E.Gavilán, Aviación Digital Sp.- La celebración del 20º aniversario del Sistema de Notificación de Sucesos puso el foco en una idea central para la aviación española: reportar no es señalar culpables, sino anticipar riesgos, aprender de la operación diaria y evitar que los sucesos se conviertan en accidentes.
Veinte años de un sistema basado en datos y confianza
La Agencia Estatal de Seguridad Aérea (AESA) conmemoró el 10 de junio el 20º aniversario del Sistema de Notificación de Sucesos (SNS), una de las herramientas centrales para la gestión de la seguridad operacional en la aviación civil española. El acto, celebrado en el Palacio de Zurbano, reunió a autoridades institucionales y representantes del sector aeronáutico.
La jornada fue inaugurada por Montserrat Mestres Domènech, directora de AESA, quien defendió que la seguridad aérea debe entenderse como una disciplina activa orientada a la prevención. En su intervención, Mestres subrayó que para anticiparse a los problemas es imprescindible conocer con detalle qué ocurre en aeropuertos, operaciones de vuelo, centros y torres de control, tareas de mantenimiento y otros entornos operacionales.
El mensaje de fondo fue claro: el SNS no existe para acumular datos, sino para convertir la información de la operación diaria en conocimiento útil sobre peligros, tendencias y factores de riesgo. AESA presenta el sistema como el canal para notificar sucesos de seguridad operacional, identificar riesgos y alimentar los procesos de análisis y seguimiento.
De 4.000 notificaciones a más de 508.800
Uno de los datos más relevantes expuestos durante la jornada fue la evolución del volumen de reportes y sucesos registrados por el Sistema de Notificación de Sucesos. Según los datos trasladados durante el acto, en 2025 se alcanzó un hito al llegar a casi 415.000 sucesos registrados y a más de 508.800 notificaciones asociadas a estos.
Estas cifras evidencian la consolidación de una cultura de seguridad sólida y participativa en el sector aeronáutico. La lectura institucional de este crecimiento no fue alarmista. Al contrario, AESA lo presentó como un síntoma de madurez: más notificaciones no significan necesariamente un sistema más inseguro, sino un sector más dispuesto a reportar, compartir información y aprender de los eventos, incluidos aquellos de menor severidad.
La mesa redonda: cultura justa, liderazgo y retorno de información
El acto incluyó la mesa redonda “La notificación de sucesos como pilar de un sistema de aviación seguro: liderazgo y compromiso con la cultura justa”, moderada por José Luis Lozano, director de Gestión de la Seguridad y Personal de Vuelo de AESA.

Maurer explicó que, en el caso de ENAIRE, el volumen de notificaciones internas alcanzó en 2025 su máximo histórico, con un 26% más de reportes que en 2024 y un 78% más en los últimos cinco años. Maurer vinculó ese aumento al impulso de la cultura justa, a la mejora de los canales de reporte, al uso de herramientas más accesibles y a campañas continuadas de sensibilización.
La idea de “cultura justa” atravesó toda la mesa. En términos prácticos, los ponentes la asociaron a un entorno en el que los profesionales pueden notificar errores, condiciones inseguras o situaciones anómalas sin temor a represalias injustificadas, siempre dentro de los límites de la responsabilidad profesional y la normativa aplicable.
Reportar para cumplir o reportar para aprender
Desde la perspectiva de los pilotos, Ricardo Huercio defendió que el reporte voluntario es uno de los mejores indicadores de salud del sistema. Según explicó, cuando se reporta obligatoriamente se cumple una exigencia normativa; cuando se reporta voluntariamente, se contribuye al aprendizaje colectivo.
COPAC ha recomendado expresamente a los pilotos reportar al Sistema Nacional de Sucesos mediante la notificación voluntaria, señalando que ese reporte puede amparar al profesional en el ámbito de la cultura justa ante eventuales consecuencias o represalias por su acción o decisión.
Ese punto resulta clave para la seguridad operacional. Los sucesos graves suelen atraer atención inmediata, pero muchas señales precursoras aparecen antes en incidentes de baja severidad, desviaciones, dudas operativas, pérdidas momentáneas de conciencia situacional o condiciones latentes que todavía no han producido consecuencias. La utilidad del SNS depende, precisamente, de que esos elementos lleguen al sistema antes de que evolucionen hacia escenarios más críticos.
El papel de las organizaciones: liderazgo visible y procedimientos sencillos
Sandra Hors insistió en que las compañías no pueden limitarse a implantar técnicamente un sistema de reporte. La clave, señaló, está en la cultura que se transmite dentro de la organización. El profesional debe percibir que notificar no es “marcar una casilla”, sino participar en una cadena de mejora.
Hors destacó la importancia de liderar con el ejemplo, involucrar a toda la organización y hacer visible que las notificaciones tienen consecuencias positivas: análisis, medidas correctoras, formación, cambios procedimentales o comunicación interna de lecciones aprendidas.
