Soyuz-5, el renacer del cohete ruso que mira de nuevo hacia las estrellas

El nuevo lanzador ruso, más potente y eficiente, apunta a recuperar la independencia tecnológica del país en el competitivo mercado espacial.

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Claudia C./ Aviación Digital, Sp.- La cuenta regresiva ha comenzado: el nuevo cohete y sucesor directo de una de las líneas de lanzadores más longevas del mundo, el Soyuz-5, será trasladado al cosmódromo de Baikonur a finales de octubre, con un lanzamiento inaugural previsto para diciembre de 2025. Con este vehículo, Rusia busca además de modernizar su flota espacial, mantener su independencia tecnológica en una era dominada por empresas privadas y competencia internacional.


Nuevo capítulo en una historia que comenzó en 1957

Hablar del Soyuz-5 es hablar de herencia. Su ADN viene del mítico R-7 Semyorka, el primer misil balístico intercontinental de la Unión Soviética y, más tarde, la base del cohete que lanzó el Sputnik 1, el primer satélite artificial de la historia, el 4 de octubre de 1957. Aquel hito marcó el inicio de la era espacial y colocó a la URSS a la vanguardia tecnológica.

Desde entonces, la familia Soyuz ha sido sinónimo de fiabilidad. Miles de misiones —tripuladas y no tripuladas— despegaron con cohetes derivados de ese diseño original. Incluso hoy, más de seis décadas después, las cápsulas Soyuz MS siguen transportando astronautas hacia la Estación Espacial Internacional (EEI).

Pero el tiempo pasa y la ingeniería necesita evolucionar. Con el Soyuz-5, Rusia busca redefinir su capacidad de lanzamiento y renovar su infraestructura espacial, adaptándose a los estándares de una industria que ya no depende exclusivamente de agencias estatales, sino que ahora compite con actores privados como SpaceX o Blue Origin.


Qué es exactamente el Soyuz-5

El Soyuz-5, también conocido como Irtysh, es un lanzador de clase media diseñado por la corporación estatal Roscosmos y construido por RKTs Progress en Samara. Según datos oficiales publicados por la agencia rusa TASS, el vehículo será trasladado a Baikonur el 30 de octubre de 2025, donde se realizarán los preparativos para su vuelo inaugural a finales de diciembre.

Técnicamente, el Soyuz-5 se ubica entre los lanzadores medianos y pesados: podrá colocar hasta 17 toneladas de carga útil en órbita baja terrestre, es decir, más del doble de lo que puede cargar el actual Soyuz-2.1b, pero con un coste menor que el del Proton-M.

La clave está en su nuevo motor RD-171MV, una evolución del legendario RD-170 soviético, considerado uno de los motores más potentes jamás construidos. Este nuevo propulsor utiliza queroseno y oxígeno líquido, ofreciendo mayor empuje, eficiencia y fiabilidad. Además, el cohete contará con un sistema modular que facilitará su mantenimiento y futuras mejoras.


Baikonur: el corazón simbólico del programa espacial ruso

El cosmódromo de Baikonur, situado en Kazajistán, es el lugar desde donde comenzó todo. Desde allí partió el Sputnik, el primer ser humano Yuri Gagariny buena parte de la historia espacial soviética. Pese a pertenecer hoy a Kazajistán, Rusia mantiene su control operativo mediante un acuerdo bilateral que le permite usar las instalaciones hasta 2050.

El Soyuz-5 despegará desde la plataforma “Baiterek”, un proyecto conjunto entre ambos países que sustituye la antigua infraestructura usada por el cohete Zenit. El programa no solo tiene valor tecnológico, sino también simbólico y geopolítico: reafirma la cooperación ruso-kazaja y asegura el acceso ruso al espacio mientras se desarrollan los nuevos puertos espaciales de Vostochni.


Rusia enciende el corazón del Soyuz-5

El programa espacial ruso dio un paso decisivo hacia su nueva era con la prueba de encendido del motor RD-171MV, la pieza central del cohete Soyuz-5. En el banco de pruebas de Energomash, los ingenieros realizaron un encendido completo de 160 segundos, durante el cual el motor alcanzó un empuje de casi 800 toneladas de fuerza, equivalente al empuje combinado de tres motores Raptor del cohete Falcon 9 de SpaceX.

El vídeo oficial difundido por Roscosmos muestra el momento en que la llama azulada del queroseno y el oxígeno líquido inunda el banco de ensayos, una demostración de potencia controlada que marca el final de años de desarrollo. Este ensayo de fuego estático fue más que una verificación técnica: simboliza el regreso de Rusia a la autosuficiencia en motores espaciales, tras décadas de dependencia parcial de componentes ucranianos.

El RD-171MV pertenece a la legendaria familia RD-170, utilizada por los cohetes Energia y Zenit desde los años ochenta. Su arquitectura, de cuatro cámaras de combustión alimentadas por una sola turbobomba, sigue siendo una obra maestra de la ingeniería aeroespacial. Emplea un ciclo de combustión por etapas rico en oxígeno, un sistema que mejora la eficiencia y reduce los residuos de combustible, logrando una presión en cámara cercana a los 24 megapascales —una cifra comparable a la de los motores más avanzados del mundo—.

En esta versión modernizada, todos los sistemas ucranianos fueron reemplazados por componentes rusos, y el control del motor se ha digitalizado por completo. Con una masa de 9,8 toneladas, el RD-171MV ostenta el título de motor de combustible líquido más potente en operación, superando incluso al RD-180 que impulsa los cohetes estadounidenses Atlas V. Su impulso específico (Isp) de aproximadamente 337 segundos en vacío y una potencia de turbina superior a los 180 megavatios son testimonio de la sofisticación de su diseño.

