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El saber no ocupa lugar

Nuestros monogáficos

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Madrid, SP, 7 de septiembre de 2015.- Al dicho de “El saber no ocupa lugar”, yo añadiría que además, el tener múltiples conocimientos adicionales ajenos a nuestra profesión, puede facilitar mucho las cosas en situaciones complicadas, pudiendo salvar vidas, incluida la nuestra propia. Dicen de las ratas, que hay otros animales que saben nadar, trepar, correr, moverse en la oscuridad, atacar, etc. mejor que ellas, pero estos roedores aunque no sean especialistas, saben hacer todas estas cosas juntas y por esa razón sobreviven en lugares donde otros animales no pueden y salen airosas de situaciones difíciles, precisamente por su versatilidad.¿Y porqué digo todo esto?

De vez en cuando los medios de comunicación nos muestran casos de una persona que se atraganta y muere o por el contrario, había cerca otra que sabia practicar la Maniobra de Heimlich y logra salvarla.

No son raros tampoco los casos donde un individuo con parada cardiorrespiratoria, logra salir adelante gracias a que otra persona no profesional de la medicina, conoce como practicar la Reanimación Cardiopulmonar y logra lo que parece un milagro, resucitarlo.
Estamos acostumbrados a ver extintores en las paredes de muchos edificios públicos y medios de transporte, pero no estoy seguro de que todo el mundo sepa como utilizarlos o ni tan siquiera como ponerlos en funcionamiento.
Hay un sinfín de ejemplos con un final feliz, sencillamente porque alguien conocía como hacer cosas que no son complicadas y que están al alcance de todo el mundo.
Algunas intervenciones puede que no tengan gran importancia, como la de poner en marcha un coche con la batería descargada con un par de cables de arranque o abrir la puerta de casa con una tarjeta porque se han dejado las llaves dentro, etc.
Pero hay otras situaciones donde la vida puede estar en juego y, es aquí precisamente donde se podría sacar más rentabilidad a una serie de conocimientos que sin ser complicados pueden solucionar satisfactoriamente emergencias serias.
A continuación voy a mostrar algunos casos que se me ocurren y que no requieren más que la voluntad de querer aprender.
Saber como practicar la Maniobra de Heimlich o la Reanimación Cardiopulmonar o como tratar a un accidentado etc. deberían enseñarlo obligatoriamente en todos los colegios, pero hay determinado tipo de emergencias que se pueden presentar con más probabilidad a unas personas que a otras y sería más beneficioso para estos grupos de riesgo específico, que conozcan como realizar algunas actividades que faciliten un final feliz en situaciones que algunas veces son muy, muy complicadas.
Si alguien vuela con cierta frecuencia, de acompañante, sobre todo en aeronaves de recreo con un solo piloto, no estaría de más tener unas nociones básicas de cómo volar. No es necesario tener los conocimientos de un profesional, pero si que podría ayudar en una emergencia tener unos conocimientos básicos de aerodinámica, estar familiarizado con los mandos e instrumentos y su función, así como saber manejar las comunicaciones para poder pedir y recibir ayuda.
Hoy día, que prácticamente todo el mundo dispone de un ordenador en casa, con la ayuda de programas de simulación (y los hay muy buenos), el que no adquiere estos conocimientos es sencillamente porque no quiere.
No voy a mencionar marcas comerciales, pero hay simuladores de vuelo para ordenadores domésticos que son de una realidad impresionante y que permiten ejercitar con gran realismo tanto todas las fases del vuelo como practicar con los distintos instrumentos de navegación si se desea, VOR, DME, ILS, etc.
Algo similar ocurre con los aficionados a salir al mar de acompañantes, en caso de emergencia, sería de gran ayuda conocer cuatro cosas elementales que al final pueden salvar sus vidas. Sobre todo las comunicaciones para pedir ayuda, como poner en marcha el motor de la embarcación, mantener un rumbo, saber reconocer la costa si está a la vista, etc.
En la misma situación están los que viven cerca de instalaciones químicas, radioactivas, zonas sísmicas, etc. donde podría merecer la pena hacer un esfuerzo extra en preparar sin obsesionarse, medidas especificas de protección en esas áreas para casos de emergencias.
Recuerdo cuando empecé atrabajar para la NASA, que además del entrenamiento técnico especifico en el centro NTTF (Network Test and Training Facility) ubicado en el estado de Maryland, sobre todo el primer año, no se paraba de hacer multitud de cursos para tratar de adquirir conocimientos no relacionados directamente con nuestra profesión pero que en situaciones de emergencia podrían marcar la diferencia entre un desastre o un simple incidente, tratando en cierto modo de imitar la versatilidad de las ratas.
Nos proporcionaban coches para el trasporte, pero esos coches no se podían conducir (aunque se tuviera el carnet estatal y una experiencia de años conduciendo), sin antes haber pasado por un cursillo de conducción de varios días o semanas con un instructor, superando en algunas ocasiones situaciones complicadas provocadas. Después había cursillos asistidos con proyecciones de videos americanos sobre la “Conducción Defensiva”.
Por supuesto no faltaban cursos de Primeros Auxilios donde se practicaba la Maniobra de Heimlich o la Reanimación Cardiopulmonar, como entablillar un miembro fracturado o cortar una hemorragia, etc.
A parte de las clases teóricas de los distintos sistemas de protección de incendios instalados en el Complejo Espacial para combatir fuegos, como “sprinklers”, descargadores de gas inerte, etc. se salía a una zona controlada, con camión de bomberos incluido, donde se hacía un fuego de verdad y todos teníamos la oportunidad de practicar con los distintos tipos de extintores, CO2, polvo químico, agua etc. así como con mangueras conectadas a hidrantes fijos o al deposito del vehiculo contra-incendios (algunas dado su caudal, había que manejarlas entre dos personas).
Un ejemplo claro de cómo se pueden salvar vidas teniendo los conocimientos necesarios para poder improvisar en una emergencia, la encontramos en la misión Apollo 13. Como se sabe, a los dos días de despegar con destino a la Luna, explotó un tanque de oxígeno en el Módulo de Servicio, donde iban las reservas de todo lo que necesitaba la tripulación para llegar y regresar de la Luna y de repente se quedaron casi sin energía eléctrica (solo las baterías), sin agua, sin control y sobretodo sin poder depurar el aire de su habitáculo del dióxido de carbono generado al respirar, al verse obligados a apagar el Módulo de Servicio por quedar seriamente dañado.


