Claudia C/Aviación Digital, Sp.- En los pasillos de cualquier centro de control espacial se respira la misma sensación: 2026 puede convertirse en el año en que la astronomía vuelva a pisar el acelerador. Mientras las aerolíneas miran cada vez más al espacio para apoyar la navegación, las comunicaciones y el control del tráfico aéreo global, una nueva generación de observatorios orbitales se prepara para despegar y reescribir los mapas del Universo. No son solo telescopios más grandes; son máquinas pensadas para trabajar en red, compartir datos y alimentarse mutuamente, como si formaran un gigantesco “sistema de vigilancia” científico que cubrirá desde el Sol hasta las galaxias más lejanas.
🚨 ON THIS DAY in Tech – December 25, 2021
— OnThisDayTech (@OnThisDayTech) December 25, 2025
**JAMES WEBB SPACE TELESCOPE LAUNCHED**
4 years ago TODAY—on Christmas morning—an Ariane 5 rocket thundered off from Kourou, French Guiana, carrying humanity’s most ambitious eye in the sky: the James Webb Space Telescope.
After… pic.twitter.com/dXBnOOccsg
Telescopio James Webb
En este contexto, resulta imposible no recordar al veterano Hubble: el telescopio que, durante más de tres décadas, marcó el estándar de lo que significa mirar al cosmos desde arriba de la atmósfera. Sin su legado, esta nueva flota de instrumentos simplemente no existiría.
Homenaje necesario: el legado del Hubble, el telescopio que lo cambió todo
Mucho antes de que hablar de exoplanetas o energía oscura fuese algo cotidiano, el Telescopio Espacial Hubble ya estaba allí fuera, girando a unos 540 kilómetros de altura y fotografiando el cielo con una nitidez que dejó obsoletos muchos atlas estelares de la época. Lanzado en 1990 a bordo del transbordador Discovery, empezó su carrera con un espejo defectuoso y una crisis reputacional que casi le cuesta la jubilación anticipada. Fue la primera gran lección: un observatorio orbital se parece más a un avión de largo recorrido que a un cohete desechable; necesita mantenimiento, revisiones y, a veces, cirugías de emergencia.
Meet Sh 2‑106, a tight‑knit stellar nursery in Cygnus; a dust‑cloaked infant star at its center sculpts the nebula into an hourglass.
— World and Science (@WorldAndScience) December 25, 2025
(Credit: NASA, ESA, the Hubble Heritage Team (STScI/AURA) and NAOJ) pic.twitter.com/jE0Sbp8x9X
Cinco misiones de servicio tripuladas terminaron convirtiendo al Hubble en un laboratorio flotante en permanente actualización. Se cambiaron cámaras, se repararon sistemas, se instalaron nuevos instrumentos y se prolongó su vida útil mucho más allá de lo previsto. Gracias a esa filosofía de “modernización en vuelo”, el telescopio nos dio algunas de las imágenes más icónicas de la historia de la astronomía: las nebulosas convertidas en catedrales de gas, las primeras galaxias vistas cuando el Universo era adolescente, la expansión cósmica medida con un detalle que obligó a redefinir la edad del cosmos.
“Be humble for you are made of earth. Be noble for you are made of stars.”
— Saganism (@Saganismm) December 25, 2025
📷 NASA/ESA/Hubble pic.twitter.com/sQKyybHFx6
Para la aviación, Hubble ha sido también un espejo incómodo y fascinante: mientras en la Tierra se discute cada kilogramo que sube a bordo de un avión, en órbita se aprendió a exprimir cada gramo de combustible y cada vatio de energía. La obsesión por la fiabilidad, la redundancia y la gestión de riesgos que hoy domina el diseño de satélites de navegación o comunicaciones bebe directamente de la cultura de sistemas creada alrededor del Hubble. Por eso, cuando en 2026 despeguen nuevos telescopios, lo harán pisando sobre las huellas de aquel viejo observatorio que aún resiste en órbita.
James Webb toma el testigo: así es el relevo generacional del Hubble
Durante más de tres décadas, el telescopio espacial Hubble ha sido el gran icono de la astronomía moderna: el ojo que ha fotografiado nebulosas como catedrales de gas, ha medido la expansión del universo y ha servido de referencia para toda una generación de instrumentos. En 2021, sin embargo, despegó su heredero natural, el telescopio espacial James Webb (JWST), pensado no para sustituirlo de forma inmediata, sino para llevar la observación del cosmos a un terreno donde Hubble apenas podía asomarse: el infrarrojo profundo. Ambos forman hoy una pareja que recuerda a la coexistencia de un avión legendario y su moderno relevo: uno sigue siendo fiable y versátil, el otro se atreve con rutas más extremas y exigentes.
