
Uno de ellos es el plan de pensiones de los empleados de British Airways (BA), que ha visto cómo su inversión en BP (en torno a un 2% de sus activos) se ha devaluado en unos 40 millones de libras. Aunque no es una cantidad desorbitada, contribuye a agravar un poco más su deficitaria situación (el desfase asciende a 3.700 millones de libras, según los últimos datos oficiales).
Y lo hace, además, en un mal momento: cuando la compañía negocia con los gestores del fondo una solución definitiva y satisfactoria para ese déficit, un aspecto esencial para que la fusión con Iberia llegue a buen puerto. No hay que olvidar que la aerolínea española se ha reservado el derecho a anular el proceso de unión si BA acuerda elevar significativamente en el futuro sus contribuciones a dicho fondo.
El impacto de la inversión en BP no es demasiado significativo, sobre todo si se compara con la cuantía total del déficit, por lo que no debería ser un escollo, pero pone en evidencia que las desgracias nunca vienen solas, ya sean en forma de huelgas, de cenizas volcánicas o de malogradas inversiones.






