La aerolínea de bajo coste Ryanair tiene ya todo listo para un movimiento histórico en su red europea: el cierre de su base operativa en el Aeropuerto de Berlín Brandeburgo (BER). La decisión, prevista para el final de la temporada de verano de la IATA, implica retirar los siete aviones actualmente estacionados en la capital alemana y redistribuirlos en otros destinos del continente.
Aunque la compañía, eso sí, mantendrá vuelos hacia Berlín, dejará de operar con base propia en el aeropuerto.
Esto supone un cambio importante en su operativa local, con un ajuste significativo de capacidad que afectará tanto a la oferta de rutas como al volumen de pasajeros transportados.
El factor clave: el aumento de tarifas aeroportuarias
El detonante de esta decisión está en la evolución de los cargos aeroportuarios. Desde 2019, Ryanair sostiene que las tasas en Alemania han seguido una tendencia alcista constante, acumulando incrementos de alrededor del 50%.
A esto se suma el plan del aeropuerto de Berlín de elevar sus tarifas en un 10% adicional a partir de 2027.
Para una aerolínea cuyo modelo de negocio se basa en maximizar eficiencia y mantener precios competitivos, este tipo de incrementos tiene un impacto muy directo. Demasiado, según Ryanair.
El aumento de los costes operativos obligaría a trasladar parte de esa presión al precio final del billete, algo que la compañía trata de evitar para no perder atractivo entre los pasajeros más sensibles al precio.
Reducción de tráfico y redistribución de flota
El cierre de la base en Berlín no implica una salida total del mercado, pero sí una reducción relevante de su actividad. La previsión es que el tráfico de la aerolínea en la ciudad caiga aproximadamente un 50% en los próximos años, pasando de unos 4,5 millones de pasajeros anuales a cerca de 2,2 millones en 2027.
Los siete aviones actualmente basados en BER serán trasladados a aeropuertos con estructuras de costes más favorables. Entre los destinos que se perfilan están países como Suecia, Eslovaquia, Albania e Italia, donde las condiciones fiscales y operativas permiten a la aerolínea mantener su modelo de bajo coste con mayor margen.
Este movimiento responde a una lógica bastante coherente con los estándares de Ryanair: priorizar mercados donde la presión regulatoria y los cargos sean más reducidos, optimizando así la rentabilidad de cada aeronave.
La situación del Aeropuerto de Berlín Brandeburgo (BER) tampoco es la mejor
El caso de Berlín refleja también una dinámica más amplia en el mercado alemán. Desde 2019, el tráfico de pasajeros en el aeropuerto ha caído cerca de un 30%, pasando de unos 36 millones a alrededor de 26 millones anuales.
Aunque en 2025 se registró una ligera recuperación con un crecimiento interanual del 2,3%, el volumen sigue lejos de los niveles previos a la pandemia.
A escala nacional, la recuperación del tráfico aéreo en Alemania está siendo más lenta que en otros países europeos.
En enero de 2026, los aeropuertos comerciales del país alcanzaron aproximadamente el 81,7% de la capacidad de 2019, una cifra que evidencia el retraso respecto a otros mercados que ya han superado los niveles precrisis.
La presión fiscal sobre la aviación
Uno de los elementos más criticados por las aerolíneas es la carga impositiva. En Alemania, el impuesto sobre la aviación ha pasado de 7,30 euros a 15,50 euros por pasajero en los últimos años.
A esto se suman otras partidas como la tarifa de seguridad, que podría duplicarse hasta los 20 euros por pasajero en los próximos ejercicios, y el incremento de las tasas de control del tráfico aéreo.
En conjunto, estos factores elevan de forma considerable el coste por pasajero. Frente a este escenario, otros países europeos han optado por reducir o eliminar ciertos impuestos para estimular la demanda, lo que ha permitido recuperar e incluso superar los niveles de tráfico de 2019.
Un repliegue progresivo en Alemania
Ryanair lleva varios años ajustando su presencia en Alemania. Tras la pandemia, la compañía ya clausuró operaciones en aeropuertos como Frankfurt Hahn y redujo su actividad en el principal aeropuerto de Frankfurt. Además, su filial Lauda cesó operaciones en Düsseldorf en 2020.
Este repliegue responde a una estrategia de reasignación de recursos hacia mercados más dinámicos. Países de Europa del Este y del sur del continente están captando una mayor parte de la inversión de la aerolínea gracias a un entorno regulatorio más favorable y una demanda en crecimiento.
Berlín seguirá conectada, pero con menor protagonismo
Pese al cierre de la base, Berlín continuará formando parte de la red de Ryanair. La diferencia es que los vuelos operarán desde otras bases europeas, lo que reduce la exposición directa de la aerolínea a los costes locales.






