Jose Luis Tejeiro, Piloto de Extinción de Incendios, Sp.- Los pilotos que combaten los incendios forestales desde el aire se enfrentan a un enemigo inesperado: la propia normativa que debería protegerlos. Un sistema de indicativos alfanuméricos rígido e incompatible entre comunidades autónomas está generando confusiones letales en las comunicaciones radiofónicas.
Cuando pensamos en los pilotos que combaten los incendios forestales, imaginamos una escena de heroísmo y riesgo extremo. Son profesionales que vuelan a baja altura entre montañas, enfrentándose a peligros como cables eléctricos invisibles entre el humo, cargas de agua en ríos confinados o aterrizajes en nubes de polvo que anulan la visibilidad. Su trabajo es una de las operaciones aéreas más complejas que existen, donde cada segundo cuenta y la coordinación es vital.
Pero, ¿y si uno de los mayores peligros que enfrentan no fuera el fuego, el terreno o el clima? ¿Y si el riesgo proviniera de algo tan aparentemente inofensivo como el nombre con el que se les llama por radio? Esta es la paradójica realidad que denuncian las tripulaciones en España. Un sistema de nomenclatura burocrático está creando un caos en las comunicaciones que pone en jaque la seguridad de todos. Este artículo desvela las claves de este peligro oculto y las soluciones que proponen los propios profesionales.

Los 5 Puntos Clave sobre el Peligro de los Indicativos Aéreos
1. El Origen del Caos: Un Sistema de Nomenclatura Rígido y Abstracto
El problema nace de un sistema de indicativos alfanuméricos impuesto por el Ministerio para la Transición Ecológica (MITECO), el Comité de Lucha contra Incendios Forestales (CLIF) y las Comunidades Autónomas. Este sistema asigna a cada aeronave un código basado en su tipo, la administración a la que pertenece y una serie de números y letras adicionales. El resultado es lo que los propios pilotos describen como una «‘ensalada‘ que da lugar a confusiones».
El caos se multiplica porque cada comunidad autónoma aplica su propia lógica: unas usan iniciales de provincia (A1 para Ávila), otras combinaciones de letras y números de la provincia (LA3.1 en Andalucía), y otras códigos de parque de bomberos (13.52 en Madrid), creando un mosaico de sistemas incompatibles en un mismo espacio aéreo. Aunque este sistema puede tener sentido para una clasificación administrativa en un despacho, en el fragor de un incendio, con decenas de aeronaves en el aire, se convierte en una receta para el desastre operativo.
2. La Paradoja: Cuando los Criterios Administrativos Pesan Más que la Seguridad
El hallazgo más alarmante es que la normativa actual choca frontalmente con las buenas prácticas de seguridad aeronáutica establecidas por la Agencia Estatal de Seguridad Aérea (AESA) y la Agencia de la Unión Europea para la Seguridad Aérea (EASA). Peor aún, las administraciones ignoran un principio que ellas mismas reconocen en su documentación oficial. El protocolo del CLIF establece sus reglas «…sin perjuicio de los requisitos y buenas prácticas en materia de comunicaciones y fraseología definidas por la autoridad aeronáutica«. Sin embargo, en la práctica, se ignoran estos criterios aeronáuticos.
Esta contradicción es tan grave que merece ser destacada:
Se da la curiosidad de que la normativa que imponen las administraciones nacional y autonómica está en contra de la normativa técnica y buenas prácticas emanada de AESA – EASA, criterios de gestión y/o políticos por encima de criterios técnicos. En un entorno donde la vida está en juego, esta inversión de prioridades resulta incomprensible y peligrosa.

