Aviación Digital, Sp.- Cada verano, desde hace años, Eduardo Gavilán, editor de Aviación Digital, se sienta con Juan Carlos Gómez Verdugo para hacer balance de la campaña de incendios. La cita de este año llega con España rozando de nuevo el récord histórico de superficie quemada y con un piloto de 40 años de experiencia dispuesto a decir, una vez más, dónde está el problema real: no en el tamaño de los aviones, sino en los primeros minutos.
España ha quemado ya 296.502 hectáreas en lo que va de 2026, según los datos actualizados a 9 de septiembre por el Sistema Europeo de Información sobre Incendios Forestales (EFFIS), la plataforma que la Comisión Europea nutre con imágenes de satélite de Copernicus. La cifra tiene un matiz importante: en la misma fecha de 2025, un año que la propia Unión Europea llegó a calificar como el peor desde que existen registros, ya se habían quemado 382.663 hectáreas, es decir, España va este año algo más de un 20% por debajo del ritmo del año pasado.
Gómez Verdugo, sin embargo, no baja la guardia. «Estamos ahora, me parece, en la tercera peor campaña que hemos tenido, y muy probablemente se va a convertir, antes de que finalice el año, en la peor de las últimas tres décadas», advierte, apoyándose en un dato propio —un aumento de horas de vuelo de sus tripulaciones de más del 78% respecto al año anterior.
(Nota: Sobre la cifra de hectáreas quemadas en 2025, algunas fuentes la estiman en 325.000, una cantidad que no coincide con los 382.663 de EFFIS para la misma fecha; la discrepancia entre percepción de campo y estadística satelital es, de hecho, uno de los debates técnicos que atraviesan todo el sector.)
Lo que no admite discusión es la lista de las últimas semanas. El incendio de Guadalajara, declarado a finales de julio, llegó a superar las 32.000 hectáreas y fue durante unos días el segundo mayor de la historia reciente de España. Apenas unos días después, el fuego de Burgohondo (Ávila), que llegó a afectar también a la Comunidad de Madrid, alcanzó las 50.000 hectáreas y se convirtió en el mayor incendio registrado en España. El récord duró poco: el 6 de agosto se declaró el incendio de Niebla (Huelva), que a fecha de 9 de septiembre ya figuraba, según confirmó la ministra para la Transición Ecológica, como el de mayor superficie quemada en la historia de España, con cifras que —según la fuente consultada— oscilan entre las 33.943 y las 39.821 hectáreas, una discrepancia que Aviación Digital no ha podido resolver.
La primera etapa: por qué «el tiempo es el coeficiente del éxito»
Para Gómez Verdugo, toda la campaña se explica con una sola idea, que repite como un mantra desde hace años: un incendio tiene dos etapas. «Una, podemos con él. Y la otra, él va a poder con nosotros, le echemos lo que le echemos», resume. La diferencia entre una y otra se mide en minutos.
El piloto cita dos estudios que le marcaron en una exposición del Wildfire Congress de 2007: uno de Fernando Chico y otro del ingeniero Galeano, que cuantificaban cómo crece de forma exponencial la cantidad de medios necesarios para controlar un fuego a medida que pasa el tiempo desde el primer humo. «Los 45 minutos desde que se ve el primer humo son fundamentales», afirma. Pasada esa ventana, ni la coordinación ni el tamaño de la flota compensan lo perdido: «A partir de que un incendio se ha disparado, tú te puedes traer toda la flota americana […] da igual, todas esas polémicas, esos debates que estamos escuchando a veces, ¿qué más da?«.
Es la razón por la que su empresa —dedicada a la extinción con aviones Air Tractor AT-802F Fire Boss— defiende salir con la máxima contundencia ante cualquier humo, normalmente con un primer avión cargado de retardante de polifosfato amónico, que no se evapora como el agua a altas temperaturas, para «ponerle una zancadilla» al fuego mientras llegan los helicópteros y las cuadrillas de tierra.
