PERICIA EN BILBAO/«El ala izquierda estuvo a un palmo de tocar el suelo»

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Los pasajeros de un Airbus 320 procedente de Frankfurt relatan el miedo sufrido durante su aterrizaje en el aeropuerto de Loiu. «Ha sido como una montaña rusa. El ala del avión ha estado a un palmo de tocar el suelo. La gente gritaba, se mareaba y alguno, incluso, ha llegado a vomitar». A veces, una ciclogénesis cabe en el interior de un avión. «El piloto nos ha agradecido por megafonía los aplausos y nos ha comentado que esta vez sí que eran completamente justificados. Se le notaba un tanto nervioso». Artículo completo en ELCORREO.com

El relato anterior lo cuenta Genaro, un bilbaíno que ayer llegó al aeropuerto de Loiu procedente de Frankfurt en un Airbus 320. O mejor, en una coctelera. Si el viento soplaba con fuerza en tierra, en las alturas, donde sólo los aviones pueden notarlo, era una turbulencia desbocada. La aeronave debía haber llegado a suelo vizcaíno a las 18.10 horas, pero lo hizo con veinte minutos de retraso, algunas complicaciones y mucho, mucho, miedo. Tanto, que el aterrizaje se resolvió con una de esas ovaciones cerradas a los pilotos que únicamente se producen en situaciones de tensión. «El piloto nos ha agradecido por megafonía los aplausos y nos ha comentado que esta vez sí que eran completamente justificados. Se le notaba un tanto nervioso», concluye Genaro, aún con el susto en el cuerpo, mientras recorre el vestíbulo del aeropuerto, que ayer registró cinco cancelaciones de vuelos y algunos retrasos en otros.

A 4.000 metros 'La tormenta perfecta' sacudió con fuerza a 4.000 metros de altitud. Cientos de pasajeros que abandonaban las instalaciones de Loiu con los rostros aún ensombrecidos o, al revés, aliviados por verse en tierra firme fueron testigos de la fuerza sólida de la ciclogénesis, de cómo el aire puede parecer el puño de un boxeador. «Llevamos viajando todos los meses desde hace diez años y nunca hemos visto un aterrizaje así. Uno se acostumbra a estas cosas, pero lo de hoy…», explicaban Ignacio, Álex y Fernando, tres jóvenes que también ocuparon butacas en el vuelo de Frankfurt. «La gente ha gritado muchísimo. el caso es que el viaje iba estupendamente hasta que hemos empezado a aterrizar. Parecía que el ala tocaba el suelo, te lo juro», aclaraba Ignacio. Anna Zimmerman, una estudiante alemana, coincidía con él: «Ha sido horrible. Menos mal que ahora estamos ya en tierra. Todavía me tiemblan las manos». Al mismo tiempo que zarandeaba a los aparatos en los cielos vascos, el viento puso plomo en las alas de un puñado de aeronaves que no pudieron salir. O que ni siquiera lograron acercarse a Loiu para recoger al pasaje, como ocurrió con un vuelo que llegaba desde Madrid y que debía regresar a la capital de España a las 17.40 horas. «Teníamos previsto que el avión llegara a las 16.55 a recoger al pasaje, pero el piloto no lo ha visto claro y ha creído oportuno darse media vuelta y volver a Madrid. Por esta razón, quienes iban a salir hacia allí se han quedado en Loiu», indicaron fuentes del aeropuerto, tras remarcar que la última decisión para proceder a un aterrizaje corresponde al comandante.

Vacaciones truncadas Más de un centenar de personas se vieron afectadas por esta cancelación. Leticia, Carmen y Natalia, tres granadinas de vacaciones en Euskadi, figuraban en ese grupo. «Al final han sido unas vacaciones truncadas. Todo ha ido genial hasta hoy», se lamentaban, tras precisar que Iberia les ofreció «la posibilidad de cambiar el billete para otro día o devolvernos el dinero. Eso sí, la noche no nos la pagan y, como estudiantes que somos, pues es una faena», se resignaban. «Además, ¿y si mañana (por hoy) la cosa está peor y tenemos que volver a quedarnos aquí?». Aparte de las cancelaciones, la terminal se vio obligada ayer a desviar dos aeronaves a Vitoria. En una de ellas debía haber viajado de regreso a Madrid Andoni Esteban, un vecino de Leioa que tenía previsto «visitar a mi novia. Ella trabaja allí y sólo la puedo ver algunos fines de semana. Esta vez parece que me voy a tener que quedar con todas las ganas». El aeropuerto de Foronda, en cambio, ejerció bien de base auxiliar. Las compañías aéreas facilitaron luego el traslado de los viajeros en autobús hasta Vizcaya. Evidentemente, lo hicieron con retraso, pero con la satisfacción de haberse zafado de una ciclogénesis que nunca olvidarán.

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