Ryanair desata una guerra de precios y amenaza con convertir El Prat en un aeropuerto ‘low cost’

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Pasajeros cruzando a pie las pistas del aeropuerto barcelonés de El Prat y entrando por su propio pie al avión. No es el argumento de ninguna película de ficción ni otra toma de pistas en forma de protestas como la del verano de 2008, sino parte de la realidad del proyecto empresarial que quiere implantar la aerolínea irlandesa de bajo coste Ryanair a partir de septiembre en el enclave catalán, que han pagado todos los ciudadanos del Estado español. Así lo confirmó el vicepresidente de la aerolínea, Michael Cawley, al presentar el plan de crecimiento de la compañía, hasta ahora sólo presente en los aeropuertos secundarios de Gerona y Reus. Artículo completo en COTIZALIA

El proyecto, sin embargo, se convierte en un desafío para el resto de aerolíneas que compiten en El Prat, porque deberán adaptarse a sus bajos precios. "Creemos que si hay demanda podemos ofrecer mayor agilidad a nuestros pasajeros. Tal y como hacemos en el resto de aeropuertos europeos donde operamos, los pasajeros se transportan de forma más eficiente y ágil entrando en el avión por las pistas evitando el finger", prosigue Cawley.

Estas palabras y, sobre todo, la autorización de que Ryanair opere en la antigua Terminal T2 del aeropuerto de El Prat han encendido las alarmas en la Generalitat. Oficialmente, el gobierno catalán saluda el incremento de competencia en El Prat, pero en los despachos oficiales empieza a circular la preocupación de que la llegada de Ryanair acabe colgando la etiqueta a El Prat de "aeropuerto de bajo coste" y limite sus ansias de convertirse en un punto de enlace de grandes vuelos transoceánicos como Madrid, París, Londres o Frankfurt. ¿Por qué? Pues porque ni los profesionales del sector ni la Administración quieren que el aeropuerto barcelonés se convierta en una base de operaciones de bajo coste con conexiones a destinos europeos de corta y media distancia.

"El principal problema es trasladar al sector aéreo la imagen de que Barcelona es un aeropuerto secundario que también atraerá prácticas de actuación propias de la filosofía del negocio low cost. La consecuencia en el largo plazo es que El Prat no pueda despegar como aeropuerto internacional con conexiones transoceánicas, que es lo que pretende la Generalitat y los empresarios catalanes", aseguran a El Confidencial fuentes del departamento de Política Territorial y Obras Públicas de la Generalitat. De cualquier forma el anuncio de que Ryanair operará en septiembre en la antigua terminal barcelonesa provocará entre las aerolíneas una guerra de precios a la baja, puesto que Ryanair quiere competir directamente volando a los aeropuertos secundarios de los mismos destinos europeos que Vueling y Spanair a partir de 14 euros por trayecto. Ahí quedan las tarifas medias de cada compañía para entender el efecto que su irrupción puede provocar: la de Ryanair es de 32 euros, mientras que la de Vueling es de 56 euros y la de Iberia de 166 euros. De momento, para hacer boca y celebrar el anuncio de su base en El Prat, la irlandesa ha puesto a la venta más de un millón de billetes desde 5 euros para viajar por más de 500 rutas de Europa.

"Existe la libertad de precios, pero está claro que la guerra de tarifas provocará que las aerolíneas en El Prat compitan con precios bajos y reduzcan la calidad en el servicio. El modelo del Gobierno catalán no es defender el bajo coste en El Prat, sino promover que sea un aeropuerto con vuelos transoceánicos", prosiguen las mismas fuentes.

Ryanair empezará a volar el próximo 1 de septiembre desde El Prat, desde donde operará un total de 20 rutas, establecerá una base con cinco aviones y ocupará a 350 personas, con una inversión de 284 millones de euros. Desde la aerolínea se insiste en que la compañía no ha pedido ni recibido ninguna ayuda de la Generalitat para operar en El Prat, aunque considera que el gobierno catalán estará "encantado" porque quieren ayudar a "remontar la caída del aeropuerto de Barcelona". En principio, y pese a que no suele ser su forma de trabajo habitual, la aerolínea utilizará fingers para que los viajeros entren en el avión, pero está intentando conseguir el permiso para que los pasajeros puedan acceder a las aeronaves a pie utilizando las dos puertas.

Contraofensiva de Vueling

Ante la ofensiva y la guerra de precios desatada por la irlandesa, la española Vueling quiere desmarcarse de la etiqueta de bajo coste. Su presidente, Josep Piqué, ya ha anunciado que Vueling prevé ganar un millón de pasajeros en el aeropuerto de Barcelona en 2011 con los vuelos de conexión, que empezará a operar a partir del 5 de julio. La estrategia es clara: al contrario que Ryanair con sus vuelos de corta distancia, Vueling quiere posicionar a El Prat como aeropuerto de conexión de vuelos internacionales y, como ejemplo, espera que sus pasajeros hagan correspondencia en El Prat si necesidad de recuperar la maleta hasta su destino final.

La aerolínea, que empezará a vender los vuelos en conexión el 1 de junio, utilizará El Prat como aeropuerto de enlace (hub) de 43 ciudades de España, Europa, Norte de África y Oriente Medio. "Más de un tercio de los nuevos pasajeros serán italianos, franceses, holandeses y centroeuropeos en ruta a destinos nacionales y otros internacionales servidos por Vueling, como Tel Aviv, Amman o Estambul", sostiene Piqué. Vueling no descarta alianzas con Iberia, su principal accionista, u otras compañías aéreas para operar vuelos de conexión intercontinentales. En la actualidad, la compañía tiene 43 rutas desde Barcelona, lo que suponen 166 frecuencias diarias y sólo en El Prat transporta a más de 2,5 millones de personas anuales. "Vueling no es una 'low cost'; tiene costes bajos porque es eficiente", matiza su presidente.

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