Cuando el espacio dejó de ser solo cosa de hombres

El acuerdo de act legal Spain con Ellas Vuelan Alto se suma a una red de iniciativas que impulsan el liderazgo femenino en el sector aeroespacial y conectan con la nueva generación de astronautas como Sara García Alonso.

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Claudia C./ Aviación Digital, Sp.- La noticia podría parecer, a primera vista, una simple nota corporativa: act legal Spain se suma como socio plata a la asociación Ellas Vuelan Alto para impulsar la igualdad en el sector aeroespacial. Pero, en realidad, es otra pieza más de un mosaico que lleva décadas componiéndose a cámara lenta: el de la conquista femenina del espacio, primero casi a escondidas, después a golpe de talento y ahora, por fin, con alianzas explícitas entre industria, instituciones y sociedad civil.

La firma del acuerdo llega en un momento simbólico para España. Mientras EVA refuerza su red de apoyos, una leonesa nacida en 1989, Sara García Alonso, entrena como parte de la reserva de astronautas de la ESA, convertida en la primera mujer española seleccionada oficialmente para ir al espacio. Desde aquí, desde esta mezcla de despacho de abogados y traje de vuelo europeo, puede trazarse un viaje al revés, hacia atrás en el tiempo, siguiendo el rastro de las mujeres que abrieron camino en el cosmos.


Un acuerdo que habla de futuro

La alianza entre act legal Spain y Ellas Vuelan Alto va más allá de un logotipo en una web. La firma se incorpora como entidad colaboradora en categoría plata, sumándose a una red de organizaciones que trabajan por visibilizar el talento femenino en un sector que, todavía hoy, arrastra inercias muy masculinas en los puestos de decisión.

En palabras de Cristina de Santiago, socia directora del despacho, la igualdad no es solo “un principio ético, sino un motor de progreso y competitividad”, y el acuerdo con EVA les permite “contribuir activamente a un proyecto transformador” alineado con su visión de liderazgo y diversidad. Desde el otro lado de la mesa, Isabel Maestre, presidenta de Ellas Vuelan Alto y referente en la aviación española, subraya que sumar aliados así demuestra que el compromiso con la igualdad debe ser “transversal y compartido.

La propia trayectoria de EVA explica por qué este tipo de apoyos importan. Nacida en 2018, la asociación se propuso promover la igualdad de oportunidades en el sector aeroespacial tomando como referencia la Carta de las Naciones Unidas. Desde entonces, se ha convertido en foro de referencia para directivas, ingenieras, controladoras, pilotos, gestoras aeroportuarias y estudiantes, y ha sido reconocida con premios como el MAS Comunidad, el Clara Campoamor o el Matilde Ucelay por su contribución real a la igualdad.

Mientras se estampa la firma de este acuerdo en Madrid, en Colonia una española se ajusta un mono de entrenamiento.


Sara García Alonso, el presente que se prepara para despegar

El viaje hacia atrás arranca aquí, con Sara García Alonso. Nacida en León en 1989, bióloga molecular especializada en cáncer, fue seleccionada en 2022 como miembro de la reserva de astronautas de la Agencia Espacial Europea y se convirtió así en la primera mujer española incorporada oficialmente al cuerpo europeo.

En 2024 comenzó sus primeros módulos de entrenamiento en el European Astronaut Centre de la ESA en Colonia: supervivencia, medicina aeroespacial, sistemas espaciales, robótica, trabajo en equipos internacionales. No tiene aún una misión asignada, pero su nombre aparece ya ligado a las futuras rotaciones a la Estación Espacial Internacional y a los programas lunares europeos que se integran en Artemis.

Su historia conecta con muchas de las ideas que EVA defiende: excelencia técnica, vocación internacional, y la convicción de que el talento femenino no es excepción sino norma cuando se abren las puertas adecuadas. En un país donde durante décadas las niñas no vieron traje espacial con acento castellano, la sola existencia de Sara García, entrenando con la ESA, tiene un poder simbólico que ningún plan estratégico puede igualar.


EVA y las mujeres que ya sostienen el sector desde tierra

Antes de mirar más atrás, conviene detenerse en el presente que Eva ayuda a visibilizar. La asociación reúne a directivas de aerolíneas, responsables de seguridad aérea, ingenieras en proyectos satelitales, técnicas de mantenimiento, controladoras y profesionales de la administración vinculadas al transporte aéreo y al espacio.

