Aviación Digital, Sp.- La aviación comercial ha operado históricamente bajo el concepto de “nivel aceptable de seguridad operacional”, medido en tasas de accidentes e incidentes, matrices de riesgo y cumplimiento normativo.
Sin embargo, el II Observatorio de la Seguridad en el Transporte, impulsado por la Fundación de Profesionales por el Transporte Seguro (FPTS), desplaza el marco: la seguridad deja de ser solo un indicador técnico y se articula explícitamente como un derecho fundamental del pasajero que el sistema debe proteger de forma proactiva y permanente. Esta lectura, alineada con las orientaciones de la OACI sobre protección de los usuarios y con el enfoque de EASA en seguridad basada en el rendimiento, obliga a revisar cómo se diseñan las políticas, se integran los datos y se dota de recursos a los profesionales de la operación.
Tráfico en crecimiento: más operaciones, más exposición y más datos
El Observatorio pone de relieve que el volumen de operaciones de transporte de pasajeros está creciendo de forma sostenida, con un aumento del 4,8% de las operaciones aéreas en España entre enero y octubre de 2025 y una previsión de crecimiento interanual del 3,8% a nivel global hasta 2044 según IATA. Este incremento multiplica la exposición al riesgo operativo y tensiona la capacidad de los sistemas ATC, las infraestructuras aeroportuarias y las cadenas de mantenimiento para absorber picos de demanda sin degradar los márgenes de seguridad.
En paralelo, el ferroviario ha duplicado prácticamente el volumen de viajeros mensuales de alta velocidad con la entrada de nuevos operadores, lo que ilustra una transición hacia un entorno de transporte multimodal de alta densidad donde la aviación compite pero también comparte riesgos sistémicos (capacidad, congestión, interfaces intermodales). Para las aerolíneas y proveedores de servicios de navegación aérea, el mensaje es nítido: el derecho fundamental a la seguridad exigirá demostrar, con datos y métricas transparentes, que la expansión del negocio no erosiona el nivel real de seguridad percibida y experimentada por los pasajeros.
Cultura de notificación y “cultura justa”: el eslabón crítico
Uno de los datos más relevantes expuestos es el aumento de las notificaciones registradas por AESA: 57.000 reportes en 2024, un 7,8% más que en 2023, con cerca de 44.000 sucesos, lo que supone un incremento del 11,8%. Este crecimiento se asocia, por un lado, al mayor volumen de operaciones, pero también a un refuerzo de la cultura de notificación, en línea con las recomendaciones de OACI y EASA para fomentar sistemas de reporte no punitivos que alimenten el Safety Management System (SMS) de forma continua.
Mientras la aviación ha madurado en esta cultura, el Observatorio señala que el sector ferroviario aún carece de un sistema estructurado de reportes y de una cultura justa consolidada, lo que evidencia un desequilibrio multimodal. Para la aviación, este contraste refuerza el valor estratégico de mantener sistemas de reporte confidenciales, independientes y protegidos, que permitan transformar incidentes y “sucesos menores” en inteligencia de seguridad y aprendizaje organizativo antes de que se conviertan en accidentes graves.

Inteligencia Artificial: de la predicción al gobierno ético de la decisión
Los ponentes destacaron el potencial de la Inteligencia Artificial (IA) para optimizar sistemas, generar nuevas capacidades y facilitar la toma de decisiones, incrementando la predictibilidad y, por tanto, los niveles de seguridad. Aplicaciones concretas van desde sistemas de predicción de congestión ATC y detección temprana de riesgos operacionales hasta mantenimiento predictivo en flotas y análisis avanzado de datos de vuelo (FOQA) para identificar tendencias invisibles a los enfoques tradicionales.
Sin embargo, se subrayó que la persona debe permanecer en el centro del proceso, como responsable último de las decisiones, una posición coherente con las directrices de EASA sobre IA confiable y centrada en el humano en la aviación. Esto obliga a los operadores a diseñar arquitecturas de decisión donde los algoritmos se integren como apoyo y no como sustitutos del juicio profesional, con trazabilidad, validación continua y mecanismos claros de supervisión humana, respetando el derecho del pasajero a que su seguridad no quede íntegramente delegada en sistemas opacos.