Hubble versus James Webb
— EnDiAs Astronomia (@espacioAustral) June 21, 2024
El Hubble está en órbita desde 1990 y el Webb desde 2021
El Hubble se encuentra a 593 km. de la tierra, y el Webb a 1,5 millones km.
Hubble pesa 11 ton., mide 13,2 m. y tiene un espejo de 4,2 m.
Webb pesa 6,5 ton., mide 21 x 14 m. y su espejo mide 6,5 m. pic.twitter.com/gLGU1TAfH4
La primera gran diferencia entre ambos telescopios es su posición en el espacio. El Hubble orbita la Tierra a unos 540 kilómetros de altura, en órbita terrestre baja, lo bastante cerca como para haber recibido, en su momento, varias misiones de mantenimiento tripuladas que cambiaron instrumentos, repararon sistemas y prolongaron su vida útil mucho más allá de lo previsto. El James Webb, en cambio, opera a unos 1,5 millones de kilómetros de la Tierra, en las cercanías del punto de equilibrio gravitatorio L2 del sistema Sol‑Tierra. Desde allí permanece siempre “a la sombra” de nuestro planeta y del Sol gracias a un enorme parasol, en un entorno térmicamente estable que resulta perfecto para la observación infrarroja, pero que hace imposible cualquier reparación directa.
@NASA’s James Webb Telescope is about 100 times more powerful than Hubble & can gather infrared light helping cut through cosmic dust.
— Dr Michelle Dickinson (@medickinson) July 12, 2023
It’s easy to see the difference when comparing Hubble's 2014 image of the Pillars of Creation (left), versus James Webb's 2022 image (right). ⭐️ pic.twitter.com/ZOMCHAuRUL
El segundo gran salto es de tamaño y de “color” de la luz que observan. El espejo primario del Hubble, de 2,4 metros de diámetro, está optimizado para captar principalmente luz visible y ultravioleta, con algo de infrarrojo cercano. Eso lo convierte en una especie de cámara de alta resolución que ve el universo casi como lo verían nuestros ojos, pero con una nitidez que ningún telescopio en tierra puede igualar. El James Webb, en cambio, cuenta con un espejo segmentado de 6,5 metros de diámetro, recubierto de oro para maximizar la reflexión en el infrarrojo cercano y medio. Gracias a ello puede captar la luz extremadamente enrojecida de galaxias muy primitivas, emitida cuando el universo apenas tenía unos cientos de millones de años, y también puede atravesar nubes de polvo que bloquean la visión de Hubble, revelando el interior de regiones donde se forman estrellas y planetas.
Las funciones de cada uno reflejan esa especialización. El Hubble ha sido, y sigue siendo, el gran cronista en luz visible del cosmos cercano y lejano: ha cartografiado cúmulos estelares, nebulosas, galaxias espirales y el entorno de agujeros negros supermasivos, además de aportar datos decisivos para afinar la constante de Hubble y, con ella, la edad del universo. El James Webb, por su parte, se diseñó desde el principio como un instrumento para estudiar el universo temprano y la arquitectura de otros sistemas planetarios. Entre sus tareas prioritarias está analizar la luz filtrada por las atmósferas de exoplanetas durante los tránsitos, buscando firmas químicas como vapor de agua, dióxido de carbono o metano que ayuden a entender cómo se forman y evolucionan los mundos rocosos y gaseosos.
#Hubble versus #Webb: The Hubble image shows dark regions of dust between the spiral arms of IC 5332, which appear to separate the spiral arms. While the James Webb image shows a continuous tangle of structures that echo the shape of the spiral arms. pic.twitter.com/4LhUgFyyy0
— Reymond Aguinaldo (@mondinspace) October 20, 2022
Aunque a menudo se presenta al Webb como “el sustituto” del Hubble, en la práctica ambos se complementan más que compiten. Las mismas galaxias o cúmulos pueden observarse en visible con Hubble y en infrarrojo con James Webb para obtener una visión mucho más completa de su estructura. Cuando los dos telescopios analizan un mismo objetivo —como el cúmulo de galaxias MACS0416, uno de los ejemplos más citados— la combinación de sus datos permite revelar tanto las formas y colores visibles como los detalles ocultos en el infrarrojo, desde estrellas muy frías hasta estructuras de polvo y gas que de otro modo quedarían veladas. Es un juego de relevos en el que el veterano sigue aportando contexto y experiencia, mientras el recién llegado explora regiones del espectro electromagnético que antes estaban fuera de nuestro alcance.