Era una tripulación muy bien preparada para realizar cada uno su trabajo, Comandante, Piloto del Módulo de Mando y Piloto del Módulo Lunar, pero esta situación no estaba en sus planes, había que improvisar y, lo hicieron, más bien lo bordaron.
El Módulo Lunar, que fue su salvavidas, tenia suministros para dos astronautas durante dos días, pero ahora había tres astronautas en el Módulo de Comando, que en el mejor de los casos necesitaban cuatro días más para regresar a la Tierra, al tener que continuar el viaje y circunvalar la Luna para poder regresar a casa.
Las condiciones eran bastante precarias; la energía eléctrica estaba muy limitada al estar inutilizado el generador del tipo “Fuel Cell ” y depender exclusivamente de las baterías, por consiguiente hubo que reducir al mínimo su utilización, las temperaturas eran muy bajas (el vapor se condensaba en las superficies del Módulo de Mando, con el riesgo de dañar los equipos electrónicos), casi sin luz y con demasiada presión psicológica, que no ayudaba precisamente a tomar las decisiones más adecuadas, pero se tomaron.
Una de las primeras cosas que se vieron obligados a hacer fue purificar el aire que respiraban, empleando un dispositivo de hidróxido de litio del Modulo Lunar porque el del Módulo de Servicio había sido inutilizado. El primer problema fue que las conexiones eran totalmente incompatibles y hubo que improvisar al estilo “MacGyver” un tubo de conexión entre un sistema y otro, conectando el conducto a un cubo en un lado y a un cilíndrico en el otro extremo, fabricándolo solamente con los escasos medios disponibles abordo.
No voy a seguir contando más calamidades de esta misión, el caso es que la situación era tremendamente complicada y al final la historia acabó bien gracias al excelente trabajo hecho tanto por la tripulación como por el equipo de tierra.
Sin ánimo de extenderme más, solamente quería comentar, que no parece una mala inversión imitar a nuestras “hermanas las ratas”, como diría San Francisco, si queremos sobrevivir a situaciones complicadas y también poder prestar ayuda a los demás en momentos críticos.
Quisiera aprovechar esta oportunidad para felicitar a todo el equipo que participó en el desarrollo de la emergencia declarada en la aeronave que partió de Trebujena (Cádiz) este mismo mes de agosto. Sencillamente, lo bordaron.
Y no quiero olvidarme de otro caso reciente, los Policías Municipales de Madrid que lograron salvar la vida al niño atragantado con una aceituna.

J.M.M.C.

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