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marzo, viernes 5, 2021

GESTIÓN DE LA SEGURIDAD AÉREA I

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Seguridad aéreaCon la irrupción de la filosofía Low Cost en el negocio aeronáutico, la Seguridad Aérea inició un declive muy preocupante para los colectivos operativos. Durante un siglo, la aviación ha experimentado un progreso tecnológico rayano en la ciencia ficción, tan fulgurante como para constituirse en el medio de transporte más eficaz, rápido y seguro que ha conocido la Humanidad.

En paralelo, y con el mismo énfasis, se ha ido desarrollando una escrupulosa evolución de la Seguridad Aérea para encabezar la jerarquía y prioridades entre los cuatro principios deontológicos de la Aviación de Transporte: SEGURIDAD, Puntualidad, Eficiencia y Economía. Este orden de prelación es, y debe ser, sagrado para la pervivencia del Medio. Sin menoscabo de los otros tres parámetros, la SEGURIDAD ha de instalarse en el escalón más alto del podio, a una respetuosa e importante distancia de sus seguidores. El motivo de esta reflexión, por evidente, no necesita más explicación que apelar al sentido común.

Como contrapartida positiva, el Low Cost ha permitido popularizar el viaje en avión, que ha dejado de ser motivo de lujo. Pero la durísima competencia comercial impuesta por las compañías de "todo a cien" en este novedoso mercado, ha inducido a empresarios y gestores de las aerolíneas convencionales a intentar asimilarse con las nuevas reglas de juego.

La necesidad de reducir costes, apunta al recorte en servicios, de personal, atención al cliente y, sobre todo, en imagen. Si, con la excusa de un ahorro mal entendido, el exceso de celo en los tijeretazos salpica a la Seguridad, es cuando saltan los fusibles de la alarma.

Si en el producto ofrecido se altera el orden de sus cuatro factores, y la Economía escala posiciones hasta rebasar el nivel de la Seguridad, se propiciará, sin ambages, una operación de alto riesgo.

En Ryanair ya se cumple este lamentable desvío. Mr. O´Leary, propietario de esta surrealista compañía, disfruta fotografiándose de payaso para acompañar declaraciones absurdas y explosivas que le sirven de publicidad gratuita por el eco mediático que suscitan sus despropósitos. Propone, por ejemplo, que sus pasajeros viajen de pie para abaratar costes. O bien, pretende suprimir la figura del copiloto porque la posibilidad de infarto del comandante es muy remota. O se le ocurre eliminar los WC de los aviones para disponer de más asientos vendibles. Impone a sus comandantes limitar al mínimo la carga de combustible para, con menor peso gastar menos. Aparte de una flagrante falta de respeto para usuarios y trabajadores, este peligroso individuo está dañando el medio aéreo, quizá de forma irreversible, por cuanto afecta a la Seguridad, amparado y con el beneplácito de ciertos políticos autonómicos que se han entregado, por ignorancia y desconocimiento, a las maquinaciones gestoras de su mercadeo de chantaje, acorde con la precaria infraestructura laboral que, además, ha urdido este personaje dentro de su turbia empresa.

Por desgracia, los malos ejemplos cunden más que los buenos. Pero los que aquí lo copian, además, son más torpes. Hace unos meses asistimos a la debacle de Air Comet. Una empresa en la que sus trabajadores, a todos los niveles laborales, sufrieron las penurias de más de seis meses sin cobrar sus salarios, bajo la presión de una amenaza de cierre, que finalmente se cumplió; en una situación de estrés y ansiedad incompatibles con la Seguridad de la operación, sólo compensada, como siempre, por el exceso de profesionalidad de los colectivos operativos. Hasta tal punto alcanza el despropósito, que el propio dueño de la compañía declaró públicamente que él jamás volaría en sus aviones por falta de Seguridad, porque no se fiaba de su gente. Un alarde empresarial donde reconocía, con tan desafortunada declaración, estar infringiendo la LSA (Ley 21/2003, 7 de julio de Seguridad Aérea) cuyo art. 37, párrafo 3, lo responsabiliza, sin lugar a interpretaciones, de la Seguridad Aérea en el ámbito de su empresa, basada en la adecuación de las condicionas laborales de sus empleados. Sorprende que, en lugar de sufrir la actuación de oficio del Fiscal General del Estado, ante un presunto delito contra la Seguridad Aérea, el Sr. Díaz Ferrán se apoltronara como presidente de la CEOE, con el beneplácito y aplauso de sus congéneres y, para colmo, que hoy esté negociando la reforma laboral.

Hay cosas que asustan mucho.

Mañana, PARTE II
Carlos Castañosa

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