Un día cualquiera…

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24 de julio de 2013.- Son las diez de la mañana, estamos en una base de incendios de cualquier parte de España, y aunque es pronto ya se nota que estamos en pleno verano y que hoy, como en las anteriores semanas, va a hacer un calor de aúpa. Llevamos más de quince días de inactividad, sin incendios, aunque tuvimos una falsa alarma y hemos hecho un vuelo de entrenamiento con la brigada, lo típico, embarque y desembarque, colocar el “bambi”, y unos estacionarios para refrescar y mantener al día las medidas de seguridad para una maniobra delicada, que no difícil, pero que si se tuerce puede ocasionar graves daños. Estos días, semanas, se hacen pesados, tienes que dilatar las actividades cotidianas, ya que sino el tiempo no pasa. La alta temperatura exterior no ayuda nada, más bien al contrario.

Entre 10 y 12 horas diarias en periodos de unos 22 días seguidos, lejos de la familia y emplazados en unas instalaciones acotadas pueden derivar en serios conflictos cuando hay una inactividad tan prolongada. No hay nada peor para la convivencia que la inactividad. En cualquier momento pueden saltar chispas por la nimiedad más absurda. Cada uno debe “buscarse la vida” para aguantar, haciendo un poco de deporte, la inspección diaria, rellenar los partes de actividad de la Consejería, o cualquier otra cosa.

En esta base tenemos la suerte de que han puesto wi-fi, que aunque lento permite mantener un mínimo contacto con el exterior, leer las últimas noticias, revisar los correos de la familia y los amigos, con ello casi se ha pasado la mañana, de eso se trata, de intentar pasar el tiempo.

Se acerca la hora de comer, preparar la comida es de esas cosas en las que uno se va “especializando” en las campañas y que ayuda a no caer en el tedio. Son las doce y media, pronto, pero es que o comes temprano o te puedes quedar sin comer, ya que es bastante habitual que los incendios comiencen entre las 2 y las 4, por lo que más vale que te pille con algo en la tripa. En cualquier momento puede saltar la liebre, no hay que olvidarlo.

La tarde presenta nuevos retos para conseguir el mismo fin que no es otro que evitar el aburrimiento, ya llevamos 16 días de guardia, y aún quedan 6 para volver a casa y ver a los tuyos, una eternidad. Poco a poco estos días te van cargando, a uno y a los demás, y se va notando en el ambiente, cada vez más enrarecido. Y con este calor, peor.

Cada uno intenta pasarlo lo mejor que puede, dadas las circunstancias, hay que tomarlo como parte de este trabajo, leer un poco, estudiar algo, como mejorar ese dichoso inglés, requisito que, aunque no usamos en los trabajos aéreos y menos en los incendios, nos lo han metido como obligatorio en la licencia, siempre andando a remolque del transporte aéreo, tan alejado de nuestra realidad. Aunque quizás ayude cuando tengamos que emigrar. A alguno le gusta escribir, quizás intentando seguir, esa estela de grandes aviadores-escritores, como Saint-Exupéry o Richard Bach, siempre referentes de un espíritu y manera de ser, de sentir el vuelo y la vida. Una película puede ayudar también, hay que diversificar, no repetir demasiado, aunque después de tantos días es inevitable.

Una partida de voleibol o de ping-pong, en las bases que dispongan de esa posibilidad, se convierten en una necesaria actividad con los compañeros y ayudan a pasar el día, hay que quemar el tiempo y las energías de la mejor manera posible.

Al caer la tarde, podemos encontrar una actividad “típica” en algunas bases de incendios, cuidar de un huerto, unos tomates, unas lechugas sembradas requieren que se las riegue, siempre se acerca alguien para comentar cómo va la “cosecha”, una actividad que no solo da sus frutos sino que supone una bendición para la mente.

Mientras uno está en alguna de las actividades descritas la mente se abstrae, no está, lo cual es bastante bueno para aguantar. La resistencia psicológica se pone a prueba, cada día.