En su séptimo aniversario, los Premios EVA 2025 reconocieron, entre otros, a la Agencia Estatal de Seguridad Aérea (AESA), a Carolina Martinoli, presidenta y CEO de Vueling, y a Esther Pérez, la primera mujer Técnico de Mantenimiento Aeronáutico en España. No son nombres de portada diaria, pero su trabajo sostiene esa normalidad silenciosa que hace posible que los aviones despeguen, que la industria funcione y que las decisiones estratégicas tengan voces diversas en la mesa.

La alianza con act legal Spain llega precisamente a reforzar esa base: más apoyo jurídico, más capilaridad empresarial, más músculo para tejer redes entre universidad, administración y empresas. Y, al mismo tiempo, ayuda a situar el debate de la igualdad en el espacio en un terreno más amplio, donde entran la regulación, la contratación pública, los programas de I+D y la gobernanza de un sector cada vez más estratégico.


Samantha Cristoforetti, Peggy Whitson y la normalización en órbita

Un paso atrás en el tiempo nos lleva a una generación que ha convertido en rutina lo que antes era una excepción. Nombres como Samantha CristoforettiPeggy WhitsonSunita Williams o Jessica Meir forman parte ya del paisaje habitual de las misiones a la Estación Espacial Internacional, con largas estancias en órbita, paseos espaciales y comandos de expedición en su historial.

Cristoforetti, piloto de caza de la Fuerza Aérea italiana y astronauta de la ESA, se convirtió en 2014 en la mujer con el vuelo continuo más largo de la historia europea y, en 2022, en la primera italiana al mando de la ISS. Peggy Whitson, bioquímica de Iowa, acumuló más de 650 días en el espacio en tres misiones de larga duración y fue la primera mujer al frente del cuerpo de astronautas de la NASA. Son trayectorias que, sin perder un ápice de épica, tienen algo profundamente tranquilizador: demuestran que el espacio ya no es un “experimento” para las mujeres, sino un ámbito profesional donde se puede hacer carrera a largo plazo.


Mae Jemison, Sally Ride y las primeras ventanas abiertas desde Estados Unidos

Un poco más atrás, la línea de tiempo llega a los años ochenta, cuando las mujeres estadounidenses accedieron por fin a un cuerpo de astronautas que les había estado vetado durante décadas. En 1983, Sally Ride se convirtió en la primera estadounidense en viajar al espacio a bordo del transbordador Challenger, como especialista de misión de la STS‑7. Su trabajo incluía la operación del brazo robótico y la supervisión de experimentos en órbita, lejos de cualquier papel simbólico.

Nueve años después, en 1992, Mae Jemison, médica e ingeniera, se subió al Endeavour en la misión STS‑47 y se convirtió en la primera mujer de color en el espacio. Había sido voluntaria en un campamento de refugiados en Camboya y trabajó como médico en Sierra Leona antes de entrar en la NASA. Su mensaje posterior, dedicado a niñas que no se veían reflejadas en los pósteres de astronautas, fue sencillo y poderoso: no dejéis que nadie os diga que no pertenecéis aquí arriba”.

Estas misiones no solo ampliaron el perímetro de lo posible; también empujaron a la NASA a revisar criterios de selección, formación y cultura interna, abriendo la puerta a decenas de mujeres que hoy integran equipos de vuelo, control de misión, ingeniería y dirección de programas.


Valentina Tereshkova y Svetlana Savítskaya, las pioneras soviéticas

El retroceso nos lleva ahora a junio de 1963, cuando una joven paracaidista de 26 años, Valentina Tereshkova, se subió a la cápsula Vostok 6 y se convirtió en la primera mujer en el espacio. Pasó casi tres días en órbita, completó 48 vueltas a la Tierra y regresó a un país que la presentaría como símbolo de igualdad socialista frente a un programa americano aún exclusivamente masculino.

La realidad interna fue más ambivalente. Tras Tereshkova, la Unión Soviética no volvió a volar a una mujer hasta 1982, casi veinte años después, cuando Svetlana Savítskaya fue enviada a la estación Salyut 7 y, dos años más tarde, se convirtió en la primera mujer en realizar un paseo espacial. Las dos, cada una a su manera, demostraron que las limitaciones no eran físicas ni técnicas, sino culturales y políticas. Según recuerda un artículo de la NASA dedicado a estas pioneras, sus vuelos “ayudaron a inaugurar una era de igualdad en los vuelos tripulados”, aunque esa igualdad tardara mucho en hacerse real.