Luis Vidarte, desde APROCTA, puso el acento en la facilidad de uso y en la construcción gradual de confianza. Según su intervención, los formularios y procedimientos deben diseñarse con quienes van a utilizarlos, evitando sistemas excesivamente pesados o percibidos como ajenos al trabajo operativo. También defendió que el papel de AESA como autoridad independiente ha sido relevante para generar confianza en el conjunto del sector.
El retorno de información, pieza crítica del sistema
Uno de los consensos más claros de la mesa fue que la notificación no puede terminar en el envío del reporte. Para que el sistema funcione, el profesional debe recibir el retorno: qué se ha analizado, qué se ha aprendido y qué acciones se han adoptado.
Maurer explicó que ENAIRE trabaja para responder a todas las notificaciones recibidas, aunque en algunos casos se agrupen reportes con patrones similares. También señaló que los sucesos alimentan cuadros de mando, comités de seguridad, planes de actuación, campañas de observación, talleres, sesiones formativas, análisis de sectores conflictivos y proyectos de mejora del espacio aéreo.
AESA dispone de información pública y canales vinculados al SNS, incluidos apartados sobre notificación, análisis, seguimiento y solicitud de información. La propia agencia identifica el análisis y seguimiento de sucesos como parte del ciclo de gestión de la seguridad operacional.
La retroalimentación es especialmente importante porque evita que el sistema sea percibido como un “pozo sin fondo”. Si el profesional reporta y nunca recibe una señal de utilidad, la motivación decae. Si, por el contrario, comprueba que su experiencia genera aprendizaje y acciones concretas, el reporte se refuerza como conducta profesional.
Más allá de las aerolíneas: el reto de los trabajos aéreos
El debate sobre el SNS se centro sobre las aerolíneas, proveedores de navegación aérea, aeropuertos y organizaciones de mantenimiento, dejando en segundo plano al sector de los trabajos aéreos, que, desde nuestro punto de vista, merece una atención específica ya que presenta numerosas áreas de mejora.
Las operaciones de lucha contra incendios, rescate, emergencias, carga externa, vigilancia, fotografía aérea, observación, calibración, fumigación u otras actividades especializadas se desarrollan a menudo en entornos complejos, con presión temporal, meteorología cambiante, baja altura, orografía exigente o proximidad a obstáculos. En esos contextos, el reporte de sucesos, incidencias y condiciones inseguras puede aportar información de enorme valor preventivo.
A diferencia de las grandes aerolíneas, muchas empresas de trabajos aéreos operan con estructuras reducidas, campañas intensivas y márgenes operativos ajustados. Esta realidad dificulta la consolidación de una cultura de reporte plenamente madura, debido a las limitaciones de recursos, la carga de trabajo y la percepción de riesgo organizativo.
Conceptos como la cultura justa todavía no han impregnado plenamente este sector, especialmente en organizaciones donde aún se tiende a señalar a quien reporta (hay que tener en cuenta que son organizaciones muy reducidas, con pocos empleados, donde la confidencialidad es muy difícil de mantener) en lugar de valorar su contribución a la mejora de la seguridad operacional.
Precisamente por ello, el reto no es solo aumentar el número de reportes, sino conseguir que pilotos, técnicos, gestores de operaciones y responsables de seguridad tengan la certeza de que su experiencia será escuchada, protegida y utilizada para mejorar el sistema, no solo en el sector de los Trabajos Aéreos, si no también en el de las ATO’s, en las Escuelas de Pilotos.
Nuevos dominios: UAS, digitalización y ciberseguridad
Mestres advirtió durante su intervención que la aviación afronta una transformación profunda impulsada por la digitalización, la automatización, el desarrollo de drones, su integración en el espacio aéreo y nuevos desafíos como la ciberseguridad.
AESA ya contempla canales específicos de notificación para operadores UAS. En este ámbito, la agencia recuerda que los profesionales que desarrollen su actividad dentro de una organización deben notificar a dicha organización antes de 72 horas desde que tengan conocimiento del suceso, y que la organización será responsable de notificar a AESA antes de las siguientes 72 horas cuando proceda.
Este punto anticipa una de las grandes tensiones del futuro: el SNS deberá absorber más datos, de más operadores y de actividades más diversas. La clave será mantener la calidad del análisis, evitar la saturación y garantizar que la información se traduzca en prevención real.
Una herramienta madura, pero no terminada
La celebración del 20º aniversario del SNS dejó una conclusión doble. Por un lado, España dispone de un sistema consolidado, con una cultura de notificación más madura que hace dos décadas y con un volumen de información que permite análisis más robustos. Por otro, el propio crecimiento del sistema exige evolucionar.
Los ponentes coincidieron en varios retos: proteger la confianza, aplicar la cultura justa de forma homogénea, facilitar los formularios, evitar criterios ambiguos, reforzar el retorno de información y convertir las notificaciones en acciones visibles.
Mestres cerró su intervención recordando que la seguridad aérea no es una meta fija que se alcanza y se olvida, sino una tarea permanente. Esa idea resume el sentido del SNS: aprender de la operación diaria para que el sistema aeronáutico sea más resistente, más transparente y mejor preparado para los riesgos del futuro.






