Este artículo está escrito por Consuelo Arto, piloto, consultora y perito judicial, y plantea una reflexión profesional sobre la calidad de la instrucción aeronáutica, la responsabilidad de los instructores y el impacto que estos procesos tienen en la evolución de los futuros pilotos.
Una reflexión sobre la instrucción de pilotos
Quiero plantear una reflexión sobre la instrucción de pilotos en compañías aéreas y sobre la profesionalidad dentro de la instrucción aeronáutica.
En los últimos años, y bajo mi experiencia personal además de distintos artículos que he escrito sobre instrucción, tengo la sensación de que en algunos casos la instrucción se ha convertido más en una forma de “hacer caja” que en una verdadera vocación profesional.
La instrucción como vocación profesional
Afortunadamente existen grandes profesionales en el sector aeronáutico, instructores con enorme experiencia, capacidad humana y verdadera pasión por enseñar. Pero también hay casos de personas que utilizan la instrucción principalmente como un medio de facturar horas o generar ingresos, y eso termina afectando directamente al alumno piloto.
La instrucción no debería medirse por la cantidad de horas impartidas, sino por la calidad de la formación y por la evolución real del alumno.
Porque enseñar a volar no consiste únicamente en transmitir procedimientos. También implica: saber comunicar, tener criterio, motivar, corregir adecuadamente, y entender el momento psicológico y operativo de cada alumno.
Hay excelentes pilotos que, simplemente, no saben transmitir conocimientos. Y eso no los convierte en malos profesionales como pilotos, pero sí puede hacer que no sean adecuados para la instrucción.
El impacto de una mala instrucción en el alumno piloto
Además, en aviación existe un componente subjetivo muy importante. Un mal instructor puede perjudicar seriamente la evolución de un alumno, incluso afectar su confianza y desarrollo profesional, muchas veces sin otra razón que una falta de capacidad pedagógica o una actitud inadecuada. La instrucción debe ser constructiva, nunca destructiva.
El instructor tiene una enorme responsabilidad, porque muchas veces marca la manera en la que un piloto afrontará la operación, la disciplina, el CRM y la seguridad operacional durante toda su carrera.
Supervisión, operadores y organizaciones de entrenamiento

Según la normativa, AESA supervisa este tipo de procesos. Sin embargo, en muchas ocasiones, por motivos operativos o de recursos, gran parte del seguimiento y control se delega en los propios operadores y organizaciones de entrenamiento.
Y aquí es donde creo que debemos hacernos una reflexión seria y constructiva.
Da la impresión de que, en algunos casos, determinados departamentos de training terminan funcionando más por afinidades personales o amistades que por una verdadera selección basada en capacidad instructora, vocación y aptitud pedagógica.
En ocasiones vemos cómo ciertos puestos de instructor parecen convertirse en un “premio” entre compañeros o amigos. Y aunque algunas de esas personas puedan ser buenos pilotos, eso no significa necesariamente que estén preparadas para enseñar, ni siquiera que les guste realmente la instrucción.
Preguntas necesarias sobre la calidad de la instrucción
Y esa es la cuestión importante:
¿estamos supervisando correctamente estos procesos?
¿Existe un seguimiento real y objetivo sobre la calidad de determinados instructores?
¿Se evalúa realmente cómo afectan al progreso del alumno?
¿O resulta más sencillo responsabilizar al alumno —que es el eslabón más débil dentro de esa cadena— antes que cuestionar el trabajo de un compañero o amigo que quizá nunca debió ocupar ese puesto?
La instrucción debe proteger al alumno y desarrollar su potencial, no destruir su confianza ni convertirse en un entorno condicionado por intereses personales o económicos.
Porque en aviación, una mala instrucción no solo perjudica una habilitación o un curso. Puede afectar durante años a la confianza, la progresión y la seguridad operacional de un piloto.
Experiencia profesional y visión del sector
Esta reflexión la planteo desde mi experiencia como HT, como inspector de training en AESA durante diez años, como responsable de training en SEPLA durante casi ocho años, además de mi participación y trabajo en el entorno de European Cockpit y HUPER.
Por mi actividad y por el contacto continuo con profesionales de distintas compañías, organizaciones y departamentos de formación, considero que no estamos ante casos aislados o particulares, sino ante una situación bastante generalizada dentro del sector.
Precisamente por esa experiencia considero que debemos seguir luchando por una instrucción de calidad, adaptándonos a todos los avances tecnológicos y a las nuevas herramientas de formación, pero sin perder nunca lo esencial: la confianza de que estamos dejando la formación de nuestros futuros pilotos en manos verdaderamente competentes.
Formar pilotos es transmitir criterio y seguridad
Porque formar pilotos no es únicamente cumplir programas o impartir horas de simulador. Es transmitir criterio, seguridad, disciplina operacional y confianza. Y eso exige vocación, preparación y una supervisión real de quienes tienen la responsabilidad de enseñar.
Encuesta
¿Sería conveniente que los instructores de vuelo en líneas aéreas tuviesen un salario fijo, independientemente de si imparten o no instrucción, para evitar procesos formativos innecesariamente largos para los alumnos?
Opciones:
1-Cobrar un fijo independiente de las horas de instrucción impartidas.
2-Continuar con el sistema actual.
La instrucción debería ser, ante todo, una vocación y una responsabilidad profesional, no únicamente un medio para generar ingresos.