Digitalización, ciberseguridad y resiliencia de sistemas críticos
El informe resalta que la digitalización ha emprendido un camino sin retorno y que los nuevos riesgos asociados, especialmente en ciberseguridad, se han convertido en un vector crítico para la seguridad operacional. En aviación, la convergencia entre sistemas de gestión de tráfico aéreo, plataformas de aerolíneas, mantenimiento conectado y servicios al pasajero incrementa la superficie de ataque y exige controles de seguridad “by design” en línea con los marcos reguladores europeos sobre ciberseguridad para infraestructuras críticas de transporte.
Desarrollar sistemas “no fácilmente hackeables” ya no es solo una cuestión de continuidad de negocio, sino un requisito de protección del derecho fundamental a la seguridad del pasajero, dada la posible traducción de un ciberincidente en disrupciones operativas, pérdidas de separación o degradaciones del servicio. Para ANSP, aerolíneas y aeropuertos, esto implica invertir no solo en tecnología, sino en capacitación específica de las plantillas, simulación de escenarios de cibercrisis y coordinación estrecha con autoridades de ciberseguridad y aviación civil.
Fenómenos meteorológicos extremos y servicio meteorológico integrado
El cambio climático se traduce en fenómenos meteorológicos extremos cada vez más frecuentes, como DANAs, sequías e incendios, con impacto directo en el transporte y, de forma muy particular, en la aviación. Las operaciones se enfrentan a episodios más frecuentes de turbulencia, vientos cruzados, tormentas convectivas y cierres temporales de aeropuertos, lo que tensiona los márgenes operacionales y los planes de contingencia.
En este contexto, el Observatorio resalta la importancia de contar con un servicio eficaz de asesoramiento e información meteorológica que se integre con los sistemas de gestión del transporte, facilitando la toma de decisiones tácticas y estratégicas. Para los operadores aéreos, esto supone profundizar en la integración de los servicios de meteorología aeronáutica (como los de AEMET) con los sistemas de planificación de vuelo, herramientas ATC y modelos de predicción, de forma coherente con los requisitos de OACI Anexo 3 y los reglamentos de EASA sobre servicios de navegación aérea.
Profesionales como última barrera y gobernanza multimodal de la seguridad
El Observatorio congregó a una amplia representación de profesionales del ámbito aeronáutico (AESA, APROCTA, ENAIRE, ALA, Iberia, Indra), ferroviario (ADIF, Renfe, maquinistas de alta velocidad) y marítimo (COMME, Ministerio de Transportes), así como especialistas en meteorología de AEMET. Esta composición refuerza la idea de una seguridad del transporte concebida de forma multimodal, donde lecciones aprendidas, metodologías de análisis de riesgo y mejores prácticas pueden migrar entre modos, elevando el estándar común.
En la clausura, el secretario general de Transportes Aéreo y Marítimo, Benito Núñez, defendió la necesidad de convertir sucesos e incidentes en oportunidades de mejora, transformando el transporte en un modelo de excelencia en seguridad. La FPTS, formada por COMME, SEMAF, SEPLA y USCA, agrupa a unos 17.000 profesionales y se posiciona como un actor clave para consolidar esa gobernanza, poniendo en valor la experiencia operativa como pilar del derecho del pasajero a un transporte seguro.
El planteamiento de la seguridad como derecho fundamental del pasajero desplaza el foco desde el mero cumplimiento normativo hacia un modelo de liderazgo en seguridad, donde los operadores que mejor gestionen datos, cultura de notificación, IA, ciberseguridad y resiliencia climática se diferenciarán en el mercado. Para la aviación española, la cuestión estratégica ya no es solo cómo mantener niveles de seguridad aceptables en un entorno de crecimiento, sino cómo traducir ese derecho del pasajero en compromisos medibles, auditables y comunicables que refuercen la confianza del público y el posicionamiento internacional del sistema.
La reflexión que queda abierta para los profesionales del sector es clara: ¿están los actuales SMS, marcos de gobernanza y modelos de negocio preparados para tratar la seguridad no solo como obligación regulatoria, sino como un derecho exigible que condicionará licencias, inversiones y reputación en la próxima década de expansión del transporte aéreo?