Los incendios invisibles: el trabajo que nadie mide
Gómez Verdugo insiste en un punto que Aviación Digital ya recogió en su entrevista de la campaña anterior: la práctica totalidad de la cobertura mediática se centra en lo que arde, nunca en lo que se ha evitado que arda. Según cifras que maneja Aviación Digital la Junta de Andalucía, en 2024 los medios aéreos y las cuadrillas del dispositivo andaluz de extinción evitaron que entre un 84% y un 88% de los conatos detectados se convirtieran en grandes incendios forestales (GIF, aquellos que superan las 500 hectáreas).
«Esos son los que yo llamo los incendios invisibles», explica. «El éxito de casi todos los conatos que estamos parando es gracias a este tipo de herramientas […] Cuando sale un conato, cuando se está viendo un humo en una masa forestal, hay que salir inmediatamente«. El editor de Aviación Digital, reclama a laa Administraciones que publiquen de forma sistemática, campaña a campaña, cuántos incendios se evitan y no solo cuántas hectáreas se queman. «No hay una estadística que nos diga cuántos grandes incendios forestales evitáis», lamenta.
Coordinación aérea: la asignatura pendiente, pese al nuevo real decreto
El Gobierno aprobó el pasado 21 de enero el Real Decreto 38/2026, que desarrolla medidas de coordinación instrumental entre comunidades autónomas para la prevención, vigilancia y extinción de incendios forestales, con un protocolo común para medios aéreos, indicativos de radio unívocos y una simbología cartográfica compartida (resumen de Aviación Digital). Ocho meses después, sobre el terreno, Gómez Verdugo es tajante: «No mucho por ahora. La coordinación aérea es la asignatura pendiente».
El piloto recuerda que en el mayor de los incendios de este verano llegaron a operar simultáneamente entre 35 y 40 medios aéreos. «Cinco medios aéreos bien coordinados hacen más que ocho sin coordinar», sostiene. Explica que el coordinador aéreo cumple dos funciones críticas —trasladar a las tripulaciones el objetivo que marca el director técnico de extinción y organizar el espacio aéreo sobre el incendio— y que exige una cualificación que, según su experiencia, no siempre se les da a los coordinadores: «En algunas organizaciones, para que alguien pueda estar coordinando tiene que estar varios años como segundo, aprendiendo. No en todas partes». Su conclusión es que hace falta estandarizar protocolos de forma efectiva en todos los grandes incendios en los que operen más de cinco aeronaves, un trabajo que, recuerda, lleva discutiéndose desde 2010.
El relevo generacional: una cantera que se ha secado
Gómez Verdugo vuela un Air Tractor AT-802F Fire Boss para Martínez Ridao Aviación, una de las mayores compañías privadas de extinción aérea del sector, contratada por la Junta de Andalucía a través del INFOCA para operar, entre otras, desde bases andaluzas. Es un ejemplo del modelo que él mismo describe: más del 80% de las horas de extinción en España las asumen compañías privadas como la suya, contratadas por las comunidades autónomas, frente a las cerca de 50 aeronaves que aporta el Estado a través de recursos como el 43 Grupo del Ejército del Aire y del Espacio. Pero el problema de fondo, según el piloto, no es cuántos aviones hay, sino quién puede volarlos: «Ya no hay fumigación de donde sacábamos a muchas tripulaciones», explica, en referencia a la desaparición de buena parte de la aviación agrícola española, la cantera tradicional de pilotos con experiencia en vuelo a baja altura.
A eso se suma una normativa de descansos que produce paradojas: un piloto puede seguir volando por haber consumido menos de 80 horas en los últimos 28 días aunque lleve varios días seguidos de siete horas diarias, mientras que otro con diez días de descanso puede quedar bloqueado si antes de ese descanso ya había acumulado el límite. «El que realmente está cansado puede seguir volando y el que está descansado, no», resume. Gómez Verdugo no propone una solución concreta, pero obviamente se debería derevisar la normativa.