Esta prueba no solo valida la potencia del motor, también abre el camino para el traslado del Soyuz-5 al cosmódromo de Baikonur, donde comenzarán los preparativos para su lanzamiento inaugural en diciembre de 2025. Más de cuarenta años después del nacimiento del RD-170, Rusia vuelve a demostrar que sigue construyendo sobre una base tecnológica sólida, perfeccionando un diseño que se ha convertido en una columna vertebral de su ingeniería espacial.

El Soyuz-5 cubrirá el vacío entre la familia ligera Soyuz-2 y los futuros lanzadores pesados Yeniséi, posicionándose como el Zenit ruso del siglo XXI: un cohete rediseñado, completamente autosuficiente y más económico. En términos de tamaño y capacidad, rivaliza con el Falcon 9, aunque su objetivo es diferente: restaurar la capacidad de lanzamiento nacional en la clase de 15 a 20 toneladas.

Con el RD-171MV en la primera etapa y el RD-0124MS en la segunda, el Soyuz-5 será la base modular de toda una nueva generación de lanzadores rusos, desde el Soyuz-6 hasta el Yeniséi. Mientras la familia Angara asume misiones gubernamentales y militares desde el cosmódromo de Vostochni, el Soyuz-5 se proyecta como su contraparte comercial y flexible, una continuación lógica de la trayectoria Zenit, pero con la mirada puesta en el futuro.

Y allí, en el corazón de Baikonur, donde comenzó la aventura espacial humana, Rusia volverá a encender su historia.

Soyuz-5 frente a Angara A5: dos caminos hacia el mismo destino lunar

El programa lunar ruso ha pasado por distintas fases de planificación y reajustes estratégicos. En su concepción original, Roscosmos proyectaba utilizar dos lanzadores Angara A5V, una versión avanzada de la familia Angara equipada con una etapa superior criogénica, para enviar de manera separada la nave tripulada Orel y el módulo de alunizaje a la órbita terrestre baja (LEO). Posteriormente, dos remolcadores espaciales se encargarían de ejecutar la inyección translunar (TLI) y realizar el ensamblaje en órbita (EOR) antes del viaje hacia la superficie lunar.

Este planteamiento evidenciaba la intención rusa de recrear un perfil de misión similar al del programa Apolo, aunque con un enfoque modular y reutilizando lanzadores existentes. Sin embargo, la evolución industrial del país, marcada por sanciones y la necesidad de independencia tecnológica, ha impulsado el desarrollo del Soyuz-5 como una alternativa más accesible, con una arquitectura de tres núcleos y componentes enteramente fabricados en Rusia.

Pese a ello, los datos técnicos revelan un contraste llamativo: la versión de tres núcleos del Soyuz-5 tiene una capacidad de carga a órbita baja inferior a la del Angara A5, y aproximadamente la mitad que la del Angara A5V. Mientras el Angara está diseñado para transportar grandes módulos y operar en misiones de exploración profunda, el Soyuz-5 se posiciona como un lanzador de clase media, más flexible, económico y optimizado para misiones comerciales y gubernamentales dentro de la órbita terrestre.

Esta diferencia no implica competencia directa, sino una estrategia dual dentro del programa espacial ruso: el Angara A5V como vector para misiones lunares y de carga pesada, y el Soyuz-5 como heredero de la línea Zenit-Soyuz, ideal para lanzamientos frecuentes desde Baikonur y Vostochny. Ambos proyectos, aunque nacidos con propósitos distintos, son parte de una misma ambición: reafirmar la autonomía espacial rusa y mantener una presencia sostenida en la órbita baja y más allá.

El desafío de recuperar protagonismo

Sin embargo, el contexto internacional no es el de los años 60. Hoy, el espacio es un terreno de competencia comercialEstados Unidos, con SpaceX, ha logrado reducir drásticamente los costes mediante cohetes reutilizables, mientras que Europa trabaja en el Ariane 6 y China en sus propios sistemas modulares.

Frente a ese escenario, el Soyuz-5 representa para Rusia una apuesta estratégica: no busca ser el más barato ni el más avanzado, sino el más confiable dentro de su rango. Además, permitirá mantener la producción nacional de motores y estructuras, disminuyendo la dependencia tecnológica de componentes extranjeros, especialmente tras las sanciones internacionales de los últimos años.


Del Soyuz-5 al cohete superpesado

El desarrollo del Soyuz-5 también sirve como base para proyectos más ambiciosos. Roscosmos planea que este lanzador sea el bloque central del futuro cohete superpesado “Yenisey, destinado a misiones lunares o incluso marcianas. En ese sentido, el Soyuz-5 es mucho más que un simple sucesor: es un pilar tecnológico hacia la siguiente fase de exploración rusa.

A casi 70 años del lanzamiento del Sputnik, Rusia vuelve a mirar al cielo con ambición. El Soyuz-5 no pretende romper récords de potencia ni ser un fenómeno mediático, pero sí reafirmar la continuidad de una tradición científica y tecnológica que, pese a las crisis y los cambios geopolíticos, sigue viva.

Si todo marcha según lo previsto, el primer vuelo en diciembre de 2025 marcará el renacimiento de la familia Soyuz: una línea que comenzó con Gagarin y que podría llevar a nuevas generaciones de misiones rusas más allá de la órbita terrestre.

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1 COMENTARIO

  1. Gracias, cuanta información. Me permitió tener un panorama más claro de los planes rusos de desarrollo de naves espaciales

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