se ha especulado con el uso de los uniformes como prueba. Fuentes del Ejército del Aire señalaron hoy, sin embargo, que el casco no lleva el nombre de su portador y que el parche de identificación reglamentaria, que va adherido al uniforme y lleva una muestra de ADN del oficial, tampoco vale en este caso, por las vicisitudes que se han sucedido desde que el helicóptero cayera y se hundiera en el mar. "El parche vale como identificación si te encuentras a una persona caída en la calle, pero no después de un mes tras el hundimiento, porque puede moverse, perderse…" o ni siquiera encontrarse, como previsiblemente ha ocurrido con los restos hallados horas después de la extracción de los dos primeros cadáveres.
Lo único que sí está claro es que, en cuanto se produzcan las primeras identificaciones, se celebrarán las emotivas honras fúnebres preparadas por los compañeros de los fallecidos, previsiblemente el sábado y con la presencia del ministro de Defensa, Pedro Morenés. Estos actos seguirán adelante incluso aunque, una vez terminado el trabajo del Anatómico, se acreditara que no hay ningún resto identificado de uno o de los dos cadáveres que cayeron al agua cuando el helicóptero se partió al ser izado.
El winche y las grúas
Mientras tanto, la causa exacta de que la cabina del Súper Puma se fracturara en el momento en que era extraído del agua, lo que provocó la pérdida de dos cadáveres, sigue siendo uno de los secretos mejor guardados por el Ministerio de Defensa y también por la empresa Phoenix International Holding, a la que se contrató para este complejísimo rescate a cargo de un crédito ampliado para atender sucesivas prórrogas que alcanza los 5 millones de euros.
El EDT Ares, el barco chipriota subcontratado por Phoenix para rastrear la zona del siniestro con el robot submarino Remora II propiedad de la compañía norteamericana, lleva a bordo al menos tres grúas diferentes, una que hace descender el ROV (vehículo operado por control remoto, según sus siglas en inglés) y otras dos destinadas al izado de los objetos buscados, en este caso el helicóptero del SAR. Una de estas grúas es un enorme brazo situado en un lateral de popa y la otra es un arco de articulación hidráulica situado en el extremo trasero de la cubierta.
Lo habitual, según fuentes conocedoras de este tipo de operaciones, es que el ROV descienda, rastree, identifique el objeto buscado y transmita por fibra óptica imágenes de alta definición a los ordenadores situados en el barco. De esta forma, la tripulación, altamente especializada, decide de qué lugares del objeto buscado se pueden enganchar los cables de acero usados para la extracción, que normalmente se posicionan en tres lugares de anclaje mediante los brazos robóticos articulados del vehículo no tripulado, en este caso el Remora II. A continuación, el winche de la grúa principal (el cilindro giratorio sobre el que se enrrolla el cable de acero) empieza a tirar y comienza la fase ascendente de la extracción.

¿Era este un riesgo previsible? ¿Pudo tomarse alguna precaución suplementaria, como utilizar buzos en la fase de ascenso final para evitar la pérdida de los cadáveres? Según los especialistas, todas las hipótesis suelen ponerse sobre la mesa con anterioridad al momento de la ejecución de la maniobra para minimizar los riesgos, lo cual no quiere decir que esos riesgos desaparezcan. "Y en todo caso, si los cuerpos están sujetos a alguna parte de la estructura por sus cinturones, tampoco podría hacerse gran cosa, porque volverían a hundirse a gran velocidad".
Desde el lunes, en que este incidente truncó el optimismo con que se esperaba un rápido desenlace de la operación y el rescate de los cuatro cadáveres, el Ministerio de Defensa, el Ejército del Aire y la Delegación del Gobierno se han atrincherado en un mutismo absoluto que impide obtener respuesta alguna a las muchas preguntas que ya se amontonan sobre la tragedia del helicóptero del SAR y su posterior rescate.