Son las siete y diez de la tarde, otro día más, otro día menos, uno está en estas cuando de golpe suena la sirena, estridente, contundente, sin piedad, así, de golpe y porrazo. En décimas de segundo tienes que dejar lo que estés haciendo, el corazón se acelera, te pones a mil, pero de nuevo tienes que controlarte, la precipitación no es buena, estás automatizado para estas situaciones, lo primero es dirigirte a la emisora, recabar información de donde es el incendio, rumbo y distancia, frecuencias de la zona. El mecánico también se ha puesto las pilas, se dirige a la máquina, una revisión visual de última hora, nunca se sabe ni está de más. La brigada se pone su equipo de combate, las trinchas, los cascos, los guantes, la cantimplora. El piloto se dirige a sus instalaciones, coge la preceptiva botella de agua, sigue haciendo mucho calor. Las indicaciones iniciales no pintan bien, el incendio ha empezado tarde, está en otra provincia, la cabeza te va a mil, tan tarde no nos dará tiempo de dejarlo listo hoy, si nos han llamado de otra provincia quiere decir que sus medios no han podido con él, que la bestia está viva, con fuerza y a tope seguramente, son especulaciones o elucubraciones, pero que dada la experiencia es lo más probable que nos encontremos, todo ello mientras el piloto se dirige a su máquina, una revisión visual alrededor, una sana costumbre, valen más cuatro ojos que dos, de nuevo.

La brigada ya está formando en frente del helicóptero, el piloto sube y sigue con los procedimientos de comprobación y arranque, todo bastante automatizado, intentando cumplir con la norma y a la vez con las exigencias del Pliego de Condiciones del contrato, una exige que no se demore menos de 10 minutos en esta fase de la operación y el otro exige que se despegue antes de esos 10 minutos desde que se ha dado la alarma de salida.

El arranque ha ido bien y se autoriza el embarque de la brigada, todos saben cómo hacerlo, donde sentarse, donde poner las herramientas, ¿cinturones puestos?, el técnico hace la señal con el pulgar arriba, señal al mecánico que está pendiente de todo, puertas cerradas, nada extraño alrededor del helicóptero, contesta afirmativamente con el pulgar arriba, despegamos.

Una vez ganada altitud y rumbo al incendio, el piloto aprovecha para poner en el GPS las coordenadas que le han dado, así vamos directos y ganamos tiempo. 120 nudos, tardaremos 25 minutos, se informa al técnico y a la base para que lo notifique a la central. Se pone la frecuencia que están usando en el incendio, ya se reciben las primeras comunicaciones, muchas, tanto por la banda terrestre como por la aérea, por lo que parece va “fuerte”, y ya llevan unas horas trabajando en él. Bueno, vamos para allá, pinta que vamos a trabajar de lo lindo, la tensión se refleja en la cara de los bomberos, piden información al técnico que es el único que tiene audición de las comunicaciones, todos quieren saber a qué se enfrentaran, es una incógnita hasta que lleguemos y lo veamos, por lo que mejor calmarse, se hará lo que se pueda, seguramente nos tendremos que quedar a dormir en esa zona, que le vamos a hacer, es lo que hay. El técnico y el piloto se miran, no hacen falta palabras. Este es gordo.

Al divisar la enorme columna los temores se confirman, la brigada ya lo ha visto también, se hace el silencio a bordo.

Las comunicaciones no paran, cada vez se reciben más y mejor las terrestres, un caos, aún no ha llegado el helicóptero de coordinación de medios aéreos, no creo que tarde visto lo que tenemos enfrente.

A cinco minutos se intenta contactar con el Director de Extinción, tarda en contestar, estará a tope el hombre. Por fin contesta y se le notifica posición y tiempo de estimada al incendio, se solicita instrucciones para dejar la brigada. Indica que se la deje en el flanco izquierdo, al llegar a la vertical se da una vuelta al incendio, así tanto técnico como piloto se hacen una composición de la situación, arde bravo, con algo de viento, la humareda en la cabeza es enorme, seguramente el bosque está sucio, con mucha maleza, ya se ha pasado a las copas. Está en su apogeo. Este llevará su tiempo. Están actuando 2 helicópteros y un AT, se oye por la emisora aérea que ya están en camino más medios aéreos, 2 Focas estiman en 20 minutos, 3 ATs están a 15, varios helicópteros más también vienen. Los medios terrestres van llegando y sumándose.

