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mayo, sábado 28, 2022

La paradoja del bazooka y el sector de helicópteros (Capítulo 2-Final-)

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Disparo de bazooka¿Lo has grabado todo?, preguntó a su equipo de cámara y sonido. !Joder!, me parece que la deflagración ha estropeado el objetivo… No me jod…, pues si que la hemos hecho buena. Como se enteren los otros medios, nos van a reventar la exclusiva, amén del escarnio que van a hacer con nosotros. El irreconocible cuerpo del jornalero del aire, prácticamente, debido a la combustión de los materiales compuestos de última generación del helicóptero, no se distinguía de los restos calcinados tras el impacto.

La Guardia de Asalto había acordonado la zona, pero una manada de bóvidos, tras el ensordecedor ruido del impacto y la posterior explosión del aparato, se había descontrolado y había literalmente trillado y esparcido todos los restos del siniestro.

El equipo forense había llegado a las pocas horas, y con su ropa blanca, y una máscara (nadie entendía para qué), había comenzado a intentar distinguir los restos orgánicos de los que no lo eran.

El Secretario judicial tambien se encontraba presente, era el famoso Rick "paso de todo", del Juzgado de Instrucción nº222222222222222222/2. Nunca supo este funcionario, cúantos doses componían la cifra. No era relevante.

Exactamente 9 años después comenzó el juicio. La puesta en escena se aderezaba con imágenes de películas de cine negro de los años 40, en las que la motivación judicial en su argumento, era la base para una música denominada neo-rock-rap, en la que lo último era un tema llamado "Rock save the Queen… when she flies".

El juez conminó a las partes a que expusieran directamente sus conclusiones finales, dado que había quedado para ir a jugar al "virtual golf", y tenía prisa. El cargo contra el único imputado-dado que el medio para el que trabajaba tenía una cláusula con sus trabajadores de "NO RESPONSABILIDAD TOTAL"-, era el de homicidio alevoso, con el agravante de buena puntería. El Fiscal había llegado al acuerdo de no tratar de imputar al jornalero del aire por su imprudente actitud de prestarse al juego.

Antonio no estaba demasiado preocupado, sabía que sería muy difícil demostrar la relación causal entre el impacto del proyectil y la caída del helicóptero. El motivo era sencillo. En el 2025 había que establecer un peritaje molecular para demostrar al 100% que el "momento" desde el punto de vista de la Teoría de la Contrarelatividad, y el "instante", se correspondían fehacientemente. Esto era practicamente imposible, según los físicos más eminentes de la época. No establecer una relación causal directa entre el "momento" o "instante" y la causa del accidente, era una cohartada perfecta en el 99,9% de los casos de homicidio o accidente aéreo (había jurisprudencia al respecto del año 2011).

Pero surgió la sorpresa durante la declaración del forense. Este era un aficionado a los programas de salud, que obtenía un sobresueldo de sus peritaciones de restos humanos.

A preguntas de la acusación decía: "Desde el punto de vista de la patología médica, no hemos podido encontrar nada que acredite que un ser humano tripulaba la aeronave en el momento del accidente. Si alguna vez hubo alguien en su interior, la combustión de los materiales ha sido capaz de eliminar absolutamente todo indicio orgánico", concluyó sin el menor gesto de duda.

El juez, un hombre de 18 años, recién terminada su carrera on-line, decidió tirar por la calle del medio. "Si no existe cuerpo, no existe causa. Le recomendamos a la acusación que en otra ocasión sean más concienzudos a la hora de acreditar los indicios racionales de que se cometió un delito. !Esto es intolerable!".

Murmullos en la Sala. Miradas de incredulidad y satisfacción. El reportero-francotirador había sido absuelto por falta de pruebas. El cuerpo del delito se había esfumado, y había sido absuelto.

Antonio fue despedido fulminantemente. La grabación se había borrado. El jornalero del aire, que cobraba por horas no podía ser repuesto, y el operador había reclamado una cuantiosa indemnización al periódico por su pérdida. Además no existía la posibilidad de seguir con el reportaje en plan amarillista, dado que no tenía familia ni nadie que reclamara mediante recurso nada. Continuar con su historia no era posible. Simplemente se había esfumado. Simplemente se había convertido en uno junto a los restos de su aeronave.

Mientras en la sede ministerial competente sobre los accidentes y derribos aéreos, el Director General de Activos Corruptos (DGAC), llamaba a los miembros de la AESA (Agencia Estatal de Subcontrataciones Aéreas), que entre sus competencias estaba la de la "senilidad aeronáutica" de materiales y personas. El término "safety" se deshechó de la aviación por OACI (Organización Aérea de Conchaveos Interrelacionados), en el año 2013 definitivamente, por lo que unicamente se valoraban parámetros en relación a la vida útil límite de materiales y componentes. El récord, un helicóptero que ya llevaba volando 50 años sin mantenimiento alguno.

Volvamos a la realidad

Mick "tres palas", era el único piloto de helicóptero que había conseguido la estabilidad de su aeronave tras un pequeño lapsus de mantenimiento. De las cuatro palas con las que contaba su helicóptero, una se había desprendido en pleno vuelo por un cierto olvido técnico-procedimental en su base.

Pese a ello, Mick, había acudido a sofocar un incendio en una guardería, cuestión de deber, a la que unicamente se podía acudir desde el aire. Además se había demostrado, que no fue consciente de esa situación de riesgo, por haber sobrepasado en 2 años y cuatro meses el tiempo máximo de actividad. Mick cumple condena por no haber chequedado suficientemente los procedimientos pre-vuelo, donde, aunque era dificilmente detectable semejante error, al menos, podía haber evitado que la pala desprendida segara por su base un roble milenario que amputó de golpe. "Greenhit" había intervenido, y había acusado al veterano piloto de "atentado contra la vida vegetal". El delito estaba contemplado, descrito y detallado, en el Código Moralizante, que se encargaba de complementar todo aquello que no figuraba en el Penal o Civil.

Mick terminó sus días en un cementerio de helicópteros, clasificando rotores e instrumentos para su reutilización.

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