⠀⠀ ❝Saturno en luz visible
— ∆Ꙇҽχ ∆ɳɗҽrssσɳ (@Alex_Anderssxn) February 24, 2025
(Hubble) versus Saturno en
luz infrarroja (James Webb)❞. pic.twitter.com/OTZ6kAf9SB
En ese sentido, hablar del James Webb como “relevo del Hubble” no significa cerrar una etapa, sino ampliarla. El primero ha demostrado que un telescopio espacial puede mantenerse, modernizarse y seguir siendo relevante durante más de 30 años; el segundo está enseñando hasta dónde se puede llegar cuando se apuesta por espejos más grandes, órbitas más lejanas y sensibilidad extrema al infrarrojo. Ambos forman un tándem que inspira a la nueva generación de observatorios que despegarán en 2026: Roman, PLATO, Xuntian y los pequeños Aspera y SunRISE nacen en un ecosistema donde Hubble marcó el camino y James Webb ha elevado el listón, preparando el terreno para que la próxima década sea, de nuevo, una edad de oro para mirar al cielo desde el espacio.
Nancy Grace Roman: el “cartógrafo” que quiere censar el Universo
Si el Hubble fue el ojo que nos enseñó la belleza del cosmos, el telescopio espacial Nancy Grace Roman aspira a ser algo así como su cartógrafo principal. Programado para lanzarse a finales de 2026, este observatorio de la NASA está diseñado para levantar el mapa más ambicioso del cielo jamás intentado por una sola misión. Su truco está en el campo de visión: podrá abarcar en una sola toma un área cien veces mayor que la de Hubble, lo que le permitirá registrar miles de millones de galaxias y estrellas a lo largo de su vida operativa.
NASA's Nancy Grace Roman Space Telescope: Unlocking the Secrets of the Universe in 2026 https://t.co/kqSOX28tVU
— Masoom Akhtar (@Dearteacher4u) December 25, 2025
Su agenda científica es tan densa como un libro de rutas de una gran aerolínea. Por un lado, utilizará la técnica de microlente gravitacional para detectar exoplanetas que orbitan lejos de sus estrellas, en zonas a menudo inaccesibles para otros instrumentos. Por otro, medirá con precisión la luz de supernovas lejanas y la deformación que provoca la materia en los rayos de luz de galaxias distantes, claves para estudiar energía oscura y materia oscura, esos dos grandes desconocidos que dominan la dinámica del Universo. En la práctica, Roman funcionará como una combinación de radar meteorológico y sistema de vigilancia del tráfico cósmico, generando catálogos que después otros telescopios irán “auditando” con más detalle.
PLATO: el cazador de mundos habitables
Mientras Roman dibuja el gran mapa, Europa prepara su propio especialista en detalle fino. PLATO, de la Agencia Espacial Europea, despegará con una misión muy clara: localizar planetas rocosos en la zona habitable de sus estrellas, es decir, en órbitas donde el agua líquida podría existir en superficie. Lo hará con un conjunto de 26 pequeñas cámaras que monitorizarán el brillo de hasta un millón de estrellas en busca de ligerísimas caídas de intensidad, las huellas de un planeta pasando frente a su estrella.
El telescopio espacial #Plato buscará #exoplanetas similares a la Tierra. El @iaa_csic colabora en esta misión de la @esa pic.twitter.com/ESevpVrbqJ
— Ángel Sombrero (@angelsombrero) July 11, 2025
Para un periodista acostumbrado a hablar de aproximaciones ILS o de rutas transoceánicas, la analogía es inevitable: PLATO será una especie de sistema de vigilancia de tráfico aéreo estelar, registrando cada pequeño tránsito, cada variación de luz que delate la presencia de un mundo nuevo. Sus datos servirán para priorizar objetivos del telescopio James Webb, que ya ha demostrado ser capaz de analizar la composición de atmósferas de exoplanetas, buscando rastros de agua, metano u otros gases potencialmente ligados a procesos biológicos. En cierto modo, PLATO será el “radar primario” y Webb, el “controlador” que examina de cerca los ecos más interesantes.
