Aviación Digital, Sp.- El piloto forestal Antonio López-Oliveros Carrillo plantea en un documento técnico una táctica alternativa: iniciar las descargas en la zona ya quemada y avanzar hacia la cabeza del incendio conforme mejora la visibilidad. La hipótesis: debilitar la dinámica del fuego y reducir su intensidad antes de operar en el entorno más crítico del frente.
En la lucha aérea contra incendios forestales, pocas imágenes son tan potentes como una descarga de agua sobre una línea de llamas. Pero entre lo espectacular y lo eficaz media un terreno complejo: el fuego no responde a un único factor, sino a la interacción entre combustible, humedad, viento y relieve, además de la dinámica local que el propio incendio genera a su alrededor.
Sobre esa idea, el piloto López-Oliveros propone un enfoque distinto para el empleo de aeronaves en extinción. En su documento que adjuntamos “Nuevo método apagafuegos con medios aéreos para incendios forestales”, describe una maniobra que denomina “ataque posterior”: en lugar de comenzar descargando sobre la llama, iniciar la acción “desde atrás”, en la zona ya afectada, para progresar hacia la cabeza del incendio.
Qué es el “ataque posterior”
La secuencia que plantea el documento es sencilla de visualizar:
No descargar primero sobre la llama.
Descargar agua por detrás de la cabeza, sobre el área ya quemada y humeante.
Repetir descargas sucesivas, avanzando hacia el frente a medida que el humo se reduce y se gana margen operativo.
El texto insiste en un punto de seguridad clave para cualquier operación en incendios: no penetrar en humo, por el riesgo que supone la pérdida de visibilidad y la posibilidad de obstáculos ocultos. El “ataque posterior” se presenta, en parte, como una forma de trabajar para despejar progresivamente el área de aproximación.
La hipótesis: enfriar el entorno del incendio, no solo “mojar” el frente
Más allá del esquema táctico, el documento introduce una explicación basada en fenómenos físicos:
- El agua lanzada sobre zonas muy calientes se evapora en parte
- Esa evaporación contribuiría a enfriar el aire localmente
- El enfriamiento generaría diferencias de densidad y movimientos de aire que, según el texto, pueden alterar la dinámica del incendio y reducir su capacidad de sostener un frente intenso.
El propio documento señala que se apoya en resultados empíricos y que la fundamentación completa requeriría desarrollo y validación adicionales, algo habitual cuando se intenta trasladar experiencia operativa a un marco metodológico formal.
En qué se diferencia del ataque directo e indirecto
En operaciones de extinción, los medios aéreos suelen encuadrarse en dos enfoques generales:
Ataque directo, descarga sobre llama o borde activo para extinguir o reducir intensidad.
Ataque indirecto, apoyo a líneas de defensa o a zonas de contención, reforzando barreras o humedeciendo áreas.
El “ataque posterior” apunta a un paso previo: condicionar el entorno antes de entrar en la cabeza del incendio, buscando un debilitamiento progresivo que facilite el frenado del frente.
La variable decisiva: el ciclo de descarga
Como ocurre con cualquier táctica sostenida, el documento subraya que el método depende de factores logísticos muy concretos:
Masa de agua por descarga.
Frecuencia de rotación (punto de carga cercano y tiempos de ciclo reducidos).
Número de aeronaves disponibles para mantener presión operativa.
Dicho de otro modo: no basta con “dónde” se descarga; importa cuánta agua llega y cada cuánto.
Dónde podría encajar mejor
El texto sugiere que esta forma de ataque puede ser especialmente útil en incendios incipientes o de mediano desarrollo y en escenarios donde la orografía permita aproximaciones con más margen, como ciertos fuegos de ladera.
Qué falta para convertirlo en procedimiento estándar
Como propuesta divulgativa, el planteamiento abre una vía interesante. Pero para que se convierta en un procedimiento ampliamente adoptable, sería necesario acompañarlo de:
Casos documentados (tipo de incendio, combustible, meteorología, recursos y resultados).
Métricas comparables (velocidad de propagación, intensidad, perímetro, tiempo hasta control).
Criterios de aplicación y límites (viento, estabilidad, visibilidad, obstáculos, turbulencia convectiva).
Integración con el mando y con los medios terrestres (líneas de defensa, protección de valores, control de focos secundarios).
Una idea que pone el foco donde duele: ganar eficacia antes de entrar en el frente
El “ataque posterior” de Antonio López-Oliveros Carrillo parte de una observación operativa: en determinados escenarios, descargar sobre la llama no siempre es lo más efectivo, ni lo más seguro, para iniciar una acción aérea sostenida.
La propuesta busca, ante todo, crear condiciones para que el frente pierda intensidad y para que el conjunto de medios, aéreos y terrestres, gane margen y eficacia.