Se desciende en busca de un lugar adecuado para que baje la brigada, por suerte un prado, en la cola flanco izquierdo, cojonudo. El propio humo indica la dirección del viento, mientras se desciende se buscan posibles líneas eléctricas o telefónicas. Limpio, confirmado entre el piloto y el técnico, de nuevo cuatro ojos ven más que dos. Uno no sabe a cuanto le van las pulsaciones, sería interesante un estudio médico sobre ello. Hay que mantener la calma y hacer las cosas bien, a pesar de la urgencia de la misión la Seguridad es lo primero.

La brigada desembarca y los encargados del “bambi” lo colocan delante del helicóptero, se hacen las pruebas de apertura, dos veces, funciona, se da el OK y se retiran, el helicóptero despega y se dirige a buscar una balsa o charca para coger agua, mientras intenta comunicar con el Director de Extinción para que le dé instrucciones de donde quiere las descargas. Sigue a los otros helicópteros para sumarse al carrusel. Se le dan instrucciones para que apoye a su brigada en el flanco izquierdo, bien, me gusta apoyar a “mi” brigada, piensa el piloto.


En la primera carga de agua se prueba de nuevo si la apertura del “bambi” funciona, sí, nueva carga y hacia el incendio, flanco izquierdo, de cola a cabeza, la brigada ya ha llegado y ya le está dando con los batefuegos, aproximación, velocidad adecuada, altura adecuada, se avisa a técnico por emisora, se activa la sirena, parámetros en verde, se ven las llamas, apertura, giro a la izquierda, hay que evitar entrar en el humo, ha sido buena, la brigada puede avanzar, bien cada uno a lo suyo, viene el Hotel 04 por la derecha, ligeramente adelantado, a las 2, cedo paso, me pongo a su cola para la charca, se informa a ciegas, Hotel 04 hace lo mismo.

Se establece un carrusel y con él un cierto orden, hay que tener mil ojos, pero se nota que hay experiencia, sin “carreras”, un orden establecido gracias a la profesionalidad y el buen hacer.

Llega el helicóptero de coordinación, Halcón 01, y asume unas funciones que nos ayudaran a coordinarnos mejor. Podemos bajar la emisora de tierra, un alivio, ya solo recibiremos instrucciones del Halcón 01. Los Canadair ya están a 10 minutos, informan y solicitan instrucciones para zona de descarga. Foca 15 y Foca 17 descarguen en el flanco derecho, de cola a cabeza. Resto de medios salgan del incendio. Se comunica, Hotel 08 en charca y manteniendo posición, se oye, Hotel 04 fuera, Hotel 12 fuera, Hotel 07 en muy corta final para descarga y salgo fuera. Alfa 12 a 5 minutos y mantengo fuera y así sucesivamente. Foca 15 y Foca 17 tienen libre para descarga, comunica Halcón 01. Focas en descarga, flanco derecho cola.

Así durante 2 horas, unas 23 aproximaciones, cargas de agua, despegues al MTOW, nueva aproximación al fuego, descarga. Hay que ir a base, para combustible y descanso de 40 minutos. Hoy no dará tiempo para más. Rellenar papeles, cerrar la máquina, nos recogen y nos llevan al hotel, una ducha, una cena con los compañeros y a la piltra. Hay órdenes de estar operativos a las 06:45, mañana será duro…

El nuevo día empieza pronto, el incendio sigue bravo, 2 horas de vuelo, 28 cargas y descargas, 40 minutos de descanso, relativo, ya que hay que estar pendiente del repostaje, revisar la máquina, etc. Así hasta cumplir las 8 horas de vuelo máximas, lo que sumado a los descansos se acaba por cumplir con las 12 horas máximas de actividad diaria, son las 7 de la tarde y el Hotel 08 en tierra, ya no puede volar más por hoy, un total de 108 descargas, deberían escalonar las salidas de los medios aéreos pero esta no es nuestra función, el incendio sigue muy activo aunque se empieza a tenerlo encajonado, esto durará 3 o 4 días más como mínimo, al mismo ritmo, esperemos que venga un cambio de meteo, de viento o algo de lluvia, eso ayudaría.


Fuente original: MACH82

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