3. El Coste Real de la Confusión: «¿Me Llaman a Mí?»
En un entorno de alta tensión, con visibilidad reducida y la radio saturada, la similitud de los indicativos tiene consecuencias directas y peligrosas. Lo que en tierra es un simple código, en el aire es una fuente de incertidumbre mortal. La confusión genera una cascada de problemas:
• Duda constante: El piloto debe preguntarse: «¿Ese mensaje era para mí o para la otra aeronave con un código casi idéntico?».
• Pérdida de mensajes clave: Una instrucción vital puede no ser recibida por su destinatario real.
• Ejecución de maniobras incorrectas: Una aeronave puede actuar según una orden dirigida a otra, creando un conflicto de tráfico aéreo.
• Aumento de la carga de trabajo: Los pilotos se distraen de sus tareas principales (pilotar y observar el entorno) para descifrar comunicaciones confusas.
• Saturación de la radio: Se necesita tiempo y espacio radiofónico extra para pedir aclaraciones, bloqueando la frecuencia para otras comunicaciones urgentes.
• Riesgo de colisión: La consecuencia final es un deterioro de la conciencia situacional. Este retardo en reaccionar a veces es decisivo para evitar conflictos de tráficos.
Un ejemplo real ilustra perfectamente esta situación. En el incendio de Degaña (Asturias), operaban simultáneamente aeronaves con indicativos como MZ05, MZ05B, MZ4, MZ04B, MZ05C y L1. Imaginar la confusión en los puntos de carga de agua o en las maniobras de descarga coordinada es, en palabras de los profesionales, «horroroso«.
4. Cerebro Humano vs. Códigos: La Razón Psicológica del Fracaso
El sistema actual falla porque va en contra de cómo funciona el cerebro humano, especialmente, bajo estrés. En vuelo, la fisiología del ojo y del cerebro perciben movimiento, silueta y color, como cuando se nos cruza un conejo de noche. Recordamos nombres concretos como «Pino» o «Laza» (nombres de bases), pero nos cuesta procesar y retener códigos abstractos como «MZ05B», que se olvida o se confunde fácilmente con «MZ05C».
Además, es imposible basar la comunicación en los códigos pintados en el fuselaje. Estos «no se leen nítidamente hasta que se está muy cerca, a unos 200 o 300 metros, y solo cuando se mira de lado, ya que no se ven de frente«. Los pilotos identifican a las otras aeronaves por su silueta, tamaño y color. Imponer un sistema que ignora esta realidad cognitiva es crear un obstáculo innecesario en un momento crítico.

5. La Solución ya Existe: Hablar Claro y Llamar a las Cosas por su Nombre
Frente a este caos, las tripulaciones no solo denuncian el problema, sino que proponen volver a lo que se empleaba en el pasado; una solución clara, sencilla y ya probada. La propuesta principal es utilizar el nombre de la base de procedencia como indicativo. Este sistema ya se emplea con gran éxito en Galicia, demostrando su viabilidad. Es más fácil recordar y distinguir «Maillo» de «Cueto» que «LA3.1» de «MA3.1».
La prueba irrefutable de que este sistema funciona es que los propios coordinadores aéreos, cuando la confusión de los códigos oficiales se vuelve insostenible, abandonan la norma e improvisan para restaurar la seguridad, usando nombres propios como «Formación Iglesuela» o «Pino» para aclarar las instrucciones. Además, esta preferencia no es exclusiva de los pilotos: el personal de tierra, como técnicos y directores de extinción, también encuentra más natural usar los nombres de las bases y solo recurren a los códigos «por imperativo normativo«.
Junto a la medida principal, proponen otras soluciones de sentido común:
• Usar el tipo de aeronave si es singular: Si solo hay un «Puma» o un «FOCA», llamarlo por su nombre es lo más rápido e intuitivo.
• Usar el color si ayuda a diferenciar: Si en una base o formación hay dos helicópteros iguales, llamarlos «Laza Amarillo» y «Laza Blanco» elimina toda ambigüedad.
Conclusión: Escuchar a los Expertos para Volar más Seguros
La situación de los indicativos aéreos en la lucha contra incendios es el ejemplo perfecto de cómo un sistema de organización, seguramente bien intencionado, genera un riesgo de seguridad real por haber sido diseñado de espaldas a la realidad operativa de los profesionales. La burocracia ha creado un lenguaje artificial y confuso que pone en peligro a quienes se juegan la vida en el aire.
La solución, como suelen ser las mejores soluciones, es sencilla: llamar a las cosas por su nombre. Escuchar la experiencia de las tripulaciones no es una opción, sino una obligación. ¿No es hora de que las normativas que afectan a operaciones de alto riesgo sean diseñadas escuchando, ante todo, la voz y la experiencia de quienes están en primera línea? Porque en una operación donde cada segundo cuenta, la solución más segura no es la que se ve mejor en una hoja de cálculo, sino la que funciona en el caos del humo y las llamas. Es hora de dejar que la experiencia pilote la normativa.
El informe completo y más detallado sobre este grave problema de seguridad aérea saldrá publicado en el próximo número de la revista del COPAC (Colegio Oficial de Pilotos de la Aviación Comercial). Recomiendo su lectura.






