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febrero, miércoles 1, 2023

Motores Trent de RR que impulsarán la expansión de la compañía bandera española

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Madrid, SP, 16 de enero de 2015.- La presencia ayer de Mark Harrison, vicepresidente de gestión de clientes de Rolls Royce, del departamento de Grandes Motores en Madrid, fue una buena ocasión para hacerse una idea de porqué Air Europa ha elegido sus Trent 1000 para impulsar el nuevo pedido de 14 B787-900, como ya lo hizo con los B787-800. La explicación está en que el propio Hidalgo sabe que la mejor motorización posible mejorará tanto la eficiencia, como los costes de mantenimiento a lo largo de la vida útil para la compañía de estos aviones. Hidalgo suele apostar por lo mejor, y en este caso para él lo mejor son los motores de Rolls Royce. Pero ¿por qué?… Un curioso dato es que por ejemplo, en cada motor Trent 1000, en el momento del despegue cada turbina estará empujando con la fuerza que lo hacen 66 coches de Fórmula 1, con una potencia de 800 caballos cada uno. En total sería el equivalente pues 132 coches F1 empujando.

LA TECNOLOGÍA EXTRAORDINARIA QUE HAY DETRÁS DE UN VUELO PROPULSADO POR MOTORES TRENT

El transporte aéreo se ha convertido en algo casi rutinario en el mundo moderno. Los pasajeros de largo radio esperan que su vuelo despegue a la hora programada o con muy poco retraso. Sentados en cómodos asientos, con buena comida y, tal vez, relajándose con una copa. Durante el vuelo puede que trabajen, duerman o vean los últimos estrenos de cine o televisión; todo en un entorno cómodo y a una temperatura que les permite estar en mangas de camisa.

Tras recorrer miles de kilómetros, el avión, que pesa varios cientos de toneladas, aterriza sin problemas a pocos centímetros de su objetivo y sin apenas salirse de su horario.

Hoy en día, la mayoría de la gente no ve el hecho de volar como algo difícil de conseguir; pero, en el corazón de todo el proceso, hay un trabajo de ingeniería excelente que todavía genera asombro y parece cosa de magia. Empecemos por el núcleo del motor.

Las palas de las turbinas de alta presión son cruciales para el funcionamiento óptimo del motor Trent 1000 de Rolls-Royce que propulsa el avión 787 Dreamliner de Boeing.

Esta pala se crea en hornos de vacío como un monocristal de una aleación patentada por Rolls-Royce. El diseño incorpora una serie compleja de conductos de aire que permiten enfriar la pala. Después, se utilizan unos láser extremadamente precisos para crear unos orificios que permitan el enfriamiento externo. Cubriendo todo lo anterior hay un revestimiento protector térmico, más avanzado que las baldosas del Transbordador Espacial de la NASA.

La pala forma parte de la turbina de alta presión, donde el gas alcanza una temperatura al menos 200 grados centígrados superior al punto de fusión de la aleación utilizada. Las palas conforman un disco que gira a más de 10.000 revoluciones por minuto. Esto significa que la fuerza ejercida en la raíz de la pala es equivalente a si se colgase un autobús londinense de dos pisos desde el extremo de la pala. Cada vez que el avión despega, cada pala desarrolla la misma potencia que un coche de Fórmula 1, aunque puede funcionar a lo largo de más de 15 millones de kilómetros sin tener que ser sustituida.

Este rendimiento, conseguido en condiciones tan extremas de calor y presión, exige un diseño y una fabricación muy precisos, con una tolerancia que se mide en micrones (el grosor de un cabello humano) y todo tiene que encajar a la perfección. Siempre.

Cada pieza ya es bastante compleja, pero la integración de todas las piezas para configurar un motor completo supone un desafío mucho mayor. Cada componente, inevitablemente, influye en muchos otros.

Una vez montados, funcionan juntos de una forma extraordinaria. Todos los componentes del motor, fabricados con una alta precisión, se dilatan y contraen de un modo distinto. En el centro del motor, la temperatura puede alcanzar la mitad de la temperatura de la superficie solar, y la presión es la misma que a medio kilómetro bajo la superficie del mar.