Xuntian: el gigante chino al servicio de la ciencia… y la ingeniería orbital
China no quiere quedarse al margen de esta nueva carrera observacional y prepara Xuntian, el Telescopio de la Estación Espacial China. Con un espejo de dos metros de diámetro, se situará en la misma liga que Hubble en cuanto a resolución, pero con un campo de visión mucho más amplio. La gran ventaja operativa es su órbita: volará en formación cercana con la estación Tiangong, lo que permitirá visitas periódicas de taikonautas para tareas de mantenimiento y actualización.
A China está desenvolvendo o Telescópio da Estação Espacial da China (CSST), também conhecido como Xuntian, um observatório espacial de ponta projetado para rivalizar com os principais telescópios atuais, como o Telescópio Espacial James Webb. De acordo com relatos da Live… pic.twitter.com/8Q51PeUCp8
— Lucas L (@Lucasl2025) February 25, 2025
Desde el punto de vista de la ingeniería, Xuntian hereda lo mejor del enfoque Hubble —mantenimiento in situ, actualizaciones hardware— y lo traslada a un contexto en el que las misiones tripuladas ya no dependen de un transbordador dedicado, sino de una estación permanente. Para la aviación y el sector espacial comercial, el mensaje es claro: la frontera entre satélite “intocable” y plataforma “reparable” empieza a difuminarse, algo que podría, en el futuro, extenderse a grandes plataformas de comunicaciones o a telescopios dedicados a vigilancia orbital y seguimiento de basura espacial.
En lo científico, Xuntian apuntará a cuestiones similares a Roman: formación de estrellas, estructura de la Vía Láctea, tasa de expansión del Universo y propiedades de la materia y energía oscuras. Cuantos más instrumentos miren el mismo fenómeno con ópticas diferentes, más preciso será el diagnóstico, igual que ocurre cuando varios radares y sensores ayudan a reconstruir el perfil de una tormenta que afecta a las rutas aéreas.
Aspera y SunRISE: los “smallsats” que persiguen enigmas muy concretos
No todos los ojos nuevos en el espacio serán gigantes. Aspera es un pequeño satélite, poco más grande que una caja de zapatos, diseñado para atacar uno de los misterios más incómodos de la cosmología: la llamada “materia bariónica faltante”, ese gas caliente y difuso que se sabe que llena el espacio entre galaxias, pero que se resiste a ser detectado directamente. Equipado con un telescopio ultravioleta compacto, Aspera intentará cartografiar ese material esquivo, pieza clave para cerrar el balance de masa visible del Universo.
🚀 ¡Gran noticia para la exploración espacial! NASA elige a Rocket Lab para lanzar el telescopio Aspera en 2026. Este pequeño satélite estudiará los gases entre galaxias y podría resolver grandes misterios del universo. 🌌 #Tecnología #SpaceX pic.twitter.com/xMyWCDnHKb
— Nova Core (@NovaCoreMore) May 16, 2025
Por su parte, SunRISE propone una idea tan sencilla como poderosa: seis pequeños satélites volando en formación para actuar como un único radiotelescopio. Su objetivo es observar las erupciones solares y las eyecciones de masa coronal que dan origen al clima espacial, esas tormentas que pueden saturar receptores GNSS, afectar a enlaces de comunicaciones y, en casos extremos, poner en aprietos a sistemas eléctricos en tierra. Para la aviación, entender mejor esos fenómenos no es solo una curiosidad científica: significa planificar con más precisión rutas polares, decidir cuándo reducir exposiciones a radiación y proteger mejor las redes que sustentan la navegación global.
Un ecosistema de telescopios que trabajará en red
Lo verdaderamente novedoso de la generación que llega en 2026 no es solo cada misión por separado, sino la forma en que estarán pensadas para trabajar juntas. Roman levantará los grandes mapas, PLATO seleccionará mundos potencialmente habitables, James Webb estudiará sus atmósferas, Xuntian añadirá contexto galáctico y cosmológico, y pequeños observatorios como Aspera o SunRISE se encargarán de preguntas muy concretas, desde el gas perdido entre galaxias hasta las tormentas solares que pueden dejar sin cobertura a un avión en plena ruta transoceánica.
— vincenzo (@vincenzosfhf) December 25, 2025
En este entramado, el Hubble seguirá orbitando como un veterano que aún tiene cosas que decir. Sus archivos, acumulados durante décadas, sirven de referencia para calibrar nuevos instrumentos y comparar cómo cambia el cielo con el tiempo. Cada nuevo telescopio que se lance en 2026 será, en cierto modo, un homenaje en activo a aquel pionero que enseñó al mundo que, más allá de la atmósfera, el cielo no es solo más nítido: es radicalmente distinto a lo que parecen mostrar los observatorios en tierra.