Sobre el perfil que busca para cubrir ese relevo, es exigente: descarta currículums con muchas horas de línea aérea si no vienen acompañados de un perfil de aviación deportiva —vuelo sin motor, ultraligero, acrobacia— y de instrucción intensiva desde enero hasta julio antes de que un piloto nuevo se acerque a un incendio real. «Este trabajo es muy duro […] aquí ha habido pilotos excelentes que han vomitado en el primer incendio al que se han tenido que enfrentar», admite, y añade que el exceso de ego es, precisamente, lo que más descarta en un candidato.
Grandes aviones frente a ataque rápido: el debate del «marketing social»
Gómez Verdugo no cuestiona la utilidad de medios como los aviones anfibios Canadair del Ejército del Aire y del Espacio —»un medio maravilloso», dice— ni la contribución del Ejército en general. Pero avisa de que comprar grandes aviones de carga para incendios ya desatados, una vez superada la primera etapa, «no va a solucionar un fuego» y sirve, en su opinión, más para tranquilizar a la opinión pública que para apagar las llamas: «Hay que apagar a la opinión pública, más que al incendio, a veces». Pone como ejemplo un incendio en Chile con una columna de humo de 700 kilómetros en el que, según su relato, ya no había nada que hacer salvo proteger perímetros y esperar a que lloviera o se agotara el combustible.
Un fuego que ya no se comporta igual: el patrón «30-30-30»
Con cuatro décadas de perspectiva, Gómez Verdugo describe un cambio estructural en el comportamiento del fuego. Conserva un recorte de prensa de 1987 sobre un día con «solo 90» incendios en Galicia: había muchos más fuegos que ahora, pero eran más lentos y menos agresivos, sobre las masas forestales más hidratadas de la época. Hoy hay menos incendios, pero mucho más violentos, porque los veranos se alargan y la vegetación llega a mediados de julio ya deshidratada; a eso se suman lluvias de primavera que disparan el crecimiento de pastos que luego se secan con rapidez y arden con llamas muy altas y gran velocidad de propagación.
El piloto resume el punto de inflexión en la regla que el sector conoce como 30-30-30: humedad relativa por debajo del 30%, viento por encima de 30 km/h y temperatura por encima de 30 °C. «Antes a lo mejor teníamos una ventana agresiva de veinte días; ahora tenemos varios meses muy agresivos con el 30-30-30», explica. Y advierte de que, una vez disparada la propagación, ni las tripulaciones ni la estrategia de extinción pueden hacer ya mucho por controlarla: solo la meteorología —viento, pendiente, temperatura y humedad— decide.
Prepararse para la próxima campaña
El propio Editor, que también dedicó parte de su trayectoria profesional a la fumigación y a la extinción de incendios, reconoce que este oficio tiene un coste personal alto: recuerda haber perdido a su primer compañero al inicio de su carrera, en Asturias, y una maniobra cerca de Rosinos de Vidriales, en la comarca zamorana de Sanabria y la Culebra —escenario de algunos de los peores incendios de la historia reciente de España—, en la que una corriente ascendente generada por un pirocúmulo, la nube que forman los grandes incendios al generar su propia meteorología, le salvó la vida al empujarle hacia arriba en lugar de hacia abajo.
Pese a ello, el mensaje Juan Carlos de cara a 2027 es de método, no de resignación: llevar a todo el territorio el modelo de salida inmediata y contundente que ya aplican Andalucía o Baleares, dar a la coordinación aérea el peso normativo y la cualificación que exige, resolver la contradicción de la normativa de descansos para no perder tripulaciones disponibles, y —su petición más repetida— convertir en estadística pública lo que hasta ahora ha sido invisible: los grandes incendios que nunca llegaron a serlo. «El tiempo es el coeficiente del éxito», repite una última vez. «Del éxito.»