Además de todo lo anterior, el motor tiene que generar más de 30.000 kilos de empuje uniforme más la cantidad correcta de potencia adicional para asegurar que los pasajeros puedan respirar, comer, beber, trabajar y ver películas y programas; sin mencionar la energía necesaria para la cabina y el cuadro de mando.

Como resultado, el coste por kilo de un motor de avión moderno supera al de la plata. En cambio, un coche moderno cuesta por kilo, más o menos… lo mismo que una hamburguesa.

Al menos seis años antes de su entrada en servicio, Rolls-Royce garantizará, entre otras cosas, el peso del motor, el nivel de ruido que emitirá y su consumo de combustible, con un alto grado de exactitud. Y, por supuesto, que será totalmente seguro para llevar más de 300 pasajeros durante muchos años.

La compañía gestiona los proyectos de investigación y desarrollo valorados en cientos de millones de dólares, con 2.000 científicos e ingenieros, 300 sistemas experimentales y un programa de desarrollo en el que se ponen en funcionamiento, se prueban y examinan, e incluso se llegan a destruir, nueve motores completos durante 18 meses de intensa actividad.

Para traer nuevos productos al mercado con éxito año tras año, se requiere una estrategia de inversión sólida, independientemente del curso de la economía; un enfoque sistemático y riguroso de los procesos; y, lo más importante, excelentes equipos de profesionales.

Los equipos están formados por gente increíble, líderes en sus respectivos campos, aunque las extraordinarias mejoras tecnológicas que se han conseguido a lo largo de los años no son fruto del trabajo de ninguna persona en concreto. Son el resultado de miles de años-persona de esfuerzo y trabajo en cada una de las 18.000 piezas del motor, año tras año, componente a componente, sistema a sistema. Los grandes cambios tecnológicos no se consiguen de la noche a la mañana.

El resultado es un proceso de mejora continua. En los últimos 20 años, los motores se han mejorado en torno a un 20%; aunque no parezca muy impresionante, en realidad, supone un ahorro de combustible por valor de miles de millones de dólares en toda la flota mundial.

Por supuesto, el trabajo no acaba ahí. Aunque los pasajeros no se dan cuenta mientras están sentados viendo una película, los ingenieros de Rolls-Royce vigilan los motores, 24 horas al día, 7 días a la semana, cada día y en cada vuelo.

Un avión que vuela a cualquier parte del mundo envía informes automáticos, vía satélite, a la sala de operaciones de Rolls-Royce Service en Derby, donde nuestro equipo revisa y compara cerca de 500 mil millones de datos cada año procedentes de los motores y genera los informes correspondientes. Se analizan los datos, se extrapolan las tendencias y se detectan las posibles anomalías; a veces, sin que el propio piloto tenga constancia de ello, se preparan acciones para que, a la llegada al aeropuerto, se solucione cualquier incidencia para que el avión salga en su próximo vuelo sin retraso.

El uso de esta extraordinaria tecnología es lo que permite a los vuelos propulsados por motores Rolls-Royce ser más eficientes en cuanto al consumo de combustible, respetuosos con el medio ambiente y fiables; tanto ahora como en el futuro.

Datos técnicos:

  • El compresor delantero del motor Trent 1000 tiene un diámetro de más de 2,5 metros y absorbe hasta 1,25 toneladas de aire por segundo en el despegue.

  • El diámetro del compresor del motor es igual que el del fuselaje del avión Concorde.

  • Las palas de las turbinas de alta presión giran a 13.500 revoluciones por minuto y sus puntas alcanzan una velocidad de más de 1.900 kilómetros por hora (el doble de la velocidad del sonido).

  • En el despegue, cada una de las 66 palas de las turbinas de alta presión dentro del motor Trent 1000 genera la misma energía que un coche de Fórmula 1. Son 800 caballos por pala.

  • Las temperaturas que se alcanzan dentro de las partes más calientes del motor son cercanas a la mitad de la temperatura de la superficie del sol.

  • A máxima potencia, el aire sale de la tobera trasera a casi 1.500 kilómetros por hora.
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