
Los "mortales" advierten a sus "dioses" de las consecuencias de las fallas en el sistema. Pero los dioses no suelen escucharles: están preocupados por los asuntos que les son propios y no por los de los mortales, a los que sólo utilizan en su beneficio o, como en el caso de la bella Casandra, para su lujuria. Entonces el simple mortal, preocupado, se dirige a sus iguales y les avisa de los peligros que les acechan, causados muchas veces por los vicios y la codicia de los dioses. Pero los mortales no escuchan y el efecto Casandra se repite: los mortales escuchan únicamente a los dioses, quienes utilizan bien su magia para dominarlos.
En España, en aviación, estamos sufriendo este efecto. Desde hace varios años, asociaciones, colegios profesionales y sindicatos del ramo, asumiendo por necesidad una labor para la que no han sido creados y que debería ser ejercida por el Estado, están advirtiendo de un deterioro de la seguridad. Se dirigieron, inicialmente, a los estamentos públicos responsables y a falta de respuesta efectiva de éstos, intentan llevar el mensaje a la sociedad a través de los medios que quieren darles voz. Pero la voz de los dioses es más potente y llega más lejos. Y los mortales siguen sin creer a Casandra. La magia de los dioses es hipnótica: "La seguridad está garantizada". El pueblo vive, tranquilo. Pero no es así. La seguridad nunca puede darse por garantizada: hay que garantizarla cada día y las herramientas de que disponemos quienes debemos asegurarla son cada vez más escasas, pues la codicia de los dioses es tal que nos han robado hasta eso. Casandra predijo la caída de Troya, pero sus ciudadanos no la escucharon.
Manuel Cazorla Vidal es Ingeniero Técnico Aeronáutico / Controlador de Tránsito Aéreo / Piloto de Transporte de Líneas Aéreas