De las calculadoras humanas a las ingenieras invisibles

Más allá de las cabinas, la historia del espacio está llena de mujeres que nunca salieron en la foto oficial pero sin las cuales ningún cohete habría despegado. En el programa estadounidense, figuras como Katherine Johnson, Dorothy Vaughan o Mary Jackson —popularizadas décadas después por el libro y la película Hidden Figures calcularon trayectorias, corrigieron modelos y supervisaron la transición de la regla de cálculo al ordenador, a menudo en contextos de segregación racial y de género.

En Europa, muchas ingenieras, matemáticas y físicas de agencias como la ESA o el CNES contribuyeron al diseño de órbitas, sistemas de guiado y telecomunicaciones sin que sus nombres aparecieran en las portadas. La propia existencia de asociaciones como Ellas Vuelan Alto o de premios que reconocen a técnicas de mantenimiento, directivas de aerolíneas y responsables de seguridad aérea busca precisamente corregir esa ceguera histórica. La igualdad en el espacio no se mide solo en paseos espaciales, sino en quién firma los planos y quién toma la palabra en las salas de decisión.


De la épica aislada a las redes organizadas

Mirando el recorrido completo, la evolución es clara. La etapa de Tereshkova fue la de la hazaña solitaria, casi mítica. Con Ride y Jemison llegó la fase de incorporación condicionada, en la que las mujeres entran en el sistema pero todavía como excepciones vigiladas. Con Whitson, Cristoforetti o Williams se inaugura la era de la normalización profesional: largas carreras, mandos de estación, rotaciones múltiples.

La aparición de asociaciones como Ellas Vuelan Alto marca un nuevo paso: el de las redes organizadas, que agrupan a mujeres de todas las capas del sector —desde estudiantes hasta CEOs— para defender intereses comunes, compartir referentes y presionar para que la igualdad no dependa solo de voluntades individuales. El acuerdo con act legal Spain se inscribe en esa fase, aportando algo muy concreto: capacidad jurídica y voz en un ámbito, el de la regulación y la contratación, donde se decide buena parte del futuro del sector.


Un camino que se sigue escribiendo desde la aviación española

En España, la foto actual del sector muestra una mezcla de avances y asignaturas pendientes. Hay mujeres al frente de aerolíneas, como la propia Carolina Martinoli en Vueling; directivas en Aena, AESA o ENAIRE; técnicas de mantenimiento como Esther Pérez, reconocida por EVA; y, por primera vez, una candidata oficial a astronauta en la ESA, Sara García Alonso.

El reto ya no es demostrar que pueden, sino conseguir que su presencia deje de sorprender. Eso pasa por trabajar la base: más niñas que eligen carreras STEM, más referentes visibles en medios generalistas, más alianzas entre empresas, administraciones y asociaciones para que las políticas de igualdad no sean papel mojado.


Un regreso al punto de partida

Si se recorre la historia al revés, desde Sara García hasta Tereshkova, el hilo que une todas estas biografías no es solo el hecho de ser mujeres en el espacio. Es algo más sencillo y a la vez más profundo: cada una, en su contexto, decidió que el techo que le ofrecían no era el cielo.

Hoy, cuando un despacho de abogados firma con una asociación como Ellas Vuelan Alto un compromiso de colaboración para impulsar la igualdad, está recogiendo esa antorcha en un terreno diferente pero conectado. El espacio ya no es solo una órbita; es también un ecosistema de empresas, universidades, organismos públicos y reguladores donde se decide quién diseña satélites, quién pilota cohetes, quién firma contratos y quién cuenta estas historias.

Que una niña en León vea a Sara García Alonso entrenando con la ESA, a Carolina Martinoli liderando una aerolínea, a Isabel Maestre presidiendo una asociación que habla de tú a tú con el sector, y a un despacho como act legal Spain poniendo recursos para que eso no sea una excepción, significa que el viaje de ida ya ha empezado. El de vuelta, el de reconocer a quienes abrieron camino desde la sombra, lo estamos haciendo ahora, línea a línea.